SERVUS HISPANIARUM REGIS



miércoles, 12 de diciembre de 2012

JOSÉ BORJES, UN ESPAÑOL AL SERVICIO DE FRANCISCO II



José Borjes (Josep Borges) nació en Vernet (Artesa de Segre - Lérida) en 1813.  Era hijo de un oficial del ejército español que combatía a los franceses en la Guerra de Independencia (1808-1814).
Bajo los auspicios de su padre, se formó en los ideales antijacobinos. En su juventud, se alistó en el ejército carlista, llegando a ser comandante de brigada en 1840. En el transcurso de ese conflicto armado su padre fue fusilado por los isabelinos. Después de la derrota de los carlistas, Borjes se exilia en Francia
Volvió a España durante la Sugunda Guerra Carlista (1846-1848) y nuevamente en 1855.
Regresa de nuevo a Francia y en 1860 se determinó a ir a Roma para servir en el ejército del Papa.
Durante su estancia en Francia, conoció a algunos agentes borbónicos de las Dos Sicilias enviados por el general Thomas Clary, quienes le propusieron servir al gobierno borbónico en el exilio, quien le proveería de armas y dinero. Borjes aceptó la oferta.


El busto del general Borjes en Tagliacozzo. En la placa se puede leer: "El último general de Francisco II". Fuente: www.marsicalive.it

Según lo previsto en el acuerdo, Borjes tenía el objetivo de unir a la población del sur de Italia nuevamente bajo la autoridad del Rey Francisco II, siendo sus puntos principales los siguientes:

1. Proclamar en Calabria la autoridad del legítimo rey  S.M. Francisco II de Borbón.
2. Ocupación del mayor número posible de lugares tomado en ellos las precauciones militares más adecuadas y restableciendo el poder militar y civil de S.M. Francisco II, nombrando alcaldes, diputados ... siempre escogiendo hombres de una completa devoción al Rey y la Religión.
3. Creación de batallones de cazadores y de infantería de línea  entre los soldados desmovilizados y los voluntarios nacionales y extranjeros
4. Desarrollar operaciones militares que permitan liberar Calabria.
5. Nombrar a los gobernadores de las provincias, restaurar la justicia ordinaria y utilizar todo el dinero necesario para las operaciones militares
6. Difundir la proclama del General Clary en la que prometía una amnistía general para todos los delitos políticos.

El general Borjes, con un grupo de combatientes, comenzó su misión saliendo de Marsella, recaló en Malta y luego desembarcó en el Cabo Teulada, Calabria.
Aquí Borjes empezó a dudar de las promesas hechas por Clary, pues se encontró con tan sólo unas pocas personas que lo esperaban, pero a pesar de ello, siguió adelante.
En la noche del 13 al 14 de septiembre de 1860 desembarcarcó en la playa de Brancaleone para pasar a Precacore, donde se le unieron una veintena de voluntarios al grito de "Viva Francesco II!", y luego a Caraffa, donde se produjo el primer enfrentamiento con la Guardia Nacional.
Borjes y sus voluntarios se unieron a la partida de "Don" Fernando Mittica, que constaba de 120 hombres, junto a los que sostuvo duros combates (Plati, Cimina) contra los piamonteses, pero la alianza duró poco tiempo.

File:Borges.jpg
El General Don José Borjes
Fuente: www.adsic.it

En el mes de octubre, desembarcó en Basilicata para unirse al jefe de una de las partidas más temidas en ese período, la de Carmine Crocco. El general catalán fue recibido por Crocco y sus hombres en el bosque de Castel Lagopesole. Los pactos previstos debían convertir su banda en un ejército regular, utilizando tácticas militares precisas y lograr la recluta de nuevos combatientes con los que reconquistar Potenza, la más importante plaza fortficada de la región en manos de los piamonteses.
Crocco, aunque entrado en este acuerdo, no confiaba en Borjes desde el principio, temiendo que iba a desarticular las partidas, haciéndose con los territorios hasta entonces bajo su poder. Era la constatación de la divergencia de opiniones entre el héroe político y militar carlista y el ex pastor ladrón-, el primero fue un luchador romántico cristiano movido por un ideal de justicia política, mientras que al otro le movía una sed cruel y atávica por la justicia social.
Estipulado el pacto, Crocco y Borjes lograron poner sobre las armas un ejército con el que lograron importantes victorias (Trevigno, Castelmezzano, Caliciana, Garaussa, Calandra, Alliano) , pero no lograron apoderarse de Potenza.
Los piamonteses comenzaron a preocuparse seriamente por estas acciones guerrilleras en las que veían el posible comienzo de un levantamiento general. Por ello movilizaron a la Guardia Nacional de numerosas localidades y comenzaron a enviar tropas de refresco para combatir a los que ellos denominaban despectivamente "bandidos" ("briganti").
Las acciones militares habían desgastado considerablemente a los combatientes legitimistas, que se vieron reducidos a un corto número de efectivos.
Crocco decidió retirarse a Monticchio, rompiendo su alianza con Borjes. El general, amargado por su decisión, optó por trasladarse a Roma para informar al rey Francisco II del incidente.


Grabado representando al general Borjes

 
Próximos a la frontera con los Estados Pontificios, entre los Abruzzos y el Lazio, ordenó a sus hombres tomar un descanso durante la noche fría y con nieve del 7 al 8 de diciembre 1861 en Sante Marie, cerca de la granja Mastroddi, en La Luppa. Esta decisión resultó fatal puesto que el general y su grupo estaban siendo perseguidos por los Tiradores de Saboya, comandados por el Mayor Enrico Franchini, quien había sido informado del paso del grupo por algunos lugareños.


Grupo de recreadores, ataviados como "brigantes", durante el homenaje al general Borjes. Fuente: www.marsicalive.it.

Se inició un tiroteo y, después del incendio de la granja por los piamonteses, los legitimistas se vieron obligados a rendirse y fueron llevados a Tagliacozzo, donde se les condenó a muerte sin juicio previo.
Borjes entregó su espada a Franchini, y pidió a confesar en una capilla con los otros diecisiete prisioneros, muchos de los cuales eran españoles. En su último momento de vida, frente a un pelotón de fusilamiento, abrazó a sus hombres y recitó una letanía en español, abruptamente interrumpida por los disparos. Poco antes de su muerte, el general gritó: "Nuestra última hora ha llegado, muramos como valientes".
Los cuerpos de sus hombres fueron quemados mientras que el suyo, mediante la intercesión de Folco Ruso, Príncipe de Escila , y del vizconde de St. Priest, fue llevado por el general Alfonso La Marmora a Roma para poder ser honrado con un funeral que se verificó en la Iglesia del Gesú.
Su diario, donde Borjes tomó nota de los acontecimientos principales de su expedición a Calabria y Basilicata, fue publicado por el escritor Marc Monnier en 1862. En él expresaba que la burguesía del sur era proitaliana, mientras que el pueblo estaba con Francisco II.


La muerte de Borjes despertó indignación y fue duramente criticada por algunos intelectuales como el escritor Victor Hugo, quien, a pesar de un admirador de los ideales del Risorgimento, acusó al recién nacido Reino de Vittorio Emanuele II por los métodos empleados exclamando "El gobierno italiano fusila a los realistas". Por su parte, ell arqueólogo François Lenormant dijo del General  que fue "uno de los enemigos a quien se honraba en respetar" y consideró su muerte como "una sangrienta mancha para el gobierno italiano".
El General Borjes fue Caballero de Primera Clase de la Real Orden de Francisco I de las Dos Sicilias.

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