SERVUS HISPANIARUM REGIS



miércoles, 3 de diciembre de 2014

LA MEDALLA HERCÚLEA DE CARLOS IX DE FRANCIA

Carlos IX de Francia retratado por François Clouet
Carlos IX de Francia, nació en Saint Germain en Laye el 27 de junio de 1550.
Fue el tercer hijo varón y el quinto de los diez hijos de Enrique II, Rey de Francia, y de Catalina de Médicis. Bajo su reinado, Francia se desgarraba por las guerras de religión, a pesar de todos los esfuerzos realizados por Catalina de Médicis por impedirlo. Sucedió a su hermano mayor Francisco II, desaparecido prematuramente tras un año y medio de ceñir la corona.
Durante los diez años que hubo que esperar para iniciar su reinado personal, la regencia fue confiada a su madre Catalina de Médicis, quien gobernó hasta la mayoría de edad del Rey con Antonio de Borbón como Teniente General del Reino. 
Finalmente, Carlos IX fue consagrado rey de Francia el 15 de mayo de 1561 en la catedral de Reims.
Tras la masacre de Vassy el 1 de marzo de 1562, los protestantes tomaron las armas liderados por el Príncipe de Condé. Tras breves éxitos, fueron derrotados en Dreux por el Duque de Guisa el 19 de diciembre de 1562. Louis de Condé fue hecho prisionero, en tanto que el jefe del ejército católico, Montmorency, fue capturado por los hugonotes protestantes. El 4 de febrero de 1563, el duque de Guisa comenzó el sitio de Orléans pero falleció el 24 de febrero por tres disparos en la espalda. 
Grabado representando la batalla de Dreux
El 19 de marzo, con el tratado de Amboise se alcanzó una primera paz frágil. El 19 de agosto de 1563, Carlos IX fue declarado mayor de edad, pero la reina madre siguió ejerciendo el poder en su nombre. 
Los hugonotes protestantes, fueron derrotados en Saint Denis por el condestable Montmorency (1567), en Jarnac y en Moncontour por el duque de Anjou. En 1570 se firmó La Paz de Saint Germain. Catalina de Médicis aceptó la readmisión de los protestantes en la administración pública, así como la libertad de culto en privado.
En 1570 Carlos IX se casó con Isabel de Austria, hija de Maximiliano II, emperador romano-germánico, y de Maía de Austria, Infanta de España. De esta unión nació una hija que murió a los seis años: María-Elisabeth de Francia.
Carlos IX y su esposa Isabel de Austria en un libro de horas de Catalina de Médicis
Carlos IX tuvo un hijo bastardo con su amante María Touchet, dama de Belleville, llamado Carlos de valois Angulema, Conde de Auvergne y después Duque de Angulema. También tuvo dos hijos bastardos con Isabel Rangel, hija de los Condes de Coimbra (Portugal), con la cual llego a realizar una boda sin caracter legal. Isabel Rangel actuaba como esposa del Rey a todos los efectos dentro de la corte francesa.
El matrimonio de la hermana del rey Margarita, la reina Margot, con un joven Príncipe protestante, el Rey de la Navarra francesa (después Enrique IV de Francia), pareció ser el principio de una reconciliación duradera, pero unos días después de celebrado el matrimonio tuvo lugar un atentado contra uno de los líderes del partido de los hugonotes, Gaspar de Coligny.
Creyendo que era un levantamiento, y tras escuchar los consejos de su madre, Catalina de Médicis, Carlos IX decidió la eliminación de todos los cabecillas hugonotes protestantes a excepción hecha de los Príncipes de sangre real: Enrique de navarra y el Príncipe de Condé. Esta decisión desembocará en un terrible acontecimiento: la Matanza de San Bartolomé (24 de agosto de 1572), que conllevó asimismo la matanza de los protestantes en todas las ciudades de Francia. Este hecho repercutió muy desfavorablemente en la reputación del Rey. 
Representación de la "Matanza de San Bartolomé"
Durante mucho tiempo Carlos IX fue considerado como un rey fanático que alentaba los asesinatos. Los romances y la tradición popular hicieron correr el rumor de que el propio rey había disparado desde las ventanas del Louvre contra los protestantes. 
Carlos IX terminó por conceder la libertad de culto a los protestantes en las ciudades de La Rochelle, Cognac y Montauban, aunque no en París. Este hecho dio lugar a la cuarta guerra de religión. La paz se firmará nuevamente en Boulogne, en julio de 1573.
El almirante Gaspar de Coligny
La salud física y mental del rey fue siempre delicada y empeoró tras estos dramáticos acontecimientos. Se fomentó una conspiración contra él y contra su madre a fin de poner en el trono a su hermano François d´Alençon, conspiración que fue descubierta por Catalina de Médicis. Estos sucesos acabaron por debilitar mucho más al rey, que buscó refugio en el Castillo de Vincennes. Su estado se agravó y finalmente se produjo su muerte el 30 de mayo de 1574. Para acallar los rumores sobre de un posible envenenamiento, Ambroise Paré le hizo la autopsia al día siguiente y certificó que el rey había muerto de una pleuresía que desembocó en una neumonía tuberculosa.
Durante su reinado fue aprobada una propuesta de Michel de l´Hospital, la Ordenanza de Moulins de 1566, que regulaba las sucesiones y declaraba el dominio inalienable del rey. Carlos IX, que había recibido lecciones de Jacques Amyot, era culto y le gustaba escribir. Existen unos graciosos versos y un "Tratado de la Casa Real", publicado por vez primera en 1625.
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Como homenaje laudatorio a Carlos IX por sus partidarios católicos, se procedió a la acuñación de una medalla en bronce en la que se representaba al monarca como un nuevo Hércules capaz de remover todos los obstáculos que los hugonotes ponían a su reinado.
La pieza que hoy presentamos es una reacuñación del modelo original, pero guarda fielmente todas las características del modelo primigenio.
El anverso presenta la efigie del rey Carlos IX ataviado con armadura de guerra, gorguera al cuello y, sobre la cabeza, corona de laurel con ínfulas al modo de los emperadores romanos.
Le rodea la inscripción latina: "Carolus. IX. D(ei).G(ratia). Francor(um). Rex."
Anverso de la Medalla Hercúlea
Foto: antiqu.arts
El reverso, que da nombre a la medalla, presenta una alegoría de Hércules, ataviado como un guerrero griego, arrancando las Columnas (de Hércules) y cargando una de ellas a su espalda. En el suelo un carcaj con flechas, un arco y dos ramas de laurel.
Le rodea la inscripción latina: "Maior. Erit. Hercule.", en la que se considera a Carlos IX mayor en mérito que el mítico Hércules.
Reverso de la Medalla Hercúlea
Foto: antiqu.arts

martes, 2 de diciembre de 2014

EL GRAN CAPITÁN, VIRREY DE NÁPOLES

Armas del Gran Capitán
Diseño: Paliano

Sobradamente conocido por sus grandes cualidades de táctico y de estratega, Don Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, fue también Virrey de Nápoles en nombre del rey Fernando el Católico.
Esta nueva etapa de su vida comenzó tras la victoriosa batalla de Garellano y la rendición de los franceses en Gaeta. Nápoles quedaba para la Corona de Aragón.
Don Gonzalo Fernández de Córdoba
Terminada la guerra, Don Gonzalo Fernández de Córdoba gobernó como virrey de las tierras napolitanas durante cuatro años, con toda la autoridad de un soberano. Fue instrumento del envío a España como prisionero en 1504 de César Borgia, hijo del Papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) para su custodia en la fortaleza de Chinchilla.
Pero César Borgia logró escapar en 1506 a Navarra. Allí pasó a ser nombrado Condestable de Navarra por su cuñado el rey consorte Juan III de Albret, marido de la reina titular de Navarra Catalina I, quienes luchaban por evitar la absorción de su pequeño reino por una coalición castellano-aragonesa. César Borgia acabaría perdiendo la vida en la batalla de Viana en marzo de 1507. Los beamonteses navarros verían más de un 80% del territorio del reino incorporado a los dominios de Fernando II de Aragón y de su nueva y joven esposa Germana de Foix en 1512 tal como propugnaban y en el interregno 1516-1520, a los de su nieto Carlos I.
Recreación de la figura del Gran Capitán 
Foto: www.elgrancapitan.org
A la muerte de Isabel la Católica, el rey Fernando se hizo eco de ciertos rumores que acusaban a Gonzalo Fernández de Córdoba de apropiación de fondos de guerra durante el conflicto italiano, lo que unido a los temores de que se hiciese independiente gracias a la gran fama y notoriedad adquiridas, acabó con su destitución del mando, y aunque no está demostrado que le pidiese cuentas, Gonzalo, para justificar que lo que se decía de él no era cierto, presentó unas cuentas que se conservan en el Archivo General de Simancas. El detalle de las mismas era tal, que han quedado como ejemplo de meticulosidad en la lengua popular o también para una explicación pedida por algo a la que no se tiene derecho.
La tradición propone la respuesta de Don Gonzalo al rey Fernando, "las cuentas del Gran Capitán", de las que hay varias versiones; la más común diría:
Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados.
Pese a sus deseos de volver a Italia, el Gran Capitán no fue llamado a ocupar un nuevo mando en esas tierras. Don Gonzalo entonces, se retiró a Loja (Granada) donde murió en 1515. Sus restos reposan para la eternidad en una cripta del Real Monasterio de San Jerónimo de Granada. Junto al altar, su escultura orante aguarda la consumación de los tiempos.
Lápida de acceso a la cripta de San Jerónimo conteniendo un bello epitafio latino en el que se glosan los méritos del Gran capitán
Foto: Macucal
El Gran Capitán fue un genio militar excepcionalmente dotado, que por primera vez manejó combinadamente la infantería, la caballería, y la artillería, aprovechándose del apoyo naval. Supo mover hábilmente a sus tropas y llevar al enemigo al terreno que había elegido como más favorable. Revolucionó la técnica militar mediante la reorganización de la infantería en coronelías (embrión de los futuros tercios). Idolatrado por sus soldados y admirado por todos, tuvo en su popularidad su mayor enemigo.

lunes, 1 de diciembre de 2014

LA ORDEN DE NICHAN EL ANOUAR

Mapa del actual Djibouti
Imagem: www.ducksters.com

La Orden de Nichan el Anouar (Orden de las Luces) fue una antigua orden al mérito colonial propia del Territorio de Obock, la Costa Francesa de los Somalíes, llamado Territorio Francés de los Afars y los Issas, actual República de Djibouti.
Fue oficialmente instituida en octubre de 1887 por el sultán de Tadjourah, Ahmed Mohammed, «con el objeto de perpetuar el recuerdo del feliz momento en el que él y su pueblo se pusieron bajo la protección de la gloriosa Francia».
Nómada de la etnia Afar vestido con el tradicional taqiyah
Foto: Middayexpress
Fue inmediatamente reconocida por el Gobernador francés del Territorio de Obock, Léonce Lagarde, con la condición de que ninguna insignia concesión pudiera ser hecha sin su consentimiento y la proclamación por parte del Sultán de que la esclavitud había quedado abolida. Bajo ambas bases fue reconocida como orden extranjera por el gobierno de Francia el 17 de julio de 1888.
El general Louis Faidherbe fue el primer condecorado con la Orden de Nichan El Anouar.
Se estableció también que el presidente de la República Francesa fuera premiado con la Gran Cruz tras acceder al cargo.
El asentamiento colonial francés de Obock en 1890
Par los decretos de 10 y 23 de mayo de 1896, el Presidente de la República, Félix Faure, la transformó en una orden francesa y designó a la Cancillería de la Legión de Honor para que fuera ella quien expidiera los diplomas.
El 1 de septiembre de 1950 se cambió su nombre por el de Orden de la Francia de Ultramar.
El 3 de diciembre de 1963 fue remplazada por la Orden Nacional de Mérito tras la creación de ésta.
Pero el 26 de junio de 1974, un Decreto local del territorio Francés de los Afars y de los Issas, recuperó la Orden de Nichan El Anouar, «destinada a recompensar a aquellas personas de nacionalidad francesa y extranjeras que hubieran prestado servicios distinguidos al Territorio».
Se organizaba en cinco grados: Gran Cruz, Comendador con placa, Comendador, Oficial y Caballero.
Entre 1896 y 1933, recompensaba la estancia de tres años en los territorios de la Somalia Francesa. A partir de 1934, era necesario tener al menos 29 años y haber pasado al menos nueve años en ultramar. Ocasionalmente podía ser concedida a aquellas personas que hubieran prestado relevantes servicios a la expansión colonial francesa.
Mercado en el centro histórico de Djibouti
Foto: Charles Roffey
La insignia es una estrella de diez puntas que alberga entre sus rayos otras diez estrellas doradas de cinco puntas cada una. Su centro está presidido por una estrella dorada de cinco puntas sobre un círculo de esmalte azul rodeado por una corona circular de esmalte rojo cargada con una inscripción en árabe. Sobre ella una corona real rematada por una media luna con la que se une a la anilla de suspensión.
Venera de Comendador de la Orden
Foto: Padawane
Placa de Caballero Gran Cruz
Foto: www.france-phaleristique.com
Cinta de Caballero de la primera época (1887-1899)
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Cinta de Caballero Gran Cruz de la segunda época (1899-1963)
Boroduntalk