miércoles, 22 de enero de 2014

EL ALMIRANTE ALEKXANDR KOLCHAK (I)

Archivo: Kolchak.jpg

Aleksandr Vasílievich Kolchak (Алекса́ндр Васи́льевич Колча́к) nació en San Petersburgo el 17 de noviembre de 1874.
Kolchak comenzó su carrera como oficial, oceanógrafo e hidrólogo de la Armada Imperial Rusa y participó y dirigió varias exploraciones polares de la Academia de Ciencias de Rusia. La isla Kolchak fue bautizada en su honor.
Se distinguió en el sitio de Port Arthur durante la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905), y logró hundir un crucero japonés. Después de la guerra alternó sus estudios científicos y exploraciones con una gran labor de renovación y modernización de la flota rusa y participó en la creación del Estado Mayor de la Armada. 
Una vez comenzada la Primera Guerra Mundial, participó en diversas acciones en defensa del Báltico, a cuya flota se hallaba asignado como capitán del buque insignia. 
En 1916, a causa de sus actos de heroísmo y habilidades de mando, se convirtió en el más joven vivealmirante de la Armada Imperial de todos los tiempos y obtuvo el mando de la flota del Mar Negro, donde se distinguió nuevamente al lograr controlar ese mar y asegurar los transportes a los ejércitos que combatían en el Cáucaso.
A comienzos de 1917 la situación política del Imperio Ruso se deterioraba por momentos, y Kolchak viajó a Batum para entrevistarse con el comandante supremo del Cáucaso, el Gran Duque Nikolai sobre el acondicionamiento de los puertos del Mar Negro para abastecer a las fuerzas rusas en la zona. Al recibir un telegrama con las primeras noticias de la Revolución de Febrero en Petrogrado, se apresuró a volver a Sebastopol. A su llegada ya se había producido la abdicación del Zar Nicolás II. 
A diferencia de las revueltas en la Flota del Báltico, en la que su comandante fue asesinado, la reputación de Kolchak y el respeto que inspiraba evitó la repetición de estos hechos en la del Mar Negro.
Al comienzo, convencido de la incapacidad del último Gobierno zarista, vio con buenos ojos la revolución, creyendo que daría paso a un gabinete liberal capaz de llevar al país a la victoria militar. Su ideología política, sin embargo, estaba más cercana a la monarquía constitucional de tipo británico y no creía en la conveniencia de implantar la democracia occidental en Rusia.
Las primeras semanas, antes de la radicalización de la situación, Kolchak pudo trabajar conjuntamente con los nuevos soviets de soldados hasta que la agitación hizo que se convenciese de que la propaganda entre las tropas minaba el esfuerzo de guerra. 
Kolchak defendía la guerra como catarsis purificadora y defendía el nacionalismo y el militarismo, que consideraba principales virtudes humanas, a la vez que se oponía al pacifismo, el socialismo y el internacionalismo que asociaba a la democracia. 
Tras la Revolución de Febrero, Kolchak recibió diversas invitaciones de grupos liberales y conservadores para entrar en política gracias a su fama de patriotismo y liderazgo durante la guerra.
En abril, la Flota del Mar Negro se sumió en el caos, con la radicalización de los soviets de marineros. En mayo Kolchak viajó brevemente a la capital, donde se le ofreció el mando de la Flota del Báltico para tratar de contener la delicada situación revolucionaria en ésta, pero finalmente no fue transferido. Durante su estancia en San Petersburgo, apoyó el uso de las tropas ordenado por el gobernador militar de la ciudad, el general Lavr Kornilov, durante la "crisis de abril".
En junio de 1917, rehusó entregar su sable, como exigieron los soviets a los oficiales de la flota, que habían demandado el desarme de los mismos creyendo que había una conspiración contrarrevolucionaria entre los oficiales, lanzándolo al mar y partiendo poco después a la capital para tratar de convencer al Gobierno Provisional de la necesidad de restaurar la disciplina en el Ejército.
Archivo:. Koltchak (sable) jpg
Kolchak lanzando su sable por la borda para que no caiga en manos de los bolcheviques. Su gesto fue muy apreciado por los círculos opuestos a la revolución, que le enviaron una réplica.
Habiendo solicitado los estadounidenses su asesoramiento sobre una posible operación contra Constantinopla y, descubierta una conspiración para convertirlo en dictador por el ministro de Defensa, Kerenski, se trasladó al Reino Unido y a los E.E.U.U. como asesor militar por orden del ministro.
Kolchak se encontraba en los Estados Unidos, a punto de embarcar en San Francisco para regresar a Rusia a través de Japón, cuando tuvo lugar la Revolución de Octubre de 1917.
Completamente entregado a la lucha contra los Imperios Centrales, se ofreció a la Royal Navy para continuar la lucha. 
A pesar de su convencimiento de la necesidad de implantar una dictadura en Rusia, Kolchak, reacio a encabezar aún un movimiento favorable a ésta, prefirió alistarse con los británicos para continuar la guerra, que aceptaron su oferta en diciembre de 1917. Se opuso firmemente al Tratado de Brest-Litovsk y estaba decidido a continuar combatiendo a Alemania hasta la victoria militar.
Inicialmente, los británicos pensaron en enviarlo a Mesopotamia, pero al final el Gobierno británico decidió que sería más útil para los Aliados que ayudara a acabar con los bolcheviques y volviera a introducir a Rusia en la guerra. 
En Pekín recibió el encargo, que no pudo llevar a cabo por la oposición japonesa, de reunir las unidades rusas en Manchuria para apoyar la contrarrevolución. 
Desde finales de abril de 1918 y durante cerca de dos meses trató infructuosamente de reunir las fuerzas rusas, chinas y mongolas que se encontraban en la concesión rusa a lo largo del ferrocarril transmanchuriano. Durante este periodo Kolchak hubo de enfrentarse con los atamanes cosacos. grigori Semiónov e Iván Kalmykov, con los que más adelante mantendría tensas relaciones.
El 15 de mayo de 1919, como encargado militar del gobierno formado por Horvat en Harbin con apoyo japonés, trató en vano de someter a Semiónov, que tras su entrevista con Kolchak se proclamó independiente de Horvat y rompió con éste y Kolchak, quien había tratado de que abandonase su colaboración con Japón. Tras la disputa con Semiónov, Kolchak rompió su anterior inclinación temporal hacia Japón. 
Ante su incapacidad de entenderse con los japoneses Horvat lo relevó de su puesto a finales de mayo, otorgándole el mando de una unidad militar menor. Kolchak trató de utilizarla para marchar sobre Vladivostok pero Kalmykov le bloqueó el paso. El 30 de junio, decidió abandonar la empresa ante la oposición general y marchar a Tokio, a protestar ante el Gobierno japonés y consultar con sus allegados británicos.
Archivo: Kolchak27540v.jpg
Kolchak, junto al general Horvath, comandante de las tropas rusas del transmanchuriano y del cónsul ruso en Harbin, Popov. Sus intentos de reunir una fuerza antibolchevique en la región resultaron infructuosos por las rencillas de los distintos grupos y la oposición de Japón.
En Japón forjó amistad con el general Alfred Knox, antiguo agregado militar británico en Rusia y jefe de la misión militar británica, que se encontraba en el país camino de Siberia y que, además de ser considerado el más agudo observador de la situación del país, era un hombre de tendencia autoritaria y hostil a los movimientos socialistas. Acompañado de Knox, Kolchak regresó a Rusia y desembarcó en Vladivostok, el 18 de septiembre de 1918.
De allí se trasladó a Omsk (13 de octubre de 1918), camino de Crimea donde residía su familia y pensaba unirse a la lucha contra el Gobierno Soviético. En esta ciudad recibió el ofrecimiento del nuevo Directorio de convertirse en su ministro de Defensa, que aceptó el 4 de noviembre de 1918 con la aprobación de Knox. El Directorio se había formado por acuerdo del Gobierno provisional Siberiano, conformándose una inestable alianza de grupos de tendencias liberales, conservadoras y socialdemócratas, unida por su antibolchevismo. Kolchak era la figura más prestigiosa de este gabinete de catorce hombres.
El Directorio esperaba jugar la baza del respeto que le tenían los Aliados. Su aspecto marcial, su patriotismo, su código de valores; le daban un aura de integridad en una ciudad corrupta. Su fama como explorador y como uno de los mejores oficiales de la marina, le favorecieron.
A pesar de haber formado finalmente un Gobierno los últimos días de octubre, el fin del Directorio era inminente; importantes fuerzas conspiraban ya entonces para su derrocamiento y la proclamación de una dictadura, con la simpatía de Knox, que, según el diario del comandante de las fuerzas del Directorio, el general Bóldyrev, ya había puesto sus ojos en Kolchak como candidato al cargo de dictador. Knox, ya antes de partir de Vladivostok hacia Omsk, había comunicado al director del espionaje británico que Kolchak era «el mejor ruso para nuestro propósito en el Lejano Oriente».
Archivo: Колчак, Нокс и английские офицеры восточного фронта.jpg
Kolchak, sentado, acompañado por el general británico Alfred Knox, jefe de la misión militar británica, y otros oficiales de la misma nacionalidad, de visita en el frente.
Pocos días después, el 18 de noviembre de 1918, un golpe de estado provocó el arresto de los líderes socialrevolucionarios. El golpe contó con la connivencia de Knox y la misión militar británica, aunque su participación directa es controvertida. Los británicos, que habían asignado un batallón de sus tropas como escolta de Kolchak (único ministro que recibió semejante trato), protegieron además los edificios oficiales y patrullaron las calles de la ciudad tras el golpe para evitar posibles acciones armadas en defensa del Directorio por parte de la Legión Checoslovaca. En general, los representantes Aliados en la zona favorecían la implantación de una dictadura militar.
Los restantes miembros del gabinete nombraron a Kolchak, recién llegado de una inspección del frente, Gobernante Supremo (Verjovny Pravítel) con poderes dictatoriales y «comandante en jefe de las fuerzas de mar y tierra». 
Kolchak, que favorecía la implantación de una dictadura militar, no había tomado parte en el golpe y se hallaba a propósito ausente de Omsk. Al mismo tiempo, el Consejo de Ministros lo ascendió a almirante. Poco después los dirigentes socialrevolucionarios detenidos fueron deportados, con la condición de que abandonasen la actividad política, mientras que los principales militares que habían participado en el mismo eran ascendidos.
Las reacciones al pronunciamiento fueron variadas, desde la hostilidad de socialrevolucionarios y mencheviques o de los legionarios checoslovacos, del primer ministro británico o del presidente estadounidense, pasando por el escepticismo de los regionalistas, de Semiónov o de los japoneses, o la indiferencia de la mayoría del campesinado, hasta el apoyo entusiasta de los Kadetes y los partidos de derecha, los oficiales, los círculos empresariales o diversos representantes Aliados en la región.

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