miércoles, 30 de abril de 2014

JOSEF SPECKBACHER, UN HÉROE DEL TIROL

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Armas del Tirol

Nos interesábamos ayer por la figura histórica del héroe tirolés Josef Speckbacher, y hoy vamos a conocer el resto de su trayectoria vital, siempre fiel al servicio de los intereses del Imperio Austriaco y de su amada tierra tirolesa.
Tras su participación  en la Batalla de Spinges, continuó luchando como tirador de élite en la defensa del Tirol contra el mariscal napoleónico Ney hasta 1805, fecha en la que los franceses obtuvieron la victoria. El Tirol austriaco estaba obligado a aceptar su incorporación al aliado de Napoleón, Baviera.
En 1809 Austria declaró nuevamente la guerra a Napoleón y decidió recuperar el Tirol apoyando un alzamiento patriótico que se organizó en guerrillas. Speckbacher demostró ser, en esta nueva hora de peligro, no sólo un combatiente audaz, sino un estratega cauteloso. Según su diario, participó en treinta y seis batallas y escaramuzas, sólo en 1809. 
En la mañana del 12 de abril de 1809, sorprendió a la ciudad de Hall, encarceló a los soldados de la guarnición, y evitó la retirada de los franceses a la seguridad del valle del Inn inferior. El 31 de mayo estuvo al mando del ala izquierda durante la Batalla del Monte Isel, y logró la victoria cerca de Hall y Volders. Del 23 de junio al 16 de julio puso sitio al castillo de Kufstein. 
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Monumento a Andreas Hofer en el Monte Isel
Dio innumerables pruebas de su valor personal, supervisó la construcción de emplazamientos de artillería, ordenó la destrucción de molinos y barcazas útiles para el enemigo, quemó la ciudad de Kufstein, capturó el tren de provisiones enemigo, e incluso se abrió paso como espía en el castillo. 
Del 4 al 11 de agosto de 1809 comandó a los tiroleses en las batallas de Sterzing y Franzensfeste contra Lefèvre,  obligando al mariscal francés a escapar del campo de batalla. Junto al otro héroe tirolés, Andreas Hofer y Haspinger mandó tropas en la famosa tercera batalla del Monte Isel (13 y 15 de agosto de 1809).
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Los héroes del Tirol: de izquierda a derecha: Josef Speckbacher, Andreas Hofer, Joachim Haspinger y Kajetan Sweth (sentado), secretario de Hofer
Después de que el enemigo hubiera sido expulsado de la zona del Monte Isel, él y sus hombres irrumpieron en las montañas de Salzburgo, organizando y estimulando la defensa del territorio. El 25 de septiembre derrotó a las fuerzas combinadas de los bávaros  y franceses  en Lofer y en  Reichenhall. El 16 de octubre Speckbacher se vio sorprendido en Melleck por una fuerza superior enemiga y se vio obligado a retirarse. Su joven hijo Andreas fue hecho prisionero en la batalla, y él mismo fue herido gravemente.
El 17 de octubre, en Waidring y de nuevo en Volders el 23 de octubre, fue capaz de mantener el campo contra el enemigo, evadir la captura una vez más en una escaramuza el 28 de octubre, y más tarde capturó a un batallón del enemigo. El 1 de noviembre de 1809, después de la última y fracasada batalla en el Monte Isel, se vio obligado a abandonar esta lucha desigual, a pesar de que deseaba continuar la guerra.
Los bávaros y los franceses pusieron precio a su cabeza, ofreciendo una recompensa de quinientos florines a cualquier persona que lo entregara vivo o muerto a las autoridades. Speckbacher pasó todo el invierno en los Alpes tiroleses, escondiéndose entre amigos en las granjas solitarias o en cabañas alpinas, siempre perseguido por sus enemigos. Fue traicionado una vez, pero se salvó mediante una huida audaz y se escondió hasta enero de 1810, en las hendiduras de las rocas, a menudo cerca de la muerte por hambre. 
Su esposa y sus cuatro hijos también buscaron refugio huyendo, escondiéndose en las montañas. El último escondite de Speckbacher estaba cerca de la cima del Voldertal, en los Alpes, donde el único que le llevaba comida era su fiel siervo George Zoppel. El 14 de marzo una avalancha lo alcanzó, hiriéndolo gravemente. Fue llevado por sus amigos a su granja de Judenstein, donde Zoppel lo escondió en el establo bajo el suelo hasta el 2 de mayo de 1810. 
Como el lugar no era seguro para quedarse, se vio obligado a huir en medio de grandes peligros a través del Pinzgau y Estiria hasta alcanzar la capital, Viena, donde fue calurosamente recibido por el emperador Francisco I. Speckbacher fue condecorado, recibió una pensión y pasó al servicio del emperador hasta 1814, viviendo con su amigo Jacob Troggler.
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Josef Speckbacher luciendo las recompensas que le otorgara el emperador Francisco I
En el otoño de 1813 Speckbacher regresó al Tirol como oficial de los voluntarios tiroleses encuadrados en el ejército imperial al mando del general Fenner. Estas tropas guarnecieron el Tirol del sur contra franceses y bávaros.
El 12 de septiembre 1813 el gobierno de Baviera en Innsbruck, una vez más, puso precio a su cabeza. Esta vez la recompensa por su captura o muerte era de 1.000 florines. Hasta el verano de 1814 Speckbacher no pudo regresar a su hogar. 
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Bando de 1813 ofreciendo recompensa por la cabeza de Josef Speckbacher
En 1815 fue nuevamente condecorado, y en 1816 recibió públicamente el agradecimiento del Emperador. Se reunió con alegría con su familia a la espera de disfrutar un tranquilo retiro, pero las penurias que había sufrido afectaron su capacidad de trabajar una granja. Se vio obligado a vender su propiedad y pasar a Hall.
En 1820 Speckbacher fue diagnosticado de enfermedad renal y murió en Hall el 28 de marzo 1820 a la edad de 53 años. El 30 de marzo varias compañías de fusileros le rindieron honores en su funeral. 
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Monumento a Josef Speckbacher en Hall, Tirol
El 20 de abril 1858 sus restos fueron exhumados y enterrados solemnemente en la Iglesia del Palacio Imperial de Innsbruck, junto a Andreas Hofer y Joachim Haspinger.
En su epitafio se puede leer: "En la salvaje guerra supo ser humano. En la paz, pacífico y fiel a las leyes. Un hombre digno ser honrado y amado".

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