SERVUS HISPANIARUM REGIS



lunes, 26 de septiembre de 2016

LA SANTA ALIANZA

Alejandro I de Rusia, Francisco I de Austria y Federico Guillermo III de Prusia

El 26 de septiembre de 1815, en la ciudad de París, los monarcas de Austria, Rusia y Prusia firmaban el tratado de la Santa Alianza, una vez restablecida por segunda vez la monarquía de Luis XVIII en Francia. Los tres monarcas, invocando los principios cristianos, prometían mantener en sus relaciones políticas los «preceptos de justicia, de caridad y de paz». Suponía basar las relaciones internacionales en el cristianismo y se declaraba abierta a quien aceptara esos principios, dejando fuera de forma deliberada a las potencias no cristianas como el Imperio Otomano.
Recreación neogoticista de la Santa Alianza
La experiencia de las Guerras Napoleónicas recomendaba la unidad de acción a las potencias del Antiguo Régimen para fortalecer su papel en la nueva Europa de la Restauración. Para ello la Santa Alianza convocó congresos periódicos en los que se analizaba la situación europea y el modo de actuar contra los movimientos revolucionarios liberales.
El primero de ellos se reunió en 1818 en Aquisgrán, pactando medidas contra los "demagogos y revolucionarios" en los Estados Alemanes, así como la retirada de sus tropas de suelo francés y adhiriendo a Gran Bretaña a sus políticas, aunque el gobierno británico presidido por George Canning eludió todo acuerdo concreto para ayudar a la Alianza en cualquier intervención militar, sea con dinero, buques, o tropas.
Del mismo modo, en los Congresos de Troppau y Laibach (ambos en 18120) y en el Congreso de Verona de 1822 se consagró un "derecho de intervención", inspirado por el Príncipe Metternich, por el cual la Santa Alianza podía intervenir contra los brotes de liberalismo en cualquier país del continente al constituir éstos una "amenaza a la paz europea". Con eso admitía la Santa Alianza que Austria  enviara tropas para sofocar revueltas liberales en el Reino de las Dos Sicilias y en el Reino de Piamonte (en 1820), y luego, tras la eliminación en Francia de toda huella de su pasado "revolucionario", que la monarquía de Luis XVIII enviara tropas contra los liberales de España ("Los Cien Mil Hijos de San Luis") para reponer a Fernando VII como rey absoluto en 1823.
El Príncipe de Metternich
En ambas crisis Gran Bretaña rehusó intervenir en favor de la Santa Alianza, al juzgar que sus intereses no estaban siendo afectados y que la movilización de sus tropas era determinada por su Parlamento y no sólo por el rey, ya que Gran Bretaña no era una monarquía absoluta como lo eran Austria, Rusia o Prusia.
Por este mismo motivo el gobierno británico también rechazó ayudar a la Santa Alianza cuando ésta autorizó en Verona una intervención para restablecer el dominio absolutista sobre España y también sobre sus colonias americanas, ya que Gran Bretaña mantenía un lucrativo comercio con la antigua América Española y temía que una reacción de España patrocinada por la Santa Alianza le trajera competidores o la pérdida de sus nuevos mercados. En tanto Austria, Prusia, y Rusia carecían de una flota de guerra que desafiara la negativa británica y su dominio en las aguas del Atlántico, los planes de la Santa Alianza se redujeron a restaurar a Fernando VII como monarca absoluto en la España metropolitana.
Fernando VII, recibido por el duque de Angulema en Puerto de Santa María (1823), recupera su poder absoluto
A largo plazo, la Santa Alianza fracasó ante las políticas dispares de sus integrantes. Así, al estallar la Guerra de Independencia de Grecia en 1821, la Alianza se pronunció contra los rebeldes griegos pero Gran Bretaña y Francia apoyaron informalmente a los griegos para salvaguardar sus propios intereses en el Mediterráneo, zona donde Austria y Prusia tenían escaso poder e influencia.
Ante ello, Rusia empezó a mostrar grandes dudas sobre la conveniencia de la posición de la Santa Alianza de no intervenir en Grecia y, tras la muerte del zar Alejandro I en 1825, su hermano y sucesor Nicolás I determinó apoyar también a los griegos sublevados para debilitar al Imperio Otomano y evitar que británicos y franceses fuesen los únicos aliados de Grecia. Esto mostró una fractura irremediable en la Santa Alianza, que prácticamente quedó inactiva desde entonces.
TRATADO DE LA SANTA ALIANZA
“En nombre de la muy Santa e indivisible Trinidad.
SS.MM. El Emperador de Austria, el Rey de Prusia, y el Emperador de Rusia, como consecuencia de los grandes acontecimientos que han señalado Europa en el curso de los tres últimos años (...).
En consecuencia, Sus Majestades han convenido los artículos siguientes:
Art. I. Conforme a las palabras de las Santas Escrituras, que ordenan a todos los hombres mirarse como hermanos, los tres monarcas contratantes permanecerán unidos por los lazos de una verdadera e indisoluble fraternidad y se considerarán como patriotas, se prestarán en toda ocasión y en todo lugar asistencia, ayuda y socorro...
Art. II. En consecuencia, el único principio en vigor, ya sea entre dichos gobernantes, ya sea entre los súbditos, será el de prestarse recíprocamente servicio.
Hecho, triplicado y firmado en París el año de gracia de 1815, el 26 de septiembre. Francisco, Federico-Guillermo y Alejandro."

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