domingo, 18 de marzo de 2018

EL CONVENTO DE SANTA PAULA DE SEVILLA

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Portada de acceso al Convento
Foto: Juanraperalta
El Convento de Santa Paula, habitado por una comunidad de monjas de la Orden de San Jerónimo, se encuentra situado en el interior del centro histórico de la ciudad de Sevilla, a espaldas de la parroquia de San Marcos y muy próximo a otro de los grandes conventos sevillanos, el de Santa Isabel.
​En 1473, el Papa Sixto IV concedió la bula fundacional de un monasterio a la dama viuda doña Ana de Santillán y Guzmán. En 1475, se bendijo la iglesia, construida en unas casas de la fundadora en la collación de San Román, a las que se añadieron otras cercanas.
Hacia 1483 doña Isabel Enríquez, viuda del condestable de Portugal, promovió la edificación de la actual iglesia del convento. En los muros laterales de la cabecera se conservan los sepulcros de doña Isabel, de su esposo el Condestable y de un hermano de ésta, con sus emblemas heráldicos, donde se combinan las armas de los Enríquez y de Portugal.
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Armas de don León Enríquez, hijo de don Pedro Enríquez de Noronha
Foto: JlFilpoC

El sevillanísimo claustro
Foto: José Luis Filpo Cabana
Posteriores reformas y ampliaciones se sucedieron, con particular intensidad en los siglos XVI y XVII. A finales del siglo XX el convento se vio sometido a numerosas obras de restauración y adaptación, entre las que destacan la apertura del museo conventual, el único instalado en una clausura sevillana.
El edificio cuenta con dos entradas desde el exterior, una de ellas abierta a través del compás de los locutorios, que permite llegar a la puerta reglar, las dependencias de las hermanas porteras, el museo conventual y la capilla del Sagrado Corazón. La otra, de acceso a un recoleto compás que lleva hasta la iglesia y otras dependencias de servicio, muestra al exterior una portada de ladrillo que presenta un arco conopial entre baquetones. Entre los dos accesos citados se encuentra la vivienda del capellán.
La airosa y bella espadaña
Foto: Anual
Mención muy especial merece la portada de esta iglesia, una de las más interesantes que se conservan en la ciudad. Finalizada en 1504, en ella se dan la mano el estilo mudéjar con el gótico y aparecen algunos de los primeros elementos decorativos propios del renacimiento. Fue ejecutada por el escultor Pedro Millán con la colaboración del ceramista de origen italiano Francisco Niculoso Pisano, y en ella se combinan el ladrillo agramilado con los arcos apuntados, junto con alfices, flameros y medallones.
El magnífico interior de la iglesia conventual
Foto: José Luis Filpo Cabana
En la actualidad la configuración del recinto conventual es muy compleja, a consecuencia de las diferentes modificaciones y reformas llevadas a cabo a lo largo de su historia. Así, en su interior se combinan construcciones de gran interés arquitectónico con otras muy sencillas de tipo doméstico, que se organizan en torno a amplios espacios vacíos destinados a patios, jardines o compases.
Está considerado como Bien de Interés Cultural siendo declarado Monumento Histórico Artístico perteneciente al Tesoro Artístico Nacional por decreto de 3 de junio de 1931.​

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