jueves, 12 de junio de 2014

EL DUQUE DE ANGULEMA Y EL INCENDIO DEL ESPÍRITU SANTO

Louis Antoine d´Artois, Duque de Aungulema
Tras los acuerdos suscritos en el Congreso de Verona en 1822, las potencias de la Santa Alianza acordaron intervenir militarmente en España para terminar con el sistema liberal que imperaba en nuestra Patria desde marzo de 1820.
La Francia de Luis XVIII fue la encargada de la invasión. El 23 de enero de 1823 retiraba a su embajador en Madrid.
El 7 de abril de 1823, el ejército francés, los famosos Cien Mil Hijos de San Luis, comandado por el Duque de Angulema, hijo del futuro Carlos X de Francia. Otro de los mariscales al mando de parte del ejército fue el mariscal Moncey, veterano de la Guerra de Independencia.
El ejército lo formaban 95.062 soldados, organizados en cuatro cuerpos y uno de reserva. El ejército español constitucional que se formó para hacerle frente lo formaban unos 130.000 hombres, divididos en cuatro cuerpos de unos 18.000 o 20.000 cada uno, además de 52.000 hombres apostados en las plazas fuertes.
Combate de Santa Margarita (La Coruña) entre los Cien Mil Hijos de San Luis y las tropas liberales españolas
El objetivo fundamental de la intervención francesa era terminar con los liberales en el gobierno desde tres años antes (Trienio Liberal). Las fuerzas españolas leales se enfrentaron con los franceses en Cataluña al mando del general Francisco Espoz y Mina, pero no hubo apenas reacción popular de apoyo y debieron retirarse.
Con el avance de las tropas de Angulema, el Gobierno y las Cortes en Madrid decidieron trasladarse a Sevilla, e instaron a que Fernando VII les acompañase. El ejército francés ocupó Madrid sin resistencia y siguió hacia Andalucía en persecución de los liberales.
Una vez en Madrid, los absolutistas decidieron nombrar una Regencia. Se reunieron el Consejo de Castilla y el Consejo de Indias, y acordaron una regencia en los siguientes términos:
El presidente sería el Duque del Infantado y existirían cuatro vocales: el duque de Montemar, el barón de Eroles, el Obispo de Osma y Antonio Gómez Calderón. El Gobierno estaba formado por las carteras de Estado, Hacienda, Guerra, Gracia y Justicia, Marina e Interior de la Península y Ultramar.
El 20 de julio de 1823 se celebraba una misa en la iglesia del Convento del Espíritu Santo de Madrid a la que asistía el duque de Angulema junto a las nuevas autoridades absolutistas. En un momento dado de la ceremonia religiosa se desató un virulento incendio que afectó a las cubiertas del edificio extendiéndose rápidamente a otras zonas.
El desaparecido Convento del Espíritu Santo
Imagen: www.madridhistorico.com
Este convento, de Padres Clérigos Menores, había sido fundado en 1594 bajo la advocación de San José por el beato Francisco Caraciolo y el Padre José Imperato, sobre una casa que para tal efecto les dejó el famoso Jacobo Trenci, conocido como el Caballero de Gracia.
Según León Pinelo, allí estuvieron los religiosos hasta que tras surgir algunas diferencias con Jacobo Trenci, se trasladaron bajo el amparo de Magdalena de Guzmán, marquesa del Valle, a unas casas en la carrera de San Jerónimo que compró al marqués de Tábara. El traslado se efectuó el 20 de enero de 1599, tomando el patronato del convento la anteriormente referida marquesa del Valle.
En cuanto a su arquitectura, lo más destacable era su iglesia, levantada sobre planta de cruz latina, con crucero y cúpula sobre pechinas, las cuales, estaban decoradas con pinturas de Luis Velázquez. En el exterior, la fachada principal costaba de un cuerpo central flanqueado por dos torreones. En lo alto del cuerpo central, destacaba un medallón de mármol que representaba a Cristo resucitado.

Pero volvamos al incendio.
Las llamas avanzaban devorando todo a su paso, mientras en el interior de la nave de la Iglesia reinaba la confusión. 
Desde la Carrera de San Jerónimo y otros lugares próximos, ante la visión dantesca de las llamas, acudieron grupos de soldados y oficiales franceses, que, finalmente, lograron auxiliar al Duque de Angulema y salvar su vida.
Para premiar este valiente comportamiento, la Regencia del Reino decretó la creación de una recompensa con fecha 25 de septiembre de 1823.


Medalla del Incendio del Espíritu Santo
Fuente: miniaturasmilitaresalfonscanovas.blogspot.com.es/

Como se puede apreciar en el modelo, se trataba de una cruz esmaltada en blanco con un medallón central con las armas de la Villa de Madrid rodeadas por la inscripción: "Madrid 20 de julio de 1823". De los cuatro lados del medallón brotan llamaradas que rememoran el incendio.
En el reverso la inscripción: "A los soldados y oficiales franceses que acudieron a salvar al Duque de Angulema del incendio del Espíritu Santo de Madrid".

El convento quedó vacío tras este violento incendio del verano de 1823. Así estuvo durante más de una década hasta que en 1834 la Reina Regente María Cristina ordenó que se habilitara la iglesia del convento para acoger la reunión de las Cortes Generales. Para tal efecto, el edificio se modificó por completo, sobre todo la fachada, donde se construyó un nuevo pórtico de ingreso.
No obstante, en 1837, cuando los progresistas accedieron al poder, entendieron que aquel viejo edifico no era el adecuado para acoger a la cámara popular, por lo que en las Cortes constituyentes de aquel año decidieron la construcción de uno nuevo sobre el solar del antiguo convento.
El 21 de marzo de 1842 comenzó la demolición de la iglesia, y 10 de octubre de 1843 la reina Isabel II puso la primera piedra del nuevo palacio del Congreso de los Diputados, el cual, realizado por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer, fue inaugurado solemnemente el 31 de octubre de 1850.

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