lunes, 19 de marzo de 2012

CRÓNICA DE LOS ACTOS DE LA ORDEN DE SAN LÁZARO Y DEL REAL COLEGIO NOBILIÁRQUICO EN OPORTO

Con gran alegría recibimos hoy la visita de nuestro maestro y gran amigo, Don José María de Montells y Galán, a quien le agradecemos vivamente esta exclusiva sobre los acontecimientos vividos en la ciudad de Oporto. Un texto brillante y unas magníficas fotografías, como tendrán la oportunidad de comprobar. Todo un regalo para "Salón del Trono", sus amigos y sus seguidores.


UNA CRÓNICA PERSONAL DE LA INVESTIDURA DE LA ORDEN DE SAN LÁZARO EN OPORTO
Por José María de Montells

Me pregunta un amigo qué hacía yo el pasado fin de semana (los días 9, 10 y 11) en Oporto. No es ningún secreto. Había acudido junto a mi mujer a una investidura del Gran Priorato hermano, invitado por el Gran Prior de Portugal, mi amigo el Mayor Silva Duarte, a quien mi hija Berta ha pintado en un retrato admirable, que no resisto la tentación de publicar.


Magnífico retrato del Mayor Silva Duarte, obra de la pintora Berta de Montells



 El Mayor es una cajita de sorpresas: lo mismo te presenta a un príncipe hindú que a un empresario sudafricano. Es, desde luego, un lujo para los que le conocemos, un excelente amigo, un tipo admirable que se mueve por todo el mundo con pasmosa facilidad.
He hecho de todo. He representado al Gran Maestre en la ceremonia. He dado una conferencia sobre la Milicia lazarista.


El Dr. de Montells (derecha) en un momento de su intervención. En el centro don Nuno Pinto Leite, Presidente del Real Colegio Nobiliárquico y Juez de Armas del Gran Priorato de Portugal de la Orden de San Lázaro, y a la izquierda S.A.I.R. el príncipe Osman Rifat Ibrahim .


 He conocido nuevos amigos y me he reencontrado con otros entrañables. He conversado largamente tanto con los unos como con los otros. He degustado platos de la cocina portuguesa que no conocía. Me he traído algunos regalos formidables e incluso encontré una brocha de afeitar que me había encargado mi hijo Rafael, que está hecho un diletante del afeitado clásico y colecciona marcas superferolíticas. Para un no iniciado que luce barba desde los diecisiete años, la empresa no era fácil. Debía ser una brocha de la Antiga Barbearia de Bairro, de pelo de cerda. Conté con la ayuda de mi amigo, Adriao Gonçalvez que, mientras visitábamos el majestuoso Palacio de la Bolsa de la ciudad portuense, se tomó la molestia de localizar en una tienda de la ribera del Duero, la dichosa brocha.

 
Yo había visitado Oporto hace unos quince años y la he encontrado tal cual. Me aseguran que ha cambiado mucho, para bien. Por lo visto algo ha tenido que ver en la transformación, la gestión de alcalde, don Rui Fernando da Silva Rio  que nos recibió en audiencia y aceptó de  muy buen grado la Medalla de Mérito del Gran Priorato. Hizo la entrega mi amigo Silva Duarte. El edil tuvo palabras de salutación a los allí congregados, entre los que se encontraban nada menos que S.A.R. el Infante don Miguel de Braganza, duque de Viseu, S.A.I.R. el Archiduque don Andrés Salvador de Habsburgo Lorena, S.A.I.R. el príncipe Osman Rifat Ibrahim y el arquitecto don Nuno Pinto Leite, Presidente del Real Colegio Nobiliarquico y Juez de Armas del Gran Priorato.


Audiencia con el Alcade de Oporto: de izquierda a derecha: S.E. don Ulisses Rolim, S.A.I.R. el Príncipe Osmán Rifat Ibrahim, S.A.R. el Infante Dom Miguel de Bragança, S.E. don Rui Fernando da Silva Rio, Alcalde de la ciudad de Oporto; S.A.I.R. el Archiduque don Andrés Salvador de Habsburgo Lorena, don Nuno Pinto Leite, Presidente del Real Colegio Nobiliarquico y Juez de Armas del Gran Priorato de Portugal de la Orden de San Lázaro; S.E. don José María de Montells y Galán y S.E. el Mayor Silva Duarte.

La visita al Presidente la Cámara Municipal me permitió conocer por dentro el edificio del Ayuntamiento de Oporto que es ciertamente notable. La audiencia transcurrió en una amplia sala bajo un lienzo de la reina Maria II da Gloria que me impresionó grandemente.
Después, trasladados al Museo Romántico, se desarrolló una sesión académica en la que se presentó el Libro de los Registros de Nobleza del Real Colegio a cargo de su Presidente, don Nuno Pinto Leite, obra interesantísima que viene a llenar un vacío sobre los nuevos títulos nobiliarios concedidos por Casas o Dinastías Reales no reinantes y del que me traído algunos ejemplares para los amigos de aquí. Ya solo por esta obra, el viaje merecía la pena.





Completó aquella jornada del día 9, una disertación del príncipe Osman Rifat Ibrahim sobre el Imperio Otomano y una conferencia sobre el Hospital de San Lázaro de Jerusalén, a mi cargo. A su término, me cupo la satisfacción de recibir del Infante don Miguel, una muestra de su aquiescencia con lo dicho por mí, a propósito del duque de Sevilla y del marqués de Almazán. El Infante se declara firme partidario de las iniciativas caritativas del lazarismo. No hay que decir que a ambos Grandes Maestres del Hospital les puse por las nubes, aprovechando que no se hallaban presentes.
Al día siguiente, por la mañana y en el mismo escenario, tuve el placer de escuchar las ponencias de mis amigos Vitor Escudero, magistral, como todas las suyas y de Antonio de Sousa Lara, Gran Prior Emérito de Portugal, con el que tanto quiero y al que admiro desde hace ya largo tiempo. Una ventaja, sin duda, de la edad provecta.
Se me olvidaba añadir que el Museo Romántico está instalado en la Quinta de Macierinha, que sirvió de residencia al rey Carlos Alberto de Cerdeña tras haber estado exiliado después de su abdicación. Es la recreación de una casa burguesa del XIX con muebles y ornamentos muy significativos. Los jardines son una delicia. Ulisses Rolim, poeta y hermano, me confía que estas florestas sirvieron de inspiración para un libro suyo que tuve la osadía de prologar, a petición suya, que todo hay que decirlo.


S.A.I.R. don Andrés Salvador de Habsburgo Lorena, Archiduque de Austria (Izquierda), junto a Don Nuno Pinto Leite, Presidente del Real Colegio Nobiliárquico y Juez de Armas del Gran Priorato de Portugal de la Orden de San Lázaro de Jerusalén



Ya por la tarde del día 10, en el maravilloso marco de la Iglesia del Carmen, se desarrolló la ceremonia de investidura de nuevos caballeros y damas del Hospital de los pobres leprosos. La iglesia, de estilo rococó, se construyó en granito a mediados del siglo XVIII, según proyecto de José Figueiredo Seixas, tiene dos fachadas:
-La principal de tres alturas con una gran decoración, tanto de elementos vegetales, como con ventanas y nichos (en los que se hallan las imágenes de San Elías y San Eliseo); está coronada por una cruz y las estatuas de los Evangelistas.
-La fachada lateral está toda recubierta con azulejos de tonos azulados que representan la imposición del escapulario en el Monte Carmelo. De una sola nave. En el interior hay varios retablos rococós de talla dorada, realizados por Francisco Pereira Campanhã en el siglo XVIII. En ellos se representan temas de la Pasión: El Señor de los Pasos, el Ecce Homo, el Señor Coronado, el Señor Preso y el Señor Muerto. Un escenario imponente.
La misa fue oficiada por el Obispo Emérito de Sao Tomé e Príncipe y Gran Prior espiritual del Gran Priorato de  Portugal, don Abilio Rodas de Sousa Ribas, en presencia de Sus Altezas y caballeros lazaristas, don Miguel de Braganza y don Andrés Salvador de Habsburgo-Lorena. El Obispo es un hombre santo, un hombre de Dios. Hay un especial sosiego en todo lo que hace que transmite espiritualidad. En estos tiempos atribulados, don Abilio es, creo yo, el pastor indicado.


S.E.R. don Abilio Rodas de Sousa Ribas, Obispo Emérito de Sao Tomé e Príncipe y Gran Prior espiritual del Gran Priorato de  Portugal

Los neófitos fueron investidos caballeros y damas de la orden, por el Gran Prior, el Mayor Silva Duarte, actuando de maestro de ceremonias, el Juez de Armas, arquitecto don Nuno Pinto Leite. La caballería se hace con hombres de carne y hueso. Si hay hombres superiores, la orden de caballería se engrandece. Me da a mí que con estos hombres, la orden en Portugal está próxima a la excelencia, para mayor gloria de Dios y de San Lázaro.


Cruzamiento del Caballero don Adriao Gonçalves


La investidura tuvo como brillante colofón una cena de gala a la que asistieron más de doscientas personas en el Palacio de las Cardosas, a cuyos postres, tomaron la palabra el sr. Pinto Leite en nombre del Real Colegio y el Sr. Silva Duarte, en nombre de la Orden. La noche se cerró con un baile de gala. Lo pasamos muy bien.


Un momento de la solemne ceremonia de Investidura en la Iglesia del Carmen de la ciudad de Oporto


No sería honrado por mi parte, terminar esta crónica, sin referirme, siquiera someramente, a algunas delicias gastronómicas que, gracias al matrimonio Pinto Leite, hospitalario y generoso, tuve la oportunidad de descubrir. La palma se la lleva las tripas a moda do Porto. Acontece que nunca las había probado. Son, claro está, nuestros callos. Yo soy devoto de los callos a la madrileña, pero estos al portuense modo nada tienen que envidiar a los nuestros. Se cocinan con alubias y se aderezan con cominos. Son menos contundentes que los madrileños pero están de chuparse los dedos sin vergüenza alguna. Me dicen que a los originarios de Oporto se les llama tripeiros por su afición al plato. No me extraña nada. Yo me he declarado tripero desde mi mocedad más tierna. Una leyenda cuenta que la ciudad del Duero se aficionó a las tripas, porque entregó toda la carne de la que disponía a don Enrique el Navegante como contribución a la conquista de Ceuta, hoy ciudad española, nunca marroquí.
No va a la zaga de los callos, la grata sorpresa de la lamprea, con la que me obsequiaron el domingo 11. Las Hyperoatias (su nombre más propio) portuguesas se pescan en Monçao y Valença do Minho. Es animal tan primitivo y pretérito que ya los romanos las apreciaban como un bocado exquisito. Efectivamente, lo es o a mí me lo parece.
«Cayo Hirio prestó de su piscina, solamente para las cenas triunfales del César, seis mil lampreas, que no quiso vender ni cambiar por ninguna otra mercancía», dijo Plinio.
Venía una legión cerca del río y a los fieros latinos se les hacía la boca agua. Una lamprea en la escudilla y un buen vino en la copa de tallado peltre, es una muy piadosa recompensa para el guerrero. Y también una razón más para amar la vida, tal como nos ha sido dada por Nuestro Señor. Me la sirvieron con arroz y creí adivinar en su manduca, una pizca de nuez moscada, pimienta y canela. Lo dicho, un plato digno de los emperadores antiguos.

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