SERVUS HISPANIARUM REGIS



lunes, 6 de marzo de 2017

LA REPÚBLICA DE LAS ISLAS JÓNICAS

Bandera
Estandarte de la República de la Islas Jónicas, de recuerdo veneciano
Diseño: Orange Tuesday
La República de las Islas Jónicas o República de las siete islas es el nombre que recibió la entidad formada por las siete islas del mar Jónico: Paxói, Corfú, Leucade, Cefalonia, Ítaca, Zante y Citera (anteriormente pertenecientes a la República de Venecia) situadas entre Grecia e Italia.
El 21 de marzo de 1800, los Imperios Ruso y Otomano acordaron por el Tratado de Constantinopla crear la República Federativa de las Siete Islas. El zar Alejandro I era el protector oficial de la joven república mientras que el Sultán Selim III mantenía la soberanía nominal a cambio de un tributo de 75.000 piastras que debía pagar al Zar cada tres años.
A causa de su importancia estratégica, Rusia envió una fuerza de ocupación a la República que quedó instalada en Leuca, aunque las piezas de artillería de costa seguían bajo la responsabilidad de un funcionario turco designado específicamente por el Diwan.
Ubicación de Islas Jónicas
El espacio geográfico de las siete islas
El poder ejecutivo de la República estaba constituido por un Senado de doce miembros, provenientes de Corfú, Cefalonia y Zante, las tres islas principales, mientras que un Príncipe-Presidente, elegido por el Senado representaba la autoridad suprema. La magistratura estaba en manos de la nobleza así como el resto de los puestos claves. El clero no ejercía más que una autoridad moral sobre el país. 
El griego moderno pasó a ser su lengua administrativa, después de siglos de dominio del italiano. La religión considerada como dominante cambió también: el catolicismo romano fue desbancado por la iglesia ortodoxa griega.
Ioannis Kapodistrias, futuro dirigente de la Grecia independiente, fue uno de los hombres que gobernaron la República. Se encargó de la organización de las islas de Cefalonia, Leuca e Itaca; al tiempo que se le atribuye también la redacción de la Constitución de 1803.
Retrato de Ioannis Kapodistrias
La República de las Siete Islas fue reconocida por Francia, España, la República Bátava y el Reino Unido en el Tratado de Amiens de 25 de marzo de 1802. Pero desde el 10 de octubre de 1801 una de las disposiciones de una convención secreta —cuyo fin era consolidar el Tratado de Lunéville— firmada por Talleyrand en nombre de Francia y por el embajador ruso, el Conde Markov en nombre de Rusia, reconocía y garantizaba la independencia de la República de las Siete Islas y acordaba que no habría más presencia de tropas extranjeras en ellas. Cuando los turcos amenazaron con intervenir para restablecer el orden anterior y dada la animadversión de la población griega de las islas hacia los turcos Talleyrand aconsejó llevar a cabo una intervención francesa.
El 14 de noviembre de 1803 se promulgaba una nueva constitución. Aparentemente más audaz que la anterior, finalmente no resultó ser más que una copia hábil de la primera, conservando los aristócratas todo el poder. Solo la nobleza tenía derecho a voto, siendo las restricciones numerosas. Solo los nobles nacidos en las islas de una unión legítima, cristianos y que dispusieran de unos ingresos importantes o un diploma universitario podían votar. 
Durante ese tiempo Talleyrand exhortó a Napoleón a no intervenir todavía ya que esto podría desencadenar un conflicto europeo. Así, se envió como embajador al general Romieux, un hombre con poca experiencia en la zona. Sus informes fueron pesimistas, debiendo lidiar asimismo con un influyente partido ruso, potencia que había llevado a cambio un sutil juego de alianzas en la zona. El representante del Imperio ruso era el Conde Georges Mocenigo, figura del partido aristocrático, nacido en Zante y de origen veneciano, de una familia de dogos. La desaparición de la República de Venecia le permitió obtener fácilmente la nacionalidad rusa, siendo elegido para el puesto de cónsul del zar con lo que controlaba los poderes en las islas y gobernaba de facto.
La fortaleza y la ciudad vieja de Corfú
Foto: Enrique Íñiguez Rodríguez
Pero hacia 1806 la posición rusa es cada vez menos sólida en las islas. Alí Pashá soñaba con aumentar sus posesiones apoderándose de las islas. Para ello envió a su secretario, Mehmet Guerini a entrevistarse con Napoleón en Tilsit con el fin de conseguir el aval de Francia a sus proyectos. Al mismo tiempo Napoleón ofrecía al zar Alejandro I las islas Jónicas a cambio de su apoyo. 
Finalmente el archipiélago pasaba a formar parte de Francia con la firma del Tratado de Tilsit (1807). En agosto de ese año, el general Berthier llegó a Corfú y anunció al senado que las islas pasaban a estar bajo protección francesa. Nada cambia en el funcionamiento constitucional, administrativo o judicial de la República. Berthier integra dentro de sus tropas regulares a algunos miles de albaneses expulsados del continente por Alí Pachá. El coronel Minot queda encargado de organizar este regimiento albanés que tiene como misión defender las islas, ya que Napoleón ha dado orden de que ningún soldado francés, italiano o napolitano lo hiciese. La experiencia es un fracaso: los albaneses, más habituados a la guerrilla de montaña, no aceptan con facilidad la disciplina militar y se llegaron a amotinar en numerosas ocasiones.
Decepcionado por la actitud francesa en Tilsit, Alí Pachá se dirigió a los británicos para llevar a cabo su proyecto de anexionarse las islas Jónicas, siendo Kapodistrias determinante en el fracaso del proyecto de Alí Pachá. En 1809 Gran Bretaña ocupa las islas a excepción de Corfú, valientemente defendida por el general Donzelot hasta 1814, fecha en la que el recién aprobado Tratado de París coloca las islas bajo protectorado británico. En 1819 el sultán Mahmud II reconoce este protectorado a cambio de la restitución de Parga.
En efecto, mientras el senado de las Islas Jónicas esperaba que el Congreso de Viena devolviera a la república su libertad, ésta es confiada a los británicos, que ejercen un estrecho control sobre las islas. Se adopta el nombre de República de las Islas Jónicas (Ηνωμένον Κράτος των Ιονίων Νήσων). El general Campbell, primer representante inglés en las islas tras el congreso de Viena, anunció que la Corona no reconocería la existencia de un pueblo jónico libre y puso en marcha una serie de tribunales militares para acabar con toda oposición. Su sucesor, Sir Thomas Maitland, adoptó el título de Lord High Commissionner o Gobernador y decidió disolver el senado jónico.
Bandera del Protectorado Británico de las islas Jónicas
Orange Tuesday
Maitland consiguió que una Asamblea Constituyente Jónica adoptase una constitución de la República de las Islas Jónicas en diciembre de 1817. Un senado o Gerusía (Γερουσία) de seis miembros y una asamblea o Bulé (Βουλή) de 42 diputados, gobernaban la República; pero todas sus decisiones estaban sometidas al gobernador británico, quien disponía del derecho a veto (de allí el mote de el Abortador que los griegos de la isla dieron a Maitland). 
El Senado era elegido por los diputados de la Asamblea pero su presidente era designado por el gobernador. La asamblea era aristocrática y elegida por las diferentes islas en función de su población. El gobernador se encargaba de las Relaciones Exteriores, de la policía y de la salud pública. Residía en Corfú y era representado por un funcionario o Residente en cada una de las otras seis islas. Este residente disponía localmente de los mismos poderes del gobernador.
Ni los gobernadores posteriores ni los británicos fueron muy populares entre la población local. Sir Thomas Maitlan es llamado King Tom por los propios británicos, decide que las islas permanezcan neutrales durante la Guerra de Independencia de Grecia, mandando encarcelar a los patriotas griegos y ordenando incluso la ejecución de algunos de ellos. 
Su sucesor Sir Frederick Adam (1824-1835) fue también impopular por sus gastos en bienes de lujo. A pesar de haberse casado con una mujer de Corfu y de convertirse en mecenas del arte, se le reprocha haber llevado las arcas públicas al borde de la bancarrota. 
Sir Howard Douglas (1835-1841) fue uno de los menos impopulares gracias a sus acciones en favor de la economía local y a que obligó a los funcionarios a aprender el griego moderno.
La modernización de las islas (carreteras, puentes, colegios, universidad, hospitales, desarrollo del comercio y de la industria) data del periodo británico. Corfú, Zante y Argostoli cuentan cada una con un colegio y un instituto. Lord Guilford inauguró la Universidad de Corfú el 29 de mayo de 1824 y mandó crear una biblioteca en la isla. Sir Howard Douglas permitió la creación del banco Jónico (que todavía existe) con el fin de incentivar los préstamos a los agricultores locales. El sistema judicial jónico era copia del británico. Los impuestos directos desaparecieron casi en su totalidad, reemplazados por tasas a las importaciones y exportaciones.
Moneda de época del protectorado británico
Foto: Classical Numismatic Group
Una primera tentativa británica de incrementar la autonomía de la república de las Islas Jónicas tuvo lugar bajo el mandato de Lord Seaton (1843-1848), que pensaba que las islas podrían pasar a formar parte del reino de Grecia. Seaton incentivó el desarrollo de la vida política estableciendo la libertad de prensa y convocando elecciones libres. Sin embargo estas reformas no dejaron a nadie satisfecho: el partido pro-inglés le reprochó haber entregado demasiado poder a los griegos, mientras que el partido griego juzgó estas medidas como insuficientes y continuó considerando a los ingleses como opresores. La oposición griega estaba encabezada por Andreas Mustoxidi.
Los acontecimientos de 1848 tuvieron también su reflejo en las Islas Jónicas. Los radicales o Ριζοσπάστες, acaudillados por Vlacco y Nodaro, trataron de poner fin al control británico. El gobernador Sir Henry Wald decretó el estado de emergencia y reprimió todos los movimientos. Sin embargo, para evitar el resurgimiento de este fenómeno, en 1851 se modificó la antigua constitución de 1817 con la intención de aumentar los poderes de las instituciones locales.
La situación no fue aceptada del todo por los gobernadores posteriores. El último gobernador, Sir Henry Stow, resultó tan impopular y dictatorial como King Tom.
En 1864 Gran Bretaña se retira del archipiélago y el 21 de mayo éste pasa a formar parte del reino de Grecia. Está retirada puede interpretarse como un regalo británico por la coronación del nuevo rey de Grecia Jorge I, cuya candidatura fue apoyada por el Reino Unido.
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Postal recordando el cincuentenario de la incorporación de las Islas Jónicas a Grecia

viernes, 3 de marzo de 2017

Iº GALA HOMENAJE NACIONAL A LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO

El sábado 4 de marzo, a las 11´30 horas, y en el recinto del Pabellón Enrique Blas de Collado Villalba (Madrid); tendrá lugar la celebración de la Iª Gala Homenaje Nacional a la Víctimas del terrorismo.
Se trata de un emotivo evento organizado por la Asociación Histórica Guardia Civil con la colaboración del Ilmo. Ayuntamiento de Collado Villaba.
Asistirán 76 asociaciones provenientes de todo el territorio nacional y estarán presentes los colectivos de Víctimas y los alcaldes de los municipios de la Sierra de Madrid.
La gala contará con diferentes alocuciones institucionales, actuaciones musicales y entrega de distinciones.
Una excelente ocasión para mostrar nuestra solidaridad con tantos compatriotas que sufrieron en carne propia el zarpazo cruel del terror. 
Los que nos fueron violentamente arrancados, los que sobrevivieron y sus familias, serán objeto de nuestro homenaje de respeto y cariño.
La imagen puede contener: 1 persona

La Alcaldesa de Collado-Villaba, doña Mariola Vargas, ha destacado que este homenaje que se celebra por primera en la localidad "pretende contribuir a que la voz de las víctimas y de sus familiares se extienda por toda la sociedad, como un ejemplo de valentía y fuerza, valores con los que podemos construir el mensaje de justicia, de libertad y esperanza, frente a la opresión y el totalitarismo que los terroristas quieren imponer".
La Alcaldesa de Collado-Villalba, doña Mariola Vargas y don Francisco Quílez, Presidente de la Asociación Histórica Guardia Civil en la presentación a los medios de la Gala.

miércoles, 1 de marzo de 2017

TAVOLARA, UN MICRO REINO EN EL TIRRENO

Bandera de Tavolara.svg
Bandera del Reino de Tavolara

Por Eliot Stein para BBC Travel

Cercana a las costas del noreste de Cerdeña, la solitaria isla de Tavolara se eleva violentamente desde el mar como una escarpada montaña.

No hay carreteras, ni hoteles y solo posee una extensión habitable de arena blanca. Allí vive Antonio Bertoleoni, conocido como Tonino, expescador de 83 años y dueño del único restaurante de Tavolara. Es, además, el soberano actual de la isla, un lugar que resulta ser el reino habitable más pequeño del mundo, una mini-monarquía de cinco kilómetros cuadrados de extensión.
map.png la isla de Tavolara
Situación de la isla de Tavolara

En 1807, el tatarabuelo de Tonino, Giuseppe Bertoleoni, se convirtió en el primer colono de la deshabitada isla.
Descrito como "mitad pastor, mitad pirata" en el libro "Tavolara, Isla de los Reyes", el inmigrante genovés había contraído matrimonio con dos hermanas y estaba buscando un refugio para escapar de sus cargos por bigamia.
Giuseppe y su pequeño harem pronto notaron que estaban compartiendo la paradisíaca isla con una rara especie de cabras salvajes, que tenían los dientes teñidos de un amarillo dorado por las algas y liquen que consumían.
Una especie rara de cabra salvaje habita Tavolara
Foto: Alamy

Las noticias sobre las cabras de dientes dorados terminaron llegando a oídos del rey de Cerdeña, Carlo Alberto, quien resolvió viajar a Tavolara para cazarlas en 1836. El encargado de guiar las excursiones fue Paolo, el hijo de 24 años de Giuseppe.

"A su llegada, Carlo Alberto se presentó diciendo: 'Soy Carlo Alberto, el Rey de Cerdeña'", afirma Tonino. "Y mi bisabuelo respondió: 'Bueno, yo soy Paolo, el Rey de Tavolara'".

Según Tonino, después de matar varias cabras y tener un festín de tres días en la casa de Paolo, Carlos Alberto quedó tan complacido que antes de zarpar le dijo: "¡Paolo, realmente eres el Rey de Tavolara!".

Broma o no, lo cierto es que, posteriormente, Carlos Alberto confirmó que la lejana isla nunca había sido oficialmente parte del Reino de Cerdeña, enviándole a Paolo un pergamino de la familia real, la Casa de Saboya, que certificaba su estatus como monarquía.

Paolo se apresuró a crear el escudo de armas Bertoleoni, pintándolo en la pared de su casa, dibujó un árbol genealógico real y construyó un cementerio en la isla para él y sus descendientes.
Vista de la isla de Tavolara
Foto: Eliot Stein

A la hora de su muerte insistió en ser enterrado con una corona cementada sobre su lápida, un símbolo de nobleza que nunca usó en vida.
En los años siguientes, las noticias sobre su soberanía se propagaron más allá del Mediterráneo y la minúscula isla terminó contando con un puñado de aliados políticos.
Incluso uno de los padres fundadores de Italia, Giuseppe Garibaldi, fue consejero de confianza de la familia Bertoleoni.
En 1903, el rey de Italia, Vittorio Emanuele III, firmó un tratado de paz con la isla, que entonces contaba con 33 habitantes.

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Tumba de Paolo I en el cementerio de Tavolara
Foto: Mikolaj Kirschke

Cuando coleccionaba fotografías de los líderes mundiales, la reina Victoria le encomendó a un buque de guerra detenerse en la isla para que los oficiales le tomaran una foto a la "familia real" de Tavolara.

Durante años, enmarcada en oro, estuvo en exhibición en el Palacio de Buckingham con la leyenda: "El Reino más pequeño del mundo".
La célebre fotografía  de la Familia Real de Tavolara mandada tomar por la Reina Victoria

Hoy en día una copia gigante cuelga en el restaurante de Tonino que, apropiadamente, se llama "El Rey de Tavolara", adornada con el escudo originalmente diseñado por el Rey Paolo I.

Después de 126 años, la instalación de una base de la OTAN en 1962 puso fin, en efecto, a la independencia del reino, haciendo que una cuarta parte de la isla quedara como zona prohibida para sus escasos residentes.

Sin embargo, al igual que San Marino, Tavolara nunca ha sido anexionada a la Italia moderna y, por lo tanto, Tonino es el quinto monarca en un reino que el mundo ya no reconoce.

Actualmente, cuando no está pescando calamares o trabajando en el jardín frente a su bungalow, su majestad reina sobre once residentes ocasionales, 100 ágiles cabras montesas y algunas especies amenazadas de halcones que vuelan sobre el pico de piedra de caliza de 565 metros que domina la isla.

Durante los pasados 40 años, Tonino se ha dedicado personalmente a escoltar a los visitantes hasta el palacio de la familia, primero con un bote de remos y ahora con un ferry que opera desde el puerto de San Paolo

 
El embarcadero y el restaurante de Tavolara
Foto: Alamy

Podrán tener sangre azul, pero la familia real trabaja duro en Tavolara.

"Mi familia puede haber tenido un hermoso pasado", dice Tonino en voz baja, "pero trabajamos duro y tenemos una vida simple, como todo el mundo".

De hecho, manejar el reino es como una empresa familiar. Mientras el rey y su sobrino, Nicola, capitanean el ferry de verano, el príncipe Giuseppe y la princesa Loredana administran el restaurante de la playa.

Cada mañana el sobrino de Giuseppe, Antonio, se despierta temprano para pescar la mayor parte de las almejas, langostas y peces servidos en las tardes y noches.

lunes, 27 de febrero de 2017

UNA MEDALLA "A LA GRIEGA" DE ELISA BONAPARTE

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Armas de Elisa Bonaparte como Princesa de Lucca y Piombino
Diseño: Sodecan
María Ana Elisa Bonaparte, nació en Ajaccio (Córcega) el 13 de enero de 1770. Fue hija de Carlo Bonaparte y Letizia Ramolino; ocupando el cuarto lugar entre sus célebres vástagos.
Su afilada lengua causó en varias ocasiones problemas con su hermano Napoleón.
Se casó con un noble corso, Félix Pascual Bacciocchi, con apenas 20 años, el 1 de mayo de 1797. La pareja tuvo cuatro hijos Tuvieron cuatro hijos: Félix Napoleón Bacciocchi, Elisa Napoleona, Jerónimo Carlos y Federico Napoleón
Su hermano, Napoleón Bonaparte, la estableció como miembro de la Familia Imperial del Primer Imperio Francés el 18 de mayo de 1804, con el tratamiento de Su Alteza Imperial. 
El 19 de marzo de 1805, Napoleón le nombró Princesa de Lucca y Piombino.
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Elisa Bonaparte en un retrato fechado en 1805
Tras separarse de su esposo, Napoleón le nombró Gran Duquesa de Toscana el 3 de marzo de 1809. Esa dignidad había estado vacante desde la abdicación de Fernando III de Toscana en 1801.
De afilada lengua, sus comentarios causaron en varias ocasiones problemas con su hermano Napoleón.
Elisa fue Gran Duquesa de Toscana hasta el 1 de febrero de 1814, cuando Fernando III fue restaurado en el trono de Florencia.
Desterrado el Emperador a la isla de Elba, residió con él y le envió desde Lucca, gran parte del mobiliario que necesitaba.
Tras la definitiva pérdida de poder de su hermano en 1815, volvió con su marido y se retiró de la vida pública.
Murió en Trieste el 7 de agosto de 1820 y fue enterrada en la Basílica de San Petronio de Bolonia. Fue la única hermana de Napoleón que no lo sobrevivió.
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De su época como Princesa de Lucca y Piombino se conserva una medalla muy original que conmemora la apertura de un camino que unía las ciudades de Lucca y Pisa. 
Se trata de una pieza circular que muestra en su anverso la efigie de Elisa Bonaparte con tiara rica de perlas sobre la cabeza. Le rodea una inscripción en griego en la que se cita su nombre y relación de parentesco con Napoleón. Le rodea una grafila punteada. El conjunto nos recuerda algunas dracmas de las colonias griegas del mediterráneo occidental en la Edad Antigua.
Anverso de la Medalla
Foto: Argentarius coins

El reverso presenta una alegoría de las comunicaciones con una diosa clásica, inspirada en la propia Elisa, que sujeta con su mano izquierda una rueda (transposte) y con la izquierda un caduceo (comercio). Le acompaña un monolito a modo de miliario con un número "4" grabado, indicando la distancia entre ambas ciudades (4 leguas aproximadamente), que recorría la nueva ruta.
En el exergo la expresión italiana "Via da Lucca a Pisa" y el nombre del grabador.

Anverso de la Medalla

Foto: Argentarius coins

domingo, 26 de febrero de 2017

EL MONASTERIO DE KOSTANJEVICA

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El Monasterio de Kostanjevica
Foto: Ziga

Esta semana saltaba la noticia de las declaraciones del pretendiente al trono francés don Luis Alfonso de Borbón (Louis XX), con motivo de su visita al Monasterio de Kostanjevica. En ellas, afirmaba no ser partidario de que los restos de Su Majestad Cristianísima Carlos X de Francia y de su familia, fueran trasladados del recinto abacial a tierras galas, en tanto en cuanto no se produjera la restauración monárquica en la patria de los Borbones.
Hoy vamos a conocer un poco más sobre este monasterio franciscano.
El Monasterio de Kostanjevica (Samostan Kostanjevica//Monastero di Castagnevizza) está edificado en la localidad eslovena de Pristava, cerca de Nova Gorica.
El recinto monacal y su Iglesia de la Anunciación de la Virgen se ubican en lo alto de una pequeña colina a tan sólo unos 200 metros de la frontera con Italia. 
Su fundación se remonta al año 1623 cuando los carmelitas, con ayuda del conde Mattia della Torre, lo erigen bajo la advocación de la Anunciación de María. 
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Grabado de 1660 mostrando el Monasterio
Pronto fue ampliado con la construcción de una capilla mon´ástica destinada a acoger a los peregrinos procedentes del Friuli y del Goriziano il santuario. En 1785 los carmelitas abandonaron el monasterio por orden del emperador austriaco José II, en aplicación de su política supresora de conventos.
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Vista general del Monasterio y su agradable entorno natural
Foto: Viator Slovenicus
En 1811 fue reabierto por frailes franciscanos que adquirieron además su gran biblioteca de 10.000 volúmenes. 
Durante la Primera Guerra Mundial la iglesia resultó gravemente dañada a consecuencia de la Batalla del Isonzo. En 1918 el conjunto monacal así como la región de Gorizia, entraron a formar parte del Reino de Italia. 
En 1947 el territorio pasó de Italia a Yugoslavia, cambio que implicó también su salida de la Archidiócesis de Gorizia y Gradisca y su adscripción a la de Capodistria. 
La frontera provisional italo-yugoslava y el Monasterio
Foto: Stan Dalone
En la actualidad, la Biblioteca del monasterio está dedicada a la memoria del lingüista esloveno Stanislav Skavec, quien vivió e investigó en el monasterio durante más de cuarenta años. El la citada Biblioteca se conservan libros de los siglos XVI al XIX, entre ellos la primera gramática eslovena de Adam Bohoric con la dedicatoria del propio autor. Fue declarada en 1985 Monumento Histórico y Arquitectónico de Yugoslavia y entró a formar parte del Patrimonio Cultural protegido de Eslovenia desde 1992.
En la cripta de la Iglesia del monasterio se encuentran las tumbas de siete miembros de la Casa de Borbón de Francia, que se establecieron en Gorizia como lugar de exilio tras la Revolución de 1830:
Su Majestad Cristianísima Carlos X, Rey de Francia 
Enrique de Borbón, Delfín de Francia
Pierre Louis jean Casimir de Blacas
Luis Antonio de Borbón, Delfín de Francia 
Luisa María de Borbón
María Teresa de habsburgo Este
y María Teresa de Francia, Delfina de Francia
Las tumbas reales de Carlos X y su familia
Viator Slovenicus

viernes, 24 de febrero de 2017

LA MEDALLA DEL TRATADO DE ADRIANÓPOLIS

Puerta del Triunfo de Moscú para conmemorar las victorias rusas sobre los otomanos
Foto: Eugeni Geraschenko
El Tratado de Adrianópolisfirmado el 14 de septiembre de 1829, fue un acuerdo de paz por el cual se ponía fin a la guerra ruso-turca de 1828-1829, y en la que Rusia había conseguido importantes victorias en el Cáucaso y los Balcanes.
El conflicto se originó por la intervención de Rusia, Reino Unido y Francia en la Guerra de Independencia de Grecia.  
En octubre de 1827, una flota aliada franco-ruso-británica destruyó la armada turco-egipcia en la batalla de Navarino. Aprovechando la derrota turca, Rusia declaró unilateralmente la guerra al Imperio Otomano en abril del año siguiente, e invadió Armenia y las regiones danubianas, mientras las tropas francesas expulsaban a los turcos de Morea. 
Mientras tanto, las potencias aliadas se reunieron en la Conferencia Internacional de Londres (1827-1832), en la cual se fijaron las nuevas fronteras del Imperio Otomano, reconociendo la independencia griega sin el acuerdo de Turquía. 
Entretanto, las operaciones bélicas continuaron: la armada rusa había conquistado Adrianópolis (1829), dejando libre el camino del Danubio. 
Acosada desde todos los frentes y consumada su derrota militar y política, Turquía tuvo que pedir la paz, que se firmó en Adrianópolis en 1829. 
La cláusula principal del Tratado concedía a Grecia la independencia total frente al Imperio Otomano. En otras cláusulas se obligaba a los turcos a ceder a Rusia las islas situadas en la desembocadura del Danubio, la franja caucásica de la costa del Mar Negro, y a permitirle utilizar el paso del estrecho de los Dardanelos. Asimismo, el Imperio Otomano reconoció la soberanía de Rusia sobre Georgia, la autonomía de Serbia y la autonomía del Principado de Moldavia y del Principado de Valaquia (garantizando su prosperidad, y la plena "libertad de comercio") bajo la supervisión de Rusia.
Incorporaciones rusas tras los Tratados de Turkmanchai y Adrianópolis
Diseño: Ion Cepleanu
Para conmemorar este victorioso Tratado, se acuñó en Rusia una bella medalla que es hoy objeto de nuestro comentario.
Se trata de una pieza circular de bronce, en cuyo anverso se muestra la efigie del zar Nicolás I, con patilla y barba "a la rusa", coronado de laurel al modo de los antiguos césares.
Le rodea una inscripción latina con su nombre y título: "NICOLAUS I TOTIUS RUSSIAE IMPERATOR". Bajo el cuello, el nombre del grabador.
Anverso de la Medalla

El reverso presenta una alegoría del Tratado en el que Rusia ofrece el olivo de la paz al Gran Turco, mientras ondean triunfales los estandartes rusos y yacen por el suelo las banderas otomanas.
Acompañan a las dos figuras alegóricas sus respectivos escudos, águila bicéfala y creciente. Todo ello recortado sobre un fondo urbano y acompañado de la inscripción latina: "PAX DATA TURCIS PETENTIBUS" ("La paz fue dada a los turcos que la pedían"). En el exergo el lugar y la fecha del Tratado: "HADRIANOP.(olis). D.(ies) II SEPT(embris). ST.V MDCCCXXIX"
Reverso de la Medalla

miércoles, 22 de febrero de 2017

NOVENTA AÑOS DE LA ACADEMIA GENERAL MILITAR DE ZARAGOZA

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Escudo de la Academia General Militar
Diseño: Heralder

La Academia General Militar es el centro de formación superior del Ejército de Tierra Español. Tiene su sede en la ciudad de Zaragoza y se encarga de la formación inicial de los futuros oficiales de las Armas y Cuerpos del Ejército de Tierra, así como de los oficiales de la Guardia Civil.
El centro tiene como antecedente la Academia General Militar creada durante el reinado de Alfonso XII en 1882 y que tenía por sede el recinto de El Alcázar de Toledo. Se trata pues de su Primera Época, que se extendió desde 1882 a 1893, fecha ésta última en que fue disuelta, pasando cada una de las Armas y Cuerpos a disponer de centros de formación independientes.
En 1927, durante el reinado de Alfonso XIII y bajo la Dictadura de Primo de Rivera, se recupera la figura de este centro superior que se establece en la ciudad de Zaragoza. El Dictador había llegado a la conclusión de que una de las razones de las disensiones existentes dentro de los Ejércitos, el sistema de ascensos por estricta antigüedad o considerando también los méritos de guerra, se debía a la inexistencia de una academia donde se formasen los oficiales de los cuatro cuerpos (hasta entonces, había Academias de Infantería en Toledo, de Artillería en Segovia, de Caballería en Valladolid y de Ingenieros en Guadalajara), por lo que decidió restablecerla en febrero de 1927. 
Tras el Desembarco de Alhucemas (1925), Primo de Rivera había desarrollado un gran aprecio por el General Franco, militar con gran prestigio tras las campañas de África y cofundador del Tercio de Extranjeros junto a José Millán Astray. Por Real Decreto del 4 de enero de 1928, se le nombró primer Director de la Academia General Militar en esta Segunda Época.
El general don Miguel Primo de Rivera
A la llegada de la Segunda República, en el marco de las reformas militares impulsadas por el Ministro de la Guerra del gobierno provisional, Manuel Azaña, se cierra el centro (Orden de 30 de junio de 1931). Azaña dudaba de la eficacia del tipo de instrucción impartido en la Academia y también creía que su coste era excesivo en un momento en el que se pretendía disminuir el gasto militar. Los oficiales más conservadores, antirrepublicanos, interpretaron la clausura de la Academia como un golpe al espíritu de cuerpo del Ejército, al ser la Academia el único centro donde militares de todas las ramas estudiaban juntos. Franco quedó desolado y tras el fin de la Guerra Civil reinstauraría la institución. 
Mientras, obedeciendo las órdenes de Azaña cerró la Academia, no sin antes reunir a todos los cadetes y arengarles en un discurso de despedida que ha pasado a la historia y en el que les advertía que, aunque no gustara la orden de cierre, su deber era obedecerla.
La receta de Franco para el sexo seguro
El general Franco en su discurso de despedida en 1931
Foto: ABC
Al concluir la Guerra Civil y reorganizarse los estudios militares en España, volvió a inaugurarse la Academia General Militar por decreto de 27 de septiembre de 1940, siendo Ministro del Ejército el Teniente General Varela.
Acto en el Patio de Armas de la Academia General
Foto: Centro Universitario de la Defensa

En 1942 ingresan los primeros 170 alumnos de la que será Iª Promoción de esta Tercera Época, que llega hasta nuestros días. Se eligieron para ello los antiguos edificios construidos durante la Segunda Época en Zaragoza, ubicados en las cercanías del campo de maniobras de San Gregorio. 
Fue nombrado como primer Director de la Academia en esta Tercera Época el General Francisco Hidalgo de Cisneros. 
Como alumnos en esta Tercera Época han recibido formación en la General de Zaragoza S.M. el rey don Juan Carlos I, alumno de la XIVª Promoción, entre los años 1955 a 1957; y S.M. el rey don Felipe VI que lo fue con la XLIVª Promoción, entre 1985 y 1986.
Hoy en día la Academia General Militar acoge a los alumnos (caballeros y damas cadetes) que serán los futuros oficiales del Ejército de Tierra de España, de forma similar a la Escuela Naval Militar (Marín-Pontevedra) y la Academia General del Aire (San Javier-Murcia).
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Su Majestad el Rey, don Felipe VI presidió los actos conmemorativos
Foto: Europa Press