lunes, 12 de noviembre de 2012

SOBRE LA ACADEMIA BELGO-ESPAÑOLA DE LA HISTORIA



Sobre la Academia Belgo-Española de la Historia

Por José María de Montells

Con motivo de la presentación de El diccionario del diablo, mi último libro, un conocido, de cuyo nombre no quiero acordarme, muy malintencionado, me ha preguntado si la Academia Belgo-Española de la Historia, era uno de los muchos inventos del marqués de la Floresta. No cabe mayor ignorancia y estolidez, máxime cuando uno de los muchos inventos de mi amigo Alfonso Ceballos-Escalera, ha sido y es la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía que pasa por ser el no va más de la excelencia y el prestigio científico. Creo yo que buena parte de ese pretendido prestigio de la Matritense, se labró, mal que les pese a algunos, bajo la presidencia de Floresta, que fue quien impulsó y dio contenido a esa corporación, a cuyo elenco pertenecí desde casi su fundación, hasta que presenté mi renuncia, por algunos desencuentros con la Mesa Directiva. Visto lo visto, no pasa un día, sin que me alegre de aquella decisión.
Sin embargo, la Academia Belgo-Española no se debe a la iniciativa del marqués de la Floresta. La dicha Academia es una docta institución nacida en Bruselas, en 1953, (cuando todavía no había nacido Alfonso Floresta) bajo la iniciativa de algunos historiadores belgas que pretendían investigar y divulgar las íntimas relaciones que en el pasado vincularon a los Países Bajos con la Corona de España.

El periodista e historiador Pierre Houart, 3º Presidente de la Academia belgo-Española de la Historia

Fue su primer presidente (1953-1979), Fortuné Koller, ilustre hispanista belga, a quien se debe un muy minucioso estudio sobre los oficiales de la Orden del Toisón de Oro, entre otras obras de gran calado. Le sucedió en 1979, Robert Wellens, jefe de sección en los Archivos del Reino de Bélgica, siendo sustituido al poco por Pierre Houart (1979-1991), periodista e historiador del Centro Europeo de Estudios Borgoñones y Presidente de la Fundación del Toisón de Oro, que patrocinó la Década del Toisón (2001-2010), evento cultural cuyo objetivo era resaltar el patrimonio común de las grandes ciudades europeas. Houart publicó en 2006, junto a Maxime Benoit-Jeannin, una Historia del Toisón, que constituye una brillantísima aportación al estudio de esta orden de caballería tan ligada a Flandes y a España.


La magnífica Historia del Toisón de Oro, de Pierre Houart y Maxime Benoit-Jeannin

Sucedió a Houart al frente de la institución, el recientemente fallecido Manuel Fraga Iribarne, quien dio paso enseguida a la presidencia de Luis Cervera Vera, arquitecto e historiador de gran relieve intelectual, para asumir la Presidencia de Honor que ha ejercido hasta su muerte.


Don Manuel Fraga Iribarne (q.e.p.d.), fue también Presidente de la Academia Belgo-Española de la Historia

Conviene resaltar aquí el papel desempeñado por mi querido y admirado Juan Van-Halen que, como secretario general de la Academia, promovió el traslado a Madrid de los trabajos y objetivos corporativos. Van-Halen nunca olvida sus orígenes familiares flamencos y está siempre al servicio de las iniciativas que exalten los valores culturales de ambas naciones.
Fue Van-Halen, junto al poeta ya fallecido Jaime Delgado, quienes avalaron mi candidatura como académico de número en el año del pum, ocupando en la actualidad el sillón nº 6. Me une a la Belgo-Española, no sólo mi interés por estos temas, sino la circunstancia sentimental de seguir una tradición familiar,
pues mi padre, don José de Montells y Gimeno (1921-1997), fue correspondiente desde 1989 hasta el año de su fallecimiento. Durante este período fueron miembros de la Academia, ilustres personalidades de ambos países como el Príncipe de Ligne o don Gregorio Marañón Moya, marqués de Marañón, por tan sólo poner dos ejemplos. Actualmente, son numerarios entre otros, don Gabriel Elorriaga, don Fernando del Arco, don Jesús Sancho Rof, don Carlos Murciano, don José Antonio Dávila, el marqués de Casa Real o el duque de Fernández-Miranda.
A la muerte de Cervera Vera, en 1999, sucedió un interregno, hasta la elección como Presidente, de Alfonso Ceballos-Escalera, marqués de la Floresta y vizconde de Ayala, en 2001. Me consta, porque participé en ello, que Floresta fue elegido, entre otras cosas, por su decisiva contribución al conocimiento de la Orden del Toisón de Oro en su obra La Insigne Orden del Toisón de Oro, publicada en 1996. Es de subrayar que los estudios sobre la Amigable Compañía se prodigan mucho entre los académicos y es tema muy querido por la propia Academia. 

Acto de la Academia Belgo-Española de la Historia (año 2006)

Una vez aceptado el cargo, el marqués de la Floresta dejó su impronta personal en los quehaceres corporativos, impulsando la publicación del Estado académico, y la revista científica Anales del Cincuentenario, promoviendo la participación institucional en Congresos y Encuentros Internacionales y desarrollando, en fin, una ingente labor cultural en beneficio de España y Bélgica. Verdaderamente, Floresta ha inspirado los innumerables los actos públicos celebrados por la Academia, significativamente los que conmemoraron el Cincuentenario de su fundación. No esta nada mal para una corporación privada que no recibe un céntimo de subvención y que se financia con sus propios y escasos recursos. 
He de añadir, porque es de justicia hacerlo, que ha sido Alfonso Floresta quien desde el primer momento acogió como propio, mi proyecto de escribir un Diccionario del Diablo, arropándolo con el patrocinio de la Academia y organizando la reciente presentación del libro en la madrileña Torre de los Lujanes. Y también añadiré a título de curiosidad que los que participamos en ella, nos lo pasamos pipa haciéndolo, como así lo atestigua la foto que acompaña estas líneas.


Don Luis Alberto de Cuenca (izqda.) y el autor del este artículo

Así que, en honor a la verdad y por contestar al malévolo del principio, la Academia Belgo-Española de la Historia no es un invento del marqués de la Floresta (aunque nada pasaría si lo fuera) sino que es una benemérita entidad compuesta de un buen número de insignes ejecutorias personales que con sus obras y actividades contribuyen a rescatar del olvido la rica historia común de dos naciones hermanadas por la historia.  

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