lunes, 23 de junio de 2014

LA MEDALLA DE LA CORONACIÓN DEL EMPERADOR PEDRO II DE BRASIL



Se marcha la selección española de Brasil con las manos vacías y a las primeras de cambio. Tras el encuentro de hoy contra Australia, la roja y gualda retornará al patrio solar. Un fracaso deportivo que no puede ocultar, sin embargo, los grandes éxitos cosechados en los últimos años por el combinado nacional.
Como despedida de aquellas tierras proponemos hoy una pieza de gran belleza y significación: la Medalla de Coronación de S.M.I Dom Pedro II del Brasil.

El Emperador Pedro II a los doce años de edad

Tras una crisis política que terminó con la dimisión de sus ministros, y en medio de una fuerte crisis económica por las deudas del Imperio y el crónico déficit de la Corona, Pedro I abdicó del trono de Brasil en favor de su hijo de seis años, el príncipe Pedro de Alcántara, el 7 de abril de 1831, dejando instrucciones para establecer una regencia.
La abrupta abdicación de su padre y su viaje a Europa, para coronarse como Rey de Portugal y ceder el trono a su hija María II frente a las pretensiones de Don Miguel y sus partidarios, dejaron a Pedro como emperador, lo que provocó que tuviera una infancia y una adolescencia solitarias.
Obligado a pasar la mayor parte del tiempo estudiando para prepararse para reinar, conoció breves momentos de alegría y tuvo pocos amigos de su edad. Sus experiencias con las intrigas palaciegas y las disputas políticas durante ese periodo afectaron muchísimo a su posterior carácter. 
La entronación de Pedro II en 1831 supuso el inicio de un periodo de crisis, el más inestable de la historia de Brasil. Las disputas entre las facciones políticas tuvieron como resultado una serie de rebeliones y crearon una situación inestable, casi anárquica bajo este periodo de regencia.
La posibilidad de adelantar la mayoría de edad del joven emperador, en lugar de esperar a que cumpliera los 18 el 2 de diciembre de 1843, se tenía en consideración desde 1835. La idea fue apoyada por los dos principales partidos políticos ya que todos creían que aquellos que lo ayudaran a tomar las riendas del poder estarían en posición de manipular al joven emperador. Los políticos que habían surgido en la década de 1830 se habían familiarizado con los peligros de gobernar y habían perdido toda la fe en su capacidad para gobernar el país por sí solos. Aceptaron a Pedro II como una figura de autoridad cuya presencia era indispensable para la supervivencia del país. El pueblo brasileño también apoyaba el adelanto de la mayoría de edad, y consideraba a Pedro II «el símbolo vivo de la unión de la patria»; esa posición le otorgó, a ojos del público, una mayor autoridad.
Los que defendieron la inmediata declaración de mayoría de edad de Pedro II redactaron una moción pidiéndole al emperador que asumiera plenos poderes. Se envió una declaración al palacio de São Cristóvão para preguntar si Pedro II aceptaría o rechazaría adelantar su mayoría de edad. Éste respondió tímidamente que sí al ofrecimiento y prefirió que se produjera ese mismo día en vez de esperar a su cumpleaños en diciembre. Al día siguiente, el 23 de julio de 1840, el parlamento brasileño declaró formalmente a Pedro II mayor de edad con 15 años. Por la tarde, el emperador prestó juramento a la constitución. Fue aclamado, coronado y consagrado el 18 de julio de 1841.
Medalla de la Coronación
Para conmemorar este acontecimiento se dispuso la acuñación de una bella medalla en oro de la que destaca su anverso. En él se representa, de forma alegórica, la coronación de Pedro II. El Emperador adolescente, sedente sobre el trono imperial, vistiendo ropajes ceremoniales, empuña un alto cetro. A su lado, una alegoría femenina de América, con tocado de plumas, arco y carcaj con flechas, pendientes y brazalete de perlas; corona al Emperador con la corona imperial del Brasil. Al tiempo, la alegoría femenina, aplasta con su pie desnudo una figura dragonada de cuatro cabezas que representan el mal, la mentira, la envidia y la traición.
Rodean al motivo de la coronación las palabras latinas: "Ordo et Felicitas" ("Orden y felicidad")
Coronación de Pedro II en un lienzo de Manuel Araújo Porto-alegre
Pedro II creció y se convirtió en un hombre con un fuerte sentido del deber y una devoción hacia su país y su pueblo. Con el paso del tiempo, se fue resintiendo en su papel como monarca.
A pesar de haber heredado un imperio al borde de la desintegración, Pedro II transformó Brasil en una potencia emergente a nivel internacional. La nación creció de forma distinta a sus vecinos hispanoamericanos debido a su estabilidad política; a su libertad de expresión, que se mantuvo celosamente; al respeto a los derechos civiles y a su crecimiento económico regular así como por su forma de gobierno: una monarquía parlamentaria constitucional.
Brasil salió victorioso de tres conflictos internacionales bajo su reinado (la Guerra contra Oribe y Rosas, la Guerra de Uruguay y la Guerra de la Triple Alianza) y prevaleció en otras disputas internacionales y tensiones domésticas. Pedro II impuso con firmeza la abolición de la esclavitud a pesar de la oposición de intereses económicos y políticos y se ganó la reputación de ser un gran patrocinador del conocimiento, la cultura y las ciencias así como el respeto y la admiración de estudiosos como: Charles Darwin, Víctor Hugo y Friedrich Nietzsche. Fue amigo de Richard Wagner y Louis Pasteur, entre otros.
Pedro II de Brasil a la edad de cincuenta años
A pesar de que no existía el deseo de un cambio en la forma de gobierno en la mayoría de los brasileños, el emperador fue apartado del poder por un súbito golpe de Estado que sólo contaba con el apoyo de un pequeño grupo de líderes militares que querían una república gobernada por un dictador. Pedro II se había cansado y estaba desilusionado con respecto a las perspectivas del futuro de la monarquía, a pesar del apoyo popular, y no alentó ninguna iniciativa de restauración de la monarquía. Pasó sus dos últimos años de vida en Europa viviendo con escasos recursos.
El reinado de Pedro tuvo un final poco común ya que fue depuesto cuando era muy querido por el pueblo y en la cima de su popularidad. A él le siguió un periodo de gobiernos débiles, dictaduras y crisis constitucionales y económicas. Los hombres que lo exiliaron pronto lo convirtieron en un modelo para la república brasileña. Algunas décadas después de su muerte, su reputación fue restaurada y sus restos mortales fueron llevados de vuelta a Brasil.

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