domingo, 22 de febrero de 2015

LA BASÍLICA DE LA SANTA CROCE DE FLORENCIA

Santa Croce da Palazzo Vecchio.JPG
Vista general de la Santa Croce
Foto: Giulio1996Cordignano
La edificación de la basílica de Santa Cruz comenzó el 3 de mayo de 1294 sobre las ruinas de una pequeña iglesia, erigida en 1252 por los franciscanos cerca de las murallas de la ciudad de Florencia. Los planos fueron diseñados por Arnolfo di Cambio y está considerada la iglesia franciscana más grande del mundo. 
El dinero para su construcción provino del pueblo y la República Florentina. 
Los restos de la antigua iglesia franciscana no pudieron ser localizados hasta 1966 cuando, tras las inundaciones que devastaron la ciudad, una parte del pavimento de la actual basílica se hundió.
Fachada de la basílica de la Santa Cruz de Florencia
Foto: Diana Ringo
Desde su origen, la historia de la Santa Cruz está íntimamente ligada a la propia historia de Florencia. Durante los siete siglos transcurridos desde su fundación, la basílica fue objeto de remodelaciones y nuevos proyectos de modernización adquiriendo, así, nuevas connotaciones simbólicas: desde su origen primero de iglesia franciscana, a convertirse en «municipio» religioso para las grandes familias y las corporaciones de la Florencia medicea, de laboratorio y taller artístico del Renacimiento, a centro teológico, de panteón de las glorias italianas hasta convertirse en un lugar de referencia, en el siglo XIX de la historia política de la Italia pre y post-unitaria.
Imagen del altar mayor
Foto: Radomil
Desde siempre, la Santa Cruz fue un símbolo prestigioso de la ciudad de Florencia y un lugar de encuentro para los más grandes artistas, teólogos, religiosos, hombres de letras y políticos. Pero lo fue, asimismo, para las poderosas familias que, tanto en la prosperidad como en la adversidad, participaron en la creación de la identidad de la Florencia de finales de la Edad Media y del Renacimiento. Su convento ofreció hospitalidad a los personajes más célebres de la historia de la iglesia: San Buenaventura, San Antonio de Padua, San Bernardino de Siena o San Luis de Anjou, Obispo de Toulouse. Sirvió, asimismo, como lugar de retiro y reposo para varios Papas: Sixto IV, Eugenio IV, León X, Clemente XIV. 
S. croce, navata centrale 00.JPG
Interior de la Basílica
Foto: Sailko
Con su arquitectura gótica imponente, sus maravillosos frescos, los retablos del altar, amén de los preciosos vitrales y las numerosas esculturas, esta iglesia representa una de las páginas más importantes de la historia del arte florentino desde el siglo XIII.
En ella se pueden admirar obras de: Cimabue, Giotto, Brunelleschi, Donatello, Vasari, Ghiberti, Luca della Robbia, Bronzino, Giuliano da Sangallo, benedetto da Maiano, Antonio Canova y muchos más.
La presencia, notable, de Giotto y de toda su escuela, representa una obra muy completa, inestimable testimonio del arte florentino.
Mausoleo del gran Miguel Ángel
Foto: Rico Heil
Las vicisitudes históricas y políticas que han acompañado la vida de la Santa Cruz hasta la actualidad, han dejado su huella impresa, ya sea por las intervenciones artísticas y arquitectónicas (por ejemplo las transformaciones radicales efectuadas por Vasari a mediados del siglo XVI o los lamentables esfuerzos desplegados en el siglo XIX para transformar el complejo de Santa Cruz en un gran mausoleo de la historia italiana), ya sea en los testimonios cuidadosamente conservados en sus archivos en los que se reconstruyen las etapas de la construcción.
La Santa Cruz ha sido definida como el Panteón de las glorias italianas, porque la iglesia acoge las sepulturas de personajes tan ilustres como: Maquiavelo, Galileo, Miguel Ángel, Rossini, vasari, Ghiberti, Guillermo Marconi, Vittorio Alfieri y otros.
El atractivo encanto de estos lugares, maravillosa síntesis del arte, la espiritualidad y la historia, es admirado por los millones de personas que lo visitan cada año.
Recordemos que esta basílica es conocida también por ser el lugar donde Stendhal, en 1817, padeció los síntomas de vértigo, palpitaciones, confusión, etc; que pasaron a denominarse, a partir de ese momento, como "Síndrome de Stendhal" ante la concentración de tanta belleza. 
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Interior de la cúpula de la célebre Capilla Pazzi
Foto: Ricardo André Frantz

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