SERVUS HISPANIARUM REGIS



lunes, 11 de enero de 2016

LA REBELIÓN DE NÍKA

Mosaic of Justinianus I - Basilica San Vitale (Ravenna).jpg
El Emperador Justiniano I en el célebre mosaico de San Vital de Rávena (Italia)
Un 11 de enero del año 532 de la Era Cristiana, estallaba en Constantinopla la Rebelión de Níka (Στάση του Νίκα). Debió su nombre al grito lanzado por los rebeldes: «Niká», que significa «Victoria» en griego. Los acontecimientos tuvieron lugar en los alrededores de la residencia del emperador Justiniano I.
Los disturbios de Níka estallaron como fruto de una creciente tensión social en el Imperio Bizantino. Una intrascendente discusión entre las facciones rivales "Verdes" y "Azules" (colores con los que competían) sobre las carreras de cuádrigas se transformó en un estallido popular sin precedentes que hizo tambalear el trono de Justiniano I.
Procopio de Cesarea escribía:
La población de las ciudades se había dividido desde hace tiempo en dos grupos, los Verdes y los Azules... sus miembros (de cada facción) luchaban contra sus adversarios... no respetando ni matrimonio ni parentesco, ni lazos de amistad, incluso aunque los que apoyaban a diferentes colores pudieran ser hermanos o tuvieran algún otro parentesco.
Esta rivalidad estaba agravada por un trasfondo político y teológico, pues mientras los Verdes estaban formados mayoritariamente por comerciantes y arrendatarios de servicios y bienes públicos y profesaban el monofisismo, los Azules eran principalmente terratenientes y aristócratas, y practicaban el cristianismo oficial. Justiniano apoyaba a éstos últimos.
La emperatriz Teodora, alma de la resistencia contra los rebeldes, en un conocido mosaico de San Vital de Rávena (Italia)
El momento político también era turbulento, pues Justiniano estaba en medio de una negociación con los persas por la paz y para pagar a éstos y a otros bárbaros, debió establecer amplios impuestos a la ciudadanía, que no fueron bien recibidos.
La revuelta comenzó en el Hipódromo de Constantinopla, donde se encontraban los emperadores, y se fue extendiendo por toda la ciudad, atacando y destruyendo edificios públicos como el Gran Palacio y la iglesia más importante de la ciudad, Santa Sofía (que más tarde debería ser reconstruida por Justiniano).
Plano del distrito palatino de Constantinopla en tiempos de Justiniano
Diseño: Cplakidas
Los rebeldes llegaron a nombrar hasta un nuevo emperador, Hipatio, que era sobrino del antiguo emperador Anastasio I.
Sólo la serenidad de su esposa, Teodora, impidió que Justiniano huyera de la capital y permitió que la rebelión fuera finalmente sofocada por el general Belisario.
El general Belisario en los mosaicos de San Vital de Rávena (Italia)
Tras una semana de violentos disturbios, el emperador rebelde, Hipatio, fue ejecutado. Belisario y Narsés, fingiendo negociar, rodearon a los rebeldes en el hipódromo y los masacraron sin piedad.
Durante la revuelta se calcula que murieron cerca de 30.000 personas.
El triunfo final de Justiniano I le permitió iniciar un vastísimo plan de reformas internas y orientarse hacia la expansión militar en Occidente, con la que trataría de restaurar la vieja unidad del Imperio Romano.

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