jueves, 9 de octubre de 2014

SAN PÍO V, EL PAPA DE LEPANTO

Armas papales de San Pío V
Diseño: Odejea

Celebrábamos el pasado día 7 la festividad de Nuestra Señora del Rosario, unida para siempre como auxilium christianorum a la gesta de la Santa Liga comandada por Don Juan de Austria en Lepanto. Hoy nos detendremos a considerar la figura del santo pontífice que impulsó a la Cristiandad en aquella hora crítica.
Pío V nació como Antonio Michele Ghislieri en Bosco, Ducado de Milán. A los catorce años ingresó en la Orden de Predicadores, tomando el nombre de Michele. Vivió en los monasterios de Voghera, Vigevano y Bolonia. Fue ordenado sacerdote en Génova el año 1528, estableciéndose en Pavía, donde enseñó durante dieciséis años.
San Pío V en un grabado de un Misal Romano de 1600
Pronto dio muestra de sus opiniones cuando expuso en Parma treinta tesis en defensa del papado y contra las herejías de su tiempo. En contraste con la laxitud moral imperante a la sazón en la Iglesia católica, Ghislieri se mostró severo y estricto, lo cual le granjeó cierta fama entre sus superiores como un enérgico disciplinario y fue nombrado inquisidor en Como. Su celo reformista provocó, sin embargo, tales resentimientos, que fue obligado en 1550 a regresar a Roma, donde, después de haber servido en diversas misiones inquisitoriales fue electo al comisariado de la Santa Sede. 
El papa Paulo IV (1555–59), quien siendo cardenal ya había mostrado favoritismo hacia él, le confirió el cargo de obispo de las diócesis de Sutri y Nepi, el cardenalato con el título de Alejandrino y el honor (único para alguien que no tenía rango pontificio) de ser Gran Inquisidor. Bajo el papa Pío IV (1559–65) se convirtió en obispo de Mondovi en el Piamonte, pero su oposición al pontífice propició su despido del palacio y el fin de su autoridad como inquisidor.
Antes de que Ghislieri pudiera retomar su episcopado, Pío IV murió y el 7 de enero de 1566 Ghislieri fue elegido para la silla papal como Pío V; gracias a sus protegidos y amigos se logró que su coronación coincidiera con su cumpleaños, diez días después.
San Pío V
El mismo año de su elección se reunió la Dieta de Augsburgo, asamblea general del Sacro Imperio Romano germánico, el 26 de marzo de 1566. Pío V impuso, a través de sus representantes, las nuevas directrices del Concilio de Trento en los estados católicos alemanes, intentando detener de este modo la influencia de la Reforma protestante en esos territorios y dando inicio efectivo a la Contrarreforma o Reforma católica.
Tal y como había ejercido el cargo de Gran Inquisidor, Pío V se propuso restaurar la disciplina y moralidad de Roma, encauzando la vida espiritual del mundo cristiano, y aún la terrenal también, pues como tantos otros papas teocráticos que le habían precedido, mediante la bula In cœna Domini proclamó la supremacía de la iglesia de Roma y de su cabeza visible sobre todos los poderes civiles y sobre quienes los ostentaban.
Entre sus primeras acciones llevó a cabo una drástica reducción en el costo de la corte papal de la misma manera que lo había hecho en la orden de los dominicos a la cual había pertenecido; además, obligó a los obispos a residir en sus diócesis, reguló los hospicios, expulsó a las prostitutas de Roma y reafirmó la importancia de las ceremonias en general y de la liturgia de la misa en particular. Intentó de esta manera poner en práctica los acuerdos del Concilio de Trento e impulsar su espíritu contrarreformista con firmeza; incrementó el poder de la Inquisición e hizo que la forma de las misas se uniformara mediante la promulgación de la bula Quo Primum tempore, de 1570. Pío V hizo de la misa llamada tridentina o gregoriana el único modelo para la Iglesia Católica Romana, excepto allí donde la liturgia de la misa fuera anterior a 1370 y aún estuviera en uso. Esta forma de la misa ha permanecido esencialmente intacta hasta hoy. 
San Pío V en éxtasis
En 1970, el papa Pablo VI promulgó un nuevo rito, que Benedicto XVI denominó rito ordinario, para la Iglesia universal, aunque sin derogar jamás la forma tridentina o tradicional codificada por Pío V y que queda en la actualidad como forma extraordinaria.
En Roma, encargó al pintor Daniel de Volterra que cubriese en parte las figuras trazadas en la Capilla Sixtina por Miguel Ángel, que las había pintado desnudas en su mayoría. Asimismo mereció su desaprobación la pagana costumbre de lidiar toros. La bula De salutis gregis dominici de 1 de noviembre de 1567 prohibía los espectáculos taurinos bajo pena de excomunión a perpetuidad y negación de sepultura cristiana a quienes fallecieran en ellos.
Financió con cargo al erario pontificio la participación de la Iglesia en las guerras santas en Francia contra los hugonotes y la expulsión de los judíos de los estados de su jurisdicción.
Adoración del Nombre de Jesús o Alegoría de la Santa Liga (El Greco). En el lienzo aparecen Felipe II, el Dux de Venecia, Alvise Mocenigo, y el Papa San Pío V con sus cardenales
Contra el Imperio Otomano promovió el papa la Santa Liga que quedó constituida por España, Venecia y los propios Estados Pontificios, con participación genovesa y de la Orden de Malta. Al frente de las fuerzas combinadas puso el papa a don Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe II de España, a quien definió, utilizando la cita evangélica referida a Juan el Bautista, como «un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan». Las capitulaciones de la Liga fijaban detalladamente los recursos militares con que había de contribuir cada uno de los participantes. El papa asumió el compromiso de aportar 12 galeras aparejadas y dispuestas, 3.000 soldados de infantería y 270 jinetes con sus monturas. También se comprometieron los coaligados a acudir en socorro de cualquiera de los miembros de la Liga que se viese atacado por los turcos, en especial si los territorios en peligro eran los de la Santa Sede. Como cláusula de penalización para quien no atendiese sus obligaciones de confederado, el Papa impuso en las estipulaciones la pena de excomunión latae sententiae y el entredicho con pérdida de sus posesiones y liberación del juramento de fidelidad de sus súbditos.
En 1567, Pío V promulgó una bula papal, en la que ordenaba que fuesen trasladadas parte de las reliquias de los santos Justo y pastor desde Huesca a Alcalá de Henares, su ciudad natal y lugar de su martirio. 
En julio de 1571, Pío V concedió a la Universidad de San Marcos de Lima el título de Pontificia, siendo Virrey del Perú Don Francisco Álvarez de Toledo.
Pío V murió el 1 de mayo de 1572, unos meses después de que la armada de la Liga Santa obtuviese un gran triunfo en la Batalla de Lepanto, en su lucha contra los turcos, el 7 de octubre de 1571.
El cuerpo de San Pío V se venera en Santa María la Mayor de Roma
En contraste con las medidas, en ocasiones drásticas y rígidas que promovió, Pío V fue una persona de trato bondadoso y afable, y muy admirado por sus contemporáneos por su intensa vida espiritual, su austeridad y su piedad.
Fue canonizado por el papa Clemente XI en 1712.

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