martes, 28 de enero de 2014

EL ALMIRANTE ALEKXANDR KOLCHAK (III)

Archivo:. Kolchak (blason) jpg
Armas del Gobierno Ruso del Almirante Kolchak
Diseño: Metallion Guy de Rambaud
El 28 de abril de 1919, Mijail Frunze atacó el flanco izquierdo de Janzhin, tomó tras dos días Buguruslán y amenazó con rodear la vanguardia del Ejército Occidental. Gracias a la deserción del comandante de la 25.ª División soviética, las unidades de aquél pudieron retirarse ordenadamente a las posiciones que habían alcanzado a mediados de mayo.
Más al norte, infantes soviéticos tomaban Chístopol el 4 de mayo y cerraban así la brecha entre unidades del Grupo de Ejércitos.
El 15 de mayo caía Belebei y el 7 de junio la 26.ª División del 5.º Ejército soviético cruzaba el río Belaya en persecución del Ejército Occidental, que abandonó en medio del pánico Ufá, con importantes depósitos de armas y alimentos, dos días después. El intento desesperado de evitar la captura de la ciudad por los batallones selectos de Kappel, todos condecorados con la Orden de San Jorge, que cargaron a la bayoneta contra las posiciones soviéticas de Frunze, fracasó y se saldó con más de 3.000 muertos.
En el norte, sin embargo, el Ejército Siberiano de Gajda continuaba su avance y tomó Glázov a comienzos de junio. Ante la retirada del Ejército Occidental, no obstante, Gajda quedó expuesto y hubo de comenzar el repliegue; Glázov se abandonó el 13 de junio. No pudo realizar el deseado enlace con las tropas británicas que avanzaban desde Arjánguelsk. Sarapul había sido capturada por el 2.º Ejército soviético el 2 de junio. El 6 tomaba Izhevsk, que en dos semanas producía ya quinientos fusiles diarios para los soviéticos. En dos semanas, las fuerzas de Gajda habían regresado a su punto de partida, Perm.
File:Mikhail Vasilevich Frunze foto1.jpg
Mijaíl Frunze fue el encargado de realizar la contraofensiva soviética del verano de 1919
En el sur, donde el frente se había mantenido estable de marzo a mayo, unidades cosacas habían logrado atravesar las líneas del 4.º Ejército soviético avanzando hacia Nikoláyevsk, acercándose a las unidades de Piotr Wrangel que asediaban Tsaritsyn y a 40 km de Samara. Tras amenazar brevemente la retaguardia del 5.º Ejército, hubieron de retirarse, siendo exiguas para mantener las posiciones alcanzadas.
Durante el mes de mayo, la mayoría de las unidades baskires desertaron en masa a los soviéticos, aunque la primera gran deserción tuvo lugar en febrero, cuando 2.000 de ellos cambiaron de bando una vez que los soviéticos les garantizaron la formación de una nueva república autónoma y Kolchak insistió en disolver las unidades baskires e integrarlas en el Ejército siberiano.
A finales de junio, las fuerzas de Kolchak se hallaban aproximadamente donde habían comenzado la ofensiva de primavera. El Comité central bolchevique a pesar de la oposición de Trotski, que temía que Kolchak dispusiese de numerosas reservas, decidió a finales de junio y comienzos de julio continuar el avance más allá de los Urales.
El 1 de julio, durante las celebraciones de aniversario de la creación del Gobierno Provisional Siberiano, se conoció la pérdida de Perm, abandonada ese mismo día. Las derrotas del frente agudizaron el agotamiento mental y el nerviosismo de Kolchak, que durante julio y agosto se mostró extremadamente nervioso, agotado, irascible, con ataques de ira. Su aspecto físico empeoró notablemente.
Archivo: ПриказъКолчака1.JPG
Proclama de Kolchak al ejército y al pueblo ruso
El 11 de julio, los soviéticos socorrían a la guarnición de Uralsk, largo tiempo sitiada. En el frente central, el 5.º Ejército tomaba Zlatoust, localidad que controlaba el principal paso de los Urales. La ciudad había sido abandonada apresuradamente con grandes cantidades de material, que cayeron en manos de los soviéticos. En el norte, Ekaterinimburgo cayó a mediados el 14 de julio. Esta ciudad había sufrido un gran pogromo con 2.000 muertos de su escasa población judía poco antes de ser tomada por los soviéticos, símbolo del creciente nerviosismo de los partidarios de Kolchak y de su búsqueda de chivos expiatorios para sus reveses.
En diez semanas, el Ejército Rojo había avanzado cerca de 500 km en el frente norte y 600 en el centro, lo que privó a Kolchak de las minas y las fábricas de los Urales, su única base industrial. El revés militar también trajo consecuencias políticas: el reconocimiento de los Aliados al Gobierno de Omsk dejó de plantearse.
Las deficiencias organizativas y de estrategia del mando «blanco», junto con la escasa calidad de sus tropas, que comenzaron a desertar en masa ante las primeras derrotas, quedaron de manifiesto durante la contraofensiva soviética. Las deserciones para atender los campos y el gran número de bajas entre los soldados bisoños redujeron enormemente el tamaño de las fuerzas de Kolchak, que apenas alcanzaba la mitad de los 60.000 hombres de marzo dos meses más tarde. Los intentos de aumentar el reclutamiento y de utilizar las últimas reservas fracasaron. Tampoco hubo intento alguno por utilizar los prisioneros de guerra soviéticos, para desesperación de la misión militar británica, que los consideraba potenciales reclutas. El mando de Kolchak prefirió ejecutarlos en masa o encerrarlos en campos de prisioneros, donde morían a menudo de frío y de tifus. La oficialidad, a pesar de ejemplos de heroísmo aislado, se mostró en general indisciplinada y caprichosa y esto dificultó la ejecución de las órdenes.
Las derrotas del verano supusieron además un gran contratiempo económico para Kolchak: esfumada la posibilidad de ser reconocido como Gobierno oficial de Rusia desaparecieron las posibilidades de obtener los necesarios créditos de los Gobiernos Aliados. El régimen tuvo que seguir sosteniéndose de la única fuente de financiación de la región, que ya se había mostrado muy generosa con los anteriores gobiernos antibolcheviques: las cooperativas. El Gobierno, sin embargo, con su preferencia ideológica por la empresa privada, no mantuvo buenas relaciones con el sistema cooperativista, a pesar del enorme apoyo económico (200 millones de rublos hasta octubre de 1919) y moral recibido de éste. La retirada militar también causó una crisis política en el Gobierno, cada vez menos seguro de su victoria final.
Archivo: CampañaDeVeranoContraKolchak1919.svg
Mapa de operaciones correspondiente al verano de 1919
Con el Ejército en retirada se creyó conveniente reorganizarlo pero esto llevó semanas de discusiones entre los mandos del frente y el Estado Mayor y la dimisión del general Gajda, que había exigido el relevo de Lébedev y la obtención para sí del mando de todas las fuerzas, infructuosamente.
Mientras se discutía la conveniencia de montar un contraataque, continuaba la retirada. A pesar de la oposición de algunos generales, Lébedev, con el beneplácito de Kolchak, logró la aprobación de la contraofensiva alrededor de Cheliabinsk. El objetivo principal de Kolchak era impresionar mediante una victoria militar a los representantes Aliados, reunidos por entonces en Omsk para decidir la continuación del apoyo a su Gobierno.
El plan consistía en abandonar Cheliábinsk a los soviéticos para, a continuación, rodearlos mediante un movimiento de pinza.
El 27 de julio, las primeras unidades soviéticas entraron en la ciudad, abandonada según el plan. El ataque de las unidades de Kappel, completamente bisoñas, fracasó, siendo fácilmente rechazadas por la 26.ª división soviética, una unidad de choque. En el Norte Voisetjovski logró cortar pasajeramente el ferrocarril Cheliábinsk-Ekaterimburgo, antes de ser atacado por unidades del 3er Ejército soviético al mando de Frunze, que lo rechazaron.
 Kolchak perdió en la operación varios miles de hombres y numeroso material y abastos. El 4 de agosto se perdía también Troitsk y con ella todo contacto con el Ejército Meridional, que comenzó su retirada hacia el Turquestán.
El 2 de agosto, los soviéticos tomaban definitivamente Cheliabinsk, centro agrícola de la ladera oriental de los Urales, y capturaron miles de prisioneros, convirtiéndose su victoria en prueba de la ineptitud del alto mando de Kolchak, en manos del incompetente Lébedev. A comienzos de agosto las fuerzas de Kolchak se hallaban ya al este del Tobol, más cerca de Omsk que de los Urales.
Tras el fracaso de la contraofensiva, a comienzos de agosto de 1919, los Aliados desecharon la idea de que Kolchak y su Gobierno fuesen el principal centro del Movimiento Blanco y abandonaron la idea de reconocerlo como Gobierno oficial de Rusia. A partir de entonces los Aliados se limitaron a entregar la ayuda ya prometida y sostener moralmente al régimen mientras traspasaban el grueso de su apoyo material a Denikin.
Además de los reveses en el frente la situación en la retaguardia era ya en el verano preocupante. Los desmanes del Ejército en el campo y la crisis económica habían favorecido el descontento del campesinado y la aparición de crecientes bandas de partisanos que operaban al norte y al sur de la línea del transiberiano y controlaban amplios territorios, a pesar de estar en general mal armados. Las derrotas en el frente acentuaron la represión militar y los desmanes, a pesar de las órdenes del mando para acabar con estos y, en especial, con la quema de aldeas como práctica de castigo.
Los intentos de los socialistas moderados de reformar el régimen y formar un órgano de control de la dictadura, a pesar de tímidos avances a comienzos del verano, acabaron fracasando, negándose Kolchak a finales del verano a estudiar sus propuestas de reforma.
Archivo: Колчаковцы ремонтируют железнодорожные пути.jpg
El ferrocarril transiberiano era la clave para el abastecimiento en la guerra civil 
Tras su victoria en la batalla alrededor de Cheliábinsk, el Ejército Rojo continuó su avance. El 1.er y 4.º Ejércitos, agrupados en el Frente del Turquestán al mando de Mijaíl Frunze, empujaron al Ejército Meridional formado por los cosacos de Oremburgo y del Ural hacia Persia, mientras que el 3.ºy 5.º avanzaban a lo largo de las líneas férreas del Transiberiano.
A mediados de agosto los soviéticos capturaron Tiumén y Kurgán abandonadas sin lucha por el Ejército de Kolchak. A finales de mes se encontraban a 70 km del río Ishim, última barrera natural antes de Omsk.
Ante la posibilidad de tener que evacuar la capital, se sopesaron las alternativas militares: bien tratar de rechazar al enemigo en el Ishim o abandonar la capital y formar un nuevo frente a lo largo del río Obi o cerca del lago Baikal. A pesar de los temores de hundimiento militar en caso de que fracasase una nueva ofensiva, se optó por tratar de conservar la capital.
La planificación militar fue deficiente y, a pesar de la reorganización del Ejército a mediados de agosto, éste siguió contando con un exceso de unidades y de mandos para apenas 60.000 hombres. 
Los intentos de movilizar a la burguesía para aumentar el tamaño de las unidades fracasó nuevamente y el reclutamiento apenas llegó al 25 % de los objetivos en la mayoría de las zonas, haciendo peligrar los preparativos para el ataque. A finales de agosto apenas se habían reunido reclutas para formar una división aunque se habían formado ya mandos para once. Mientras los oficiales del frente escaseaban, las unidades de mando en la capital seguían siendo gigantescas y desproporcionadas. Eran numerosos los jóvenes oficiales que podían verse en resplandecientes uniformes día y noche en la capital, pero no en el frente.
Los intentos de reunir una gran fuerza cosaca para el crucial ataque de flanco planeado por Dieterichs tampoco fructificaron. La mayoría de los cosacos que no se habían enrolado ya en las fuerzas armadas no mostraron interés en unirse al Ejército, tratando de no verse involucrados en la guerra civil. 
La sorpresa hizo que las unidades de Kolchak comenzasen avanzando y aprovechasen el excesivo avance de los soviéticos, alejados de sus centros de mando. Gracias al traspaso de tropas rojas del frente siberiano al meridional, las fuerzas de Kolchak contaban además con una ligera ventaja numérica. El 2.º Ejército no logró flanquear al 2.º soviético, pero los cosacos, por su parte, sí consiguieron al comienzo algunas victorias al sur de Petropavlovsk  y derrotaron a la 5.ª y 35.ª divisiones del 5.º Ejército soviético en septiembre de 1919. Los avances continuaron durante las dos semanas siguientes. Los cosacos, sin embargo, retrasaron repetidas veces el fundamental ataque contra Kurgán que debía cortar la retirada ordenada de las unidades soviéticas, para desesperación de Kolchak y del alto mando. Dieterich ordenó en seis ocasiones atacar a la fuerza cosaca de Ivanov-Rinov, que se limitó a ignorar las órdenes, siendo este temporalmente destituido. 
El 30 de septiembre el 1.er Ejército de Kolchak tomaba Tobolsk, y numerosos hombres y material. La reconquista, no obstante, era engañosa: con unas fuerzas cada vez más menguadas de poco más de 20.000 hombres, sin refuerzos destacables y con un enemigo que se reforzaba por momentos, la probabilidad de continuar el avance era nulo y la posibilidad de mantener la línea del Tobol hasta la primavera quedaba en duda. La debilidad del frente hacía que el Ejército fuese muy vulnerable a cualquier contraataque soviético.
Los intentos del general Dieterichs de convertir la ofensiva en una cruzada para aumentar el número de reclutas y poder mantener el frente fracasó, tanto en el número de soldados obtenidos como en su calidad. Mientras, los soviéticos consiguieron reforzar sus unidades con varias decenas de miles de hombres y alcanzaron una ventaja de tres a uno. El 14 de octubre de 1919 recibían la orden de contraatacar y el 18 habían logrado cruzar el río Tobol. El Ejército de Kolchak comenzó entonces una retirada que no se detuvo ya hasta llegar al Océano Pacífico.
Archivo: Uniformes Kolchak 2.jpg
Soldados blancos de Kolchak jugando a las cartas en un descanso 

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