SERVUS HISPANIARUM REGIS



jueves, 13 de enero de 2011

LOS MONARCAS CREADORES DE LAS ÓRDENES HACHEMITAS DE JORDANIA (I)

Husayn ibn Ali (en árabe, حسین بن علی), nombre también transcrito como Hussein, Husein, Husain, etc., nació en Estambul (Imperio Otomano) hacia 1865. Era miembro del linaje de los hachemitas y como tal ostentó el cargo de Jerife de La Meca, dignidad cuyos orígenes se romontaban al siglo X y que tradicionalmente había estado ligada siempre a los hachemitas. Esta responsabilidad implicaba el buen gobierno de los Santos Lugares del Islam (La Meca y Medina) y, por extensión, de todo el Hezjad. A causa de las intrigas del sultán otomano Abdul Hamid II en relación al gobierno de esos santos lugares, que se traducía en una relación de tira y afloja con los hachemíes, Husayn permaneció dieciocho años retenido, esto es, honorablemente cautivo en Estambul, antes de ser enviado al Hedjaz en 1908 como gobernante.


Archivo:Sharif Husayn.jpg
Al estallar la Primera Guerra Mundial, Lord Kitchener, secretario de Estado británico para la guerra, contactó con Husayn a través del Alto Comisiona Británico en El Cairo, Henry MacMahon, quien hizo llegar al Jerife un mensaje en el que se le invitaba a aliarse con los británicos en el recién desencadenado conflicto: «Si la nación árabe se coloca a su lado en esta guerra, Inglaterra la garantizará contra toda intervención exterior en Arabia y dará a los árabes toda la ayuda necesaria contra una agresión extranjera». Este primer mensaje derivó en un célebre intercambio epistolar entre el Jerife y el Alto Comisionado en el cual se preparó la rebelión árabe contra los otomanos, que debía coordinarse con los intereses bélicos británicos a cambio del reconocimiento aliado de un Estado árabe independiente en los territorios árabes de Asia una vez liberados del dominio turco, esto es, desde la actual Siria hasta el Yemen.
En 1916 estalló la Rebelión Árabe. Las tropas rebeldes liberaron La Meca y acabaron con la importante guarnición otomana de Medina al tiempo que cortaban la línea de ferrocarril que servía para el transporte de tropas otomanas; de este modo, el Hedjaz quedó libre del poder turco y se convirtió en Reino. La rebelión siguió hacia el norte capitaneada por dos de los hijos del Jerife: Faysal y Abd-Allah.

Todos estos sucesos nos traen a la memoria la grandiosa película "Lawrence de Arabia", de David Lean, ganadora de 7 Oscar en 1962, y en la que se cuentan los pormenores del primer contacto entre el aventurero y militar británico con los árabes, la rebelión de los pueblos del desierto, la toma de Aqaba a los turcos y la ocupación de Damasco.
Las interpretaciones magistrales de Peter O´Toole y Omar Sharif, Alec Guinness y Anthony Quinn, así como la bellísima banda sonora, siempre nos recordarán esta inmortal historia.


Husayn fue nombrado no sólo rey del Hedjaz, sino rey del país de los árabes (malik bilād al-`arab), en consonancia con el proyecto de crear un reino unificado en todos los territorios árabes liberados por los rebeldes. Este título hizo que se reavivara su conflicto con la familia de los Ibn Saud o saudíes, gobernantes del vecino sultanato del Nejed, en la Arabia central y cabeza de la militarizada secta fundamentalista de los wahhabíes. Los saudíes tenían como vieja aspiración la de hacerse con el control del Hedjaz, y se había intensificado tras la construcción de la vía férrea que unía la zona con Damasco, aumentando el comercio y el flujo de peregrinos.

Archivo:Hijaz.png

Las promesas de reconocimiento de un Estado árabe hechas por Henry MacMahon fueron, sin embargo, falsas, ya que al tiempo que el Alto Comisionado las formulaba, Gran Bretaña y Francia preparaban en secreto el reparto de Oriente Medio que cristalizaría en los Acuerdos Sykes-Picot de mayo de 1916. De este modo, aunque el Estado árabe llegó a ver la luz de manera precaria, con capital en Damasco, su proceso constituyente fue torpedeado y finalmente, en 1920, tropas francesas y británicas hicieron efectivo el reparto de la zona entre ambas potencias. Faysal y Abd-Allah fueron coronados reyes, respectivamente, de Irak y Transjordania, dos Estados creados artificialmente por el Reino Unido de acuerdo a sus intereses de división territorial. El tercer hijo del Jerife, Alí, se quedaba en el Hedjaz como futuro sucesor de Husayn al frente del país. El Hedjaz no entraba dentro de los planes de reparto territorial, con lo que la independencia del Reino iba a ser, en principio, respetada por las potencias. Sin embargo, el Sultán del Nejed, Abd-el-Aziz ibn Saud, antiguo aliado de los británicos, aprovechará el final del conflicto mundial para dar un nuevo impulso al viejo expansionismo saudí hacia el Hedjaz. Los saudíes conquistaron y se anexionaron en 1919 dos oasis que les servirían de base para la conquista del resto del Hedjaz. Gran Bretaña rechazó ayudar a su reciente aliado, el rey Husayn, manteniendo una política de neutralidad en el conflicto interárabe.
En plena guerra entre el Hedjaz y los Ibn Saud, se proclama en la nueva Turquía la república de Mustafá Kemal Ataturk y es abolido el Califato el 3 de marzo de 1924. Husayn aprovechó estos hechos para proclamarse a sí mismo Califa ya que como hachemí era por tanto descendiente directo de Mahoma. Esta asunción del califato no obtuvo mucho eco entre los musulmanes, pero fue considerado una provocación por los fundamentalistas saudíes, quienes intensificaron las hostilidades y se hicieron con el control definitivo del Hedjaz ese mismo año 1924.

Archivo:Arab Revolt flag.svg

Husayn se exilió a Ammán, capital del reino de su hijo Abd-Allah, Transjordania, donde siguió usando el título califal hasta su muerte, acecida en 1931.

Archivo:Vista de Amán.jpg

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