lunes, 29 de noviembre de 2010

LOS MONARCAS VINCULADOS A LAS ÓRDENES BRITÁNICAS (II)

JACOBO II Y LA ORDEN DEL CARDO

Jacobo II de Inglaterra y VII de Escocia, nació en el Palacio de Saint James de Londres el 14 de octubre de 1633, siendo el tercer hijo varón, pero segundo superviviente, de Carlos I de Inglaterra y de Enriqueta María de Francia . Como segundo hijo del soberano inglés, desde el momento mismo de su nacimiento fue creado Duque de York, siendo investido formalmente en 1644. Durante la Guerra Civil Inglesa, en la cual su padre se enfrentó con las fuerzas del Parlamento, él permaneció en la ciudad de Oxford, entonces una plaza fuerte de los realistas.

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Al capitular la ciudad en 1646, se confinó al duque de York en el Palacio de St. James bajo vigilancia parlamentaria. Pese a ello, Jacobo logró escapar del palacio en 1648 y llegar a La Haya disfrazado. Cuando Carlos I fue ejecutado por los rebeldes en 1649 y los realistas proclamaron a su hermano mayor como rey, con el nombre de Carlos II. El nuevo monarca fue coronado en Scone (Escocia) en 1651 pero no pudo afianzarse en el trono por lo que tuvo que huir a Francia donde encontró refugio junto a su hermano. El joven Duque de York sirvió en el ejército francés bajo el mando del Vizconde de Turena.
A la muerte de Oliver Cromwell acaecida en 1660, Carlos II fue restaurado en el trono inglés, y el duque de York volvía a Inglaterra con él. Aunque Jacobo era el presunto heredero de la corona, parecía inverosímil que el duque de York heredara realmente el trono, ya que Carlos era un hombre joven capaz de engendrar hijos.
El 3 de septiembre de 1660, el duque de York (que acaba de recibir el título de duque de Albany en Escocia), se casó con Ana Hyde, hija del Primer Ministro de Carlos II.
El 31 de diciembre de ese mismo año, es creado Duque de Normandía por el Rey Luis XIV, siendo el último soberano británico en ostentar este título.

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Jacobo fue designado Gran Lord Almirante y como tal comandó la Royal Navy durante la Segunda (1665-1667) y Tercera Guerra Anglo-Holandesa (1672-1674). Después de su captura por los ingleses en 1664, el territorio holandés de Nuevos Países Bajos fue rebautizado en su honor como Nueva York, al igual que la ciudad de Nueva Amsterdam. Fort Orange fue llamada Albany también en su honor. El duque de York
El duque de York abrazó la religión católica en 1668, lo que provocó que sus enemigos protestantes en el Parlamento, aprobaran el llamado "Acto de Prueba", por el cual se obligaba a todos los funcionarios civiles y militares a prestar un juramento en el que debían rechazar no solamente la doctrina de la transustanciación sino también denunciar ciertas prácticas de la Iglesia Católica como "supersticiosas e idólatras", además de recibir la comunión de manos de la Iglesia de Inglaterra. Jacobo prefirió rechazar realizar tales acciones, renunciando a su cargo de Gran Lord Almirante.
Su hermano, el rey Carlos II, se opuso la conversión al catolicismo de su hermano, ordenando que se criara a sus dos sobrinas supervivientes, María y Ana, como protestantes. Sin perjuicio de ello permitió que Jacobo, viudo desde 1671, se casara nuevamente con la princesa católica María de Módena, lo que no evitó la desconfianza hacia la nueva duquesa de York por parte de los anglicanos, acusándola de ser una agente del Papa.

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En 1677, el duque de York procuró apaciguar los ánimos permitiendo que su hija María se casara con el príncipe protestante, Guillermo III de Orange (quién era también su sobrino). A pesar de la concesión, los miedos de un monarca católico persistieron, intensificándose por los embarazos fallidos de la esposa de Carlos II, Catalina de Portugal. Un fanático clérigo anglicano, Titus Oates, acusó falsamente a Jacobo y otros nobles de promover un complot papista que tendría como objetivo asesinar al rey Carlos II y poner a Jacobo en el trono. El complot creó una histérica reacción anti católica en todo el reino por lo que Jacobo decidió prudentemente salir de Inglaterra rumbo a Bruselas. En 1680 fue designado Alto Lord Comisionado de Escocia y tomó como residencia el Palacio de Holyrood de Edimburgo.
En Inglaterra, se hacen tentativas de parte de Lord Shaftesbury y otros para excluir al duque de York de la línea de la sucesión. Algunos incluso propusieron que la corona pasara al hijo ilegítimo de Carlos II, Jacobo Scott. Cuando en 1679 la "Ley de Exclusión" estaba a punto de ser sancionada, Carlos II decidió disolver el Parlamento. La crisis de la Ley de Exclusión contribuyó al desarrollo del sistema político bipartidista inglés; los Whigs eran los promotores de la Ley, mientras que los Tories eran sus opositores.
Después de la disolución del Parlamento de 1681, no se llamó a otros. Carlos, cuya popularidad era muy alta en ese entonces, permitió que el duque de York volviera a Inglaterra en 1682. El Complot de Rye House de 1683, una conspiración protestante que tenía como consigna asesinar a Carlos y al duque de York, fracasó completamente, pero sirvió para aumentar la simpatía popular hacia el Rey y su hermano. El propio Jacobo en el líder del partido Tory y su hermano, Carlos II, lo restauró en el puesto de Gran Lord Almirante en 1684.
Carlos II muere sin descendientes legítimos el 6 de febrero de 1685, convirtiéndose al catolicismo romano en su lecho de muerte.
Así, Jacobo, Duque de York, subía al trono ingés con el nombre de Jacobo II, Rey de Inglaterra e Irlanda y en Escocia con el de Jacobo VII. Fue coronado en la Abadía de Westminster el 23 de abril de 1685 aunque un día antes había sido coronado junto a su esposa, la cual no pudo asistir a la ceremonia "oficial" por su religión, según los ritos católicos en el Palacio de Whitehall. 
En un comienzo no hubo mucha oposición abierta al nuevo soberano y muchos conservadores anglicanos incluso lo apoyaron. El nuevo Parlamento que abrió en mayo de 1685 parecía favorable a Jacobo, acordando concederle una generosa renta.
Jacobo tuvo que hacer frente a la Rebelión de Monmouth conducida por el hijo ilegítimo de Carlos II, el duque de Monmouth. Jacobo Scott se autoproclamó rey el 20 de junio de 1685, pero fue derrotado en la Batalla de Sedgemoor y ejecutado en la Torre de Londres. A pesar de la escasa ayuda popular a Monmouth, Jacobo comenzó a desconfiar de sus súbditos.
Sus jueces, el más notable de los cuales fue Jorge Jeffreys, apodado el "Juez Ahorcador", castigaron a los rebeldes de manera brutal. Los llamados "Juicios Sangrientos" de Jeffreys hicieron que el público viera a su rey como un gobernante cruel y bárbaro. Para protegerse contra otras rebeliones, Jacobo intentó establecer a un gran y poderoso ejército. Al poner a católicos romanos a cargo de varios regimientos se buscó un conflicto con el Parlamento.
La tensión religiosa se intensificó en 1686 cuando Jacobo II logró que se otorgaran dispensas a las restricciones religiosas impuestas por el Acto de Prueba. Aprovechándose del poder que esta dispensa le otorgaba, Jacobo permitió, causando una gran polémica, que algunos católicos romanos ocuparan los cargos más altos del reino. Él recibió en su corte al Nuncio del Papa Ferdinando d'Adda, el primer representante de Roma en Londres desde el reinado de María. El confesor del rey,  el jesuita Eduardo Petre, era objeto especial de la ira de los protestantes. Estas políticas hicieron que el rey perdiera la ayuda de sus antiguos aliados, los Tories.
Jacobo entonces pidió la suspensión de Enrique Compton, el anticatólico Obispo de Londres, mientras que otros anglicanos en cargos políticos fueron despedidos. En la Declaración de Indulgencia de 1687, Jacobo suspendió las leyes que castigaban los católicos romanos y otros disidentes religiosos. También disolvió definitivamente el Parlamento en 1687, tras reformar el gobierno para reducir en poder de la nobleza.
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El 29 de mayo de 1687, Jacobo II creó la Orden del Cardo para Escocia, Reino en el que había residido entre 1680 y 1682 como Lord Alto Comisionado y al que los Estuardo están estrechamente vinculados.
En abril de 1688, Jacobo II reeditó la Declaración de Indulgencia, ordenando posteriormente a los clérigos anglicanos a leerla en sus iglesias. Cuando el Arzobispo de Canterbury Guillermo Sancroft y otros seis obispos enviaron una petición que solicitaba la reconsideración de las políticas religiosas del rey, fueron arrestados y enjuiciados bajo el cargo de sedición, aunque finalmente fueron absueltos. La alarma pública aumentó cuando la reina María daba a luz a un hijo varón y heredero de la corona, Jacobo Francisco Eduardo el 10 de junio de 1688.

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 Amenazados por el establecimiento de una dinastía católica en Inglaterra, varios protestantes influyentes entraron en negociaciones con Guillermo III, Príncipe de Orange, yerno de Jacobo. Guillermo era tenido como el campeón del protestantismo, luchando contra el rey Luis XIV de Francia, el más poderoso monarca católico de Europa.
El 30 de junio de1688, el mismo día los siete obispos eran absueltos, un grupo de nobles protestantes, conocido como los Siete Inmortales, solicitaron al príncipe de Orange venir a Inglaterra con un ejército. En septiembre estaba claro que Guillermo intentaría invadir el país y aun así, Jacobo cometió el error de rechazar la ayuda de Luis XIV, temiendo que los ingleses se opondrían a la intervención francesa. Jacobo además creyó que su propio ejército sería suficiente. Cuando Guillermo de Orange llegó a Inglaterra el 5 de noviembre de 1688, todos los oficiales protestantes del rey desertaron. Su propia hija Ana se unió a las fuerzas invasoras, provocando una gran angustia al rey. El 10 de diciembre la reina María logró huir a Francia llevando consigo a su único hijo superviviente, Jacobo, de apenas 6 meses de edad. Al día siguiente Jacobo procuró también huir a Francia, lanzando antes el Gran Sello del Reino al Támesis. No teniendo ningún deseo de hacer de Jacobo un mártir de la causa católica, el príncipe de Orange lo dejó escapar el 23 de diciembre de 1688. Jacobo II fue recibido por Luis XIV, que le ofreció un palacio y una abundante pensión.

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Cuando Jacobo huyó del reino el Parlamento no se encontraba reunido. Aunque éste podría ser llamado por el monarca reinante, el Príncipe de Orange convocó a una irregular "Convención Parlamentaria", teniendo presente que éste procedimiento había sido utilizado previamente cuando la sucesión al trono era confusa (por ejemplo fue una Convención Parlamentaria la que restauró a Carlos II en el trono después de la Guerra Civil). La Convención declaró que la huída de Jacobo constituía una abdicación de hecho, y que el trono estaba quedado vacante. Pese a esto, en lugar de establecer la sucesión en el hijo varón de Jacobo II, su hija mayor, María, fue proclamada reina conjuntamente con su esposo Guillermo III. Escocia decidió reconocer a los nuevos soberanos el 11 de abril de 1689.
Guillermo y María concedieron a la nobleza inglesa un pacto que es conocido con el nombre de Bill of Rights. Ésta acta confirmó la Declaración de Derechos por la cual la Convención había declarado que la fuga de Jacobo constituyó una abdicación y que Guillermo y María eran Rey y Reina.



El Acta de Derechos también acusó a Jacobo II de abuso de poder, criticó la suspensión del Acta de Prueba, del procesamiento de los Siete Obispos, del establecimiento de un ejército regular y de la imposición de castigos crueles. El Acta además resolvió la cuestión de la sucesión a la corona. Estableció que primero en la línea de la sucesión estaban los hijos de Guillermo y María (si llegaban a tenerlos), seguidos por la princesa Ana y sus descendientes, y finalmente por los hijos de Guillermo en cualquier matrimonio posterior.
Con un ejército francés bajo su mando, Jacobo II invadió Irlanda en marzo de 1689. El Parlamento Irlandés a diferencia del inglés; declaró que Jacobo seguía siendo rey. Pese a esto Jacobo II fue derrotado en la Batalla del Boyne el 1 de julio de 1690, lo que lo obligó a huir nuevamente a Francia después de la derrota definitiva que sufriera en la comarca de Kinsale.

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En Francia a Jacobo le fue permitido vivir en el Palacio Real de Saint Germain en Laye. Una tentativa fallida fue realizada con el fin de restaurarlo en el trono asesinando a Guillermo III en 1696. La oferta que le hizo Luis XIV para convertirlo en rey de Polonia ese mismo año fue rechazada porque Jacobo temió que la aceptación de la corona polaca (en la mentes de los ingleses) lo incapacitaba para volver a ser rey de Inglaterra. A partir de entonces Luis XIV dejó de ofrecerle ayuda; formalizando esta decisión por el Tratado de Ryswick (1697), con el que llegaba a un acuerdo con Guillermo III. Pese a todo el monarca francés, de la manera más inesperada, continuó dándole todo su apoyo, llegando a decirle en privado que el Tratado de Ryswick era, en pocas palabras, nada más que un mero reconocimiento formal. Durante sus últimos años, Jacobo vivió austeramente, y con grandes muestras de devoción.
Murió el 16 de septiembre de 1701 en el Palacio Real de Saint Germain en Laye, a los 67 años de edad, siendo sepultado en la Capilla de los Benedictinos Ingleses de San Edmundo en París. Actualmente su mausoleo está en la catedral de Saint-Germain-en-Laye, frente al castillo donde falleció. Dos placas en el ala este del edificio perpetúan su memoria.

Fue el último monarca católico en reinar sobre lo que sería el Reino Unido. Algunos de sus súbditos sintieron gran desconfianza por sus políticas religiosas y alegaron que había caído en el despotismo, provocando la Revolución Gloriosa de 1688. Jacobo II, además, fue el último soberano de Escocia en utilizar el título de Rey de los Escoceses, que había sido utilizado desde la unificación del reino en el año 843. Sus herederos pretendientes al trono tomaron el nombre de Jacobitas y durante muchos años pelearon, sin lograrla, por la restauración dinástica.
Los últimos miembros reinantes de los Estuardo fueron las hijas anglicanas de Jacobo II, María II, que reinó entre 1688 y 1694

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 y su hermana Ana, que reinó entre 1702 y 1714.

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Tras su fallecimiento sin herederos fue llamada a reinar la Casa de Hannover en la persona de Jorge I.

Archivo:Coat of Arms of England (1660-1689).svg

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