SERVUS HISPANIARUM REGIS



martes, 18 de noviembre de 2014

GLORIA ETERNA A BLAS DE LEZO


Armas de Don Blas de Lezo, Iº marqués de Ovieco
Diseño: HansenBCN

Tras un laborioso proceso, lo que fue el proyecto, expandido por las redes sociales y acogido con entusiasmo por diferentes colectivos y particulares, hoy ya es una gozosa realidad.
Don Blas de Lezo, el héroe de Cartagena de Indias, el incansable luchador por España en cuya defensa su cuerpo fue quedando mutilado; ya cuenta con un monumento en la capital de España.
El pasado domingo día 16 de noviembre, y bajo la presidencia del Rey Padre Don Juan Carlos, la Plaza de Colón de Madrid fue el escenario de una emotiva y reparadora ceremonia.

El S.M. el Rey Don Juan Carlos, la Alcaldesa de Madrid, autoridades civiles y militares durante la interpretación del Himno Nacional

Estuvieron presentes en la ceremonia, entre otros, la Alcaldesa de Madrid, Doña Ana Botella, el Almirante general Don Jaime Muñoz-Delgado y Díaz del Río, jefe de Estado Mayor de la Armada, Don Fernando Carrillo, Embajador de Colombia, y Don José María Lasalle, Secretario de Estado de Cultura

S.M. don Juan Carlos descubre la placa y las inscripciones en el basamento del monumento a Don Blas de Lezo

De entre los discursos, destacamos este fragmento del pronunciado por el Presidente de la Asociación Pro-Monumento a Blas de Lezo, Don Íñigo Paredes:

“El de hoy es sin duda un acto patriótico, pero la raíz del patriotismo no está en la exaltación de la Nación como concepto geográfico, sino en el orgullo que uno siente por sus compatriotas. No hay Patria sin compatriotas a los que admirar. Y eso es precisamente lo que marca nuestro deber como ciudadanos: La Patria somos nosotros. Muchos -en todas partes- buscarán la Patria en un territorio, en una batalla, en una fecha. No la encontrarán. La Patria es el ideal donde habitan los hombres que nos sirven de ejemplo. La Nación que olvida a esos hombres, en realidad lo que hace es, simplemente, olvidarse a sí misma. Hoy estamos aquí para recordar a uno de esos hombres y de paso para recordar quiénes somos. Para, como comunidad, establecer que los valores que le sirvieron de guía, han de ser también los nuestros: La superación personal, el esfuerzo, la humildad, el sacrificio. Éste es el monumento de una Nación que se niega a olvidar a uno de sus mejores hijos, que se niega a olvidarse a sí misma”.

Estatua de Blas de Lezo que Don Juan Carlos inaugurará el sábado 15 de noviembre en Madrid.  FOTO José Ramón Ladra
La magnífica escultura realizada por Don Salvador Amaya, que ha contado con la asesoría histórica e iconográfica de Doña Mariela Beltrán y Doña Carolina Aguado,comisarias de la exposición: “Blas de Lezo, el valor de Mediohombre”, ya puede ser admirada en la Plaza de Colón de Madrid

Nació Don Blas de Lezo en tierras de Guipuzcoa en 1689. Con tan sólo 25 años ya había dado abundantes muestras de su valor, habiendo perdido una pierna, un ojo y un brazo; pero jamás una batalla.
En 1734 era ya Teniente General de la Armada.
Habiéndosele encomendado la defensa de Cartagena de Indias como Comandante General; durante la llamada "Guerra de la Oreja de Jenkins" (1741), se presentaron allí los ingleses con la mayor flota reunida hasta la fecha. Un total de 186 barcos con mas de 2.000 cañones y 25.000 hombres. Don Blas no se arredra. Sabe que cuenta con sólo 6 barcos y unos 2.500 hombres, incluidas algunas compañías de nativos.
El heroico guipuzcoano hace frente a los ingleses con sus 6 barcos hasta agotar la munición, y después los quema para dificultar la entrada de la inmensa flota inglesa en la bahía cartagenera.
Replegado a tierra, durante 14 días recibe el fuego de 2.000 cañones enemigos en los gruesos muros de las fortalezas. Finalmente los ingleses toman tierra. Son muchos miles, y las fuerzas españolas empiezan a estar mermadas.
El almirante ingles al mando, Vernon, pagado de su propia vanidad, y creyendo lograda la victoria, manda a Inglaterra la noticia de que Cartagena de Indias ha sido tomada.
Pronto saldrá de su error al comprobar que los defensores españoles son viejos soldados curtidos en cien combates y que van a resistir vendiendo cara su piel. 
La encarnizada lucha prosigue y, poco a poco, van cayendo los baluartes exteriores. Sólo queda la fortaleza central y los atacantes siguen siendo miles. Pero Don Blas Lezo ha empleado el tiempo de la defensa exterior en  hacer profundizar los fosos, algo que no se esperan los ingleses en lo que iba a ser su ataque definitivo, y que hace que sus escalas y escaleras sean inútiles, encontrándose en el foso e inmediaciones impotentes y siendo masacrados desde los muros españoles. 
Pasan los días, no pueden entrar, los miles de atacantes se han convertido en miles de cadáveres, el clima tropical hace el resto. Las enfermedades no tardan en aparecer y al fin, desmoralizados y maltrechos, optan por retirarse.
En Inglaterra ya habían acuñado monedas conmemorativas de la victoria, de una victoria que nunca tuvo lugar. Ante la tremenda humillación sufrida, el rey inglés Jorge II prohibió bajo pena de muerte nombrar a Blas de Lezo.



Óleo del pintor Navarro Menchón en el que se representa a Don Blas de Lezo observando la llegada de la flota inglesa.

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