SERVUS HISPANIARUM REGIS



martes, 1 de abril de 2014

LAS VÍSPERAS SICILIANAS

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Armas de la Sicilia aragonesa
Diseño: Ipankonin
En la primavera de 1282, Carlos de Anjou se preparaba, en Nápoles, para encabezar una cruzada contra el Imperio Bizantino y tomar Constantinopla. Se consideraba heredero de los príncipes cruzados y, como tal, pretendía restaurar el desaparecido Imperio Latino. Así, en aguas del puerto de Mesina esperaban las escuadras napolitana y provenzal listas para zarpar a comienzos de abril. Pero un inesperado suceso le obligó a cambiar de planes: el 30 de marzo de 1282 estalló en Palermo una gran insurrección contra los franceses. 
La versión tradicional sitúa la chispa que encendió la revuelta en la Iglesia del Espíritu Santo de Palermo, en la que se festejaba el lunes de Pascua y numerosos habitantes de la ciudad se habían reunido para asistir a los oficios vespertinos.
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Exterior de la Iglesia del Espíritu Santo de Palermo
Foto: Enzian 44
En la plaza, junto al templo, los fieles esperaban la hora de iniciar las vísperas cuando llegó un grupo de franceses borrachos. Uno de ellos, un sargento, se dirigió a una joven casada y empezó a molestarla. Su esposo, furioso, sacó un cuchillo y le apuñaló. Los demás franceses acudieron a socorrerle y a vengarle, pero los palermitanos, más numerosos, los rodearon y les dieron muerte justo en el momento en que las campanas de la iglesia y las de toda la ciudad empezaban a tocar.
"Vísperas Sicilianas", óleo del pintor Francesco Hayez pintado en 1846
Existe otra versión bastante más probable que sostiene que el levantamiento estaba planeado y que quienes lo habían organizado habían dispuesto que la señal para la sublevación sería el tañer de las campanas de vísperas.
Sea como fuere, iniciada la rebelión, la ira popular recorrió las calles de Palermo. Al grito de "¡Muerte a los franceses!", los habitantes de la ciudad asesinaron a los cerca de 2.000 franceses que se encontraban en ella, incluyendo a ancianos, mujeres y niños. Llegaron a asaltar conventos en busca de clérigos. En las jornadas siguientes el levantamiento se extendió, en primer lugar, por las villas y ciudades cercanas, y después, por toda la isla. Únicamente Mesina se mantuvo del lado de los angevinos, aunque finalmente se unió en abril a la rebelión.
File:I Vespri Siciliani - Domenico Morelli 1823-1901.jpg
"Vísperas Sicilianas", por el pintor Domenico Morelli
Una vez hubieron conseguido su independencia, los sicilianos pretendieron establecer un gobierno republicano, organizado en comunas, o en ciudades libres inspiradas en el modelo de la Italia central y septentrional. No obstante, dada la situación de indefensión, estas comunas no podrían sobrevivir por sí solas. Primero se solicitó la tutela del Papa Martín IV, de origen francés, quien rechazó tomar bajo su protección a la Sicilia que había expulsado al rey Carlos de Anjou.
File:Palazzo Reale di Napoli - Carlo I d'Angiò.jpg
Carlos I de Anjou
Foto: Raffaele Esposito
Finalmente los sicilianos llamaron en su ayuda al rey Pedro III de Aragón quien podía alegar en favor de su causa los derechos de su mujer Constanza, hija del rey Manfredo, de la casa de Hofenstaufen, que gobernó en Sicilia y Nápoles hasta su derrota y muerte a manos de Carlos I de Anjou en la Batalla de Benevento.
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Pedro III de Aragón llega en ayuda de los sicilianos
La guerra prosiguió tras las muertes de Carlos I de Ajou y de Pedro III de Aragón, sostenida por sus herederos Carlos II el Cojo, por parte angevina, y Alfonso III y Jaime II por la aragonesa. Finalmente, tras el agotamiento del ejército angevino, se firmó en 1302 la Paz de Caltabellota, que supuso la independencia de Sicilia bajo el gobierno de Fadrique, hermano de Jaime II de Aragón. Nápoles permaneció en manos de la dinastía angevina.
Los acontecimientos relativos a las Vísperas sicilianas se encuentran relatados en varias crónicas medievales, entre las que cabe citar la famosa Crónica de Ramón Muntaner, donde se afirma que la chispa que encendió la rebelión en Palermo fue el ultraje que unos angevinos perpetraron a unas damas sicilianas.
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Giuseppe Verdi llevó a la ópera este suceso histórico, estrenando su creación el 13 de junio de 1855 en el Teatro Imperial de la Ópera de París. En España se estrenó el 4 de octubre de 1856 en el Teatro del Liceo de Barcelona

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