SERVUS HISPANIARUM REGIS



viernes, 8 de junio de 2012

LA MEDALLA DE LA LIBERACIÓN DE ROMA (1870)

Todos los días, a las doce en punto del mediodía, un cañonazo es disparado desde lo alto de la colina romana del Gianícolo. Con él se recuerda la incorporación de la ciudad de Roma al Reino de Italia en 1870.
Sin embargo son muchos los autores que sostienen que tal práctica era anterior a la entrada de las fuerzas reales en la Ciudad Eterna. Según se dice, fue el propio Papa Pío IX quien, cansado de que los sacristanes de los campanarios de Roma tocaran la hora del Ángelus según su criterio; con el cañonazo de marras se establecía el momento justo en el que las campanas romanas habrían de tañer en honor de Nuestra Señora.


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Su Santidad el Papa Pío IX

Tras la incorporación forzada por la guerra y la revolución del Reino de las Dos Sicilias al nuevo Reino de Italia así como buena parte de los Estados Pontificios tras la Batalla de Castelfidardo, el Lacio y Roma seguían fieles al Papa, defendidas por tropas francesas y pontificias.
Giuseppe Garibaldi, después de la fundación del Reino de Italia prosiguió incansablemente sus actividades militares en busca de la unidad nacional, emprendiendo acciones sin éxito en 1862 al grito de: Roma o muerte!. La protesta de Napoleón III, cuyas tropas custodiaban Roma, llevó al ejército de ocupación piamontés en Nápoles a repeler a Garibaldi, haciéndole prisionero en Aspromonte (sur de Nápoles).
En 1867 realizó una nueva marcha hacia Roma aprovechando la retirada de tropas francesas, que se vieronn obligadas a desembarcar otra vez y a derrotar al italiano en Mentana.


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Su Santidad Pío IX bendice en la Plaza de San Pedro a las fuerzas francesas y suizas que defienden lo que queda de los Estados Pontificios

En julio de 1870 comenzó la guerra franco-prusiana. A principios de agosto Napoleón III llamó para la guerra a la guarnición que defendía de un posible ataque italiano a los Estados Pontificios. Numerosas manifestaciones públicas demandaban que el gobierno italiano tomara Roma. Pero no se emprendió ninguna acción bélica directa hasta el derrumbamiento del Segundo Imperio Francés en la batalla de Sedán.
Víctor Manuel II le envió una carta a Pío IX, en la que le pedía guardar las apariencias dejando entrar pacíficamente al ejército italiano en Roma, a cambio de ofrecer protección al Papa. Pero esté se negó rotundamente.
El ejército italiano, dirigido por el general Raffaele Cadorna, cruzó la frontera papal el 11 de septiembre y avanzó lentamente hacia Roma, esperando que la entrada pacífica pudiera ser negociada. Sin embargo, el ejército italiano alcanzó la Muralla Aureliana el 19 de septiembre y sitió Roma.



El Papa, deseoso de mantener su soberanía, envió a sus Zuavos a oponer una resistencia más que simbólica, ante la imposibilidad de la victoria. El 20 de septiembre, después de tres horas de bombardeos, el ejército italiano consiguió abrir una brecha en la Muralla Aureliana (Breccia di Porta Pia).

Los bersaglieri al asalto de la brecha de la Porta Pía el 20 de septiembre de 1870

Los Bersaglieri marcharon por la Vía Pía, después llamada Vía del XX de septiembre.  Las bajas de esta acción ascendieron a 49 soldados italianos y 19 zuavos pontificios muertos en combate.
Tras un plebiscito, Roma y el Lacio se unieron a Italia.

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Histórica fotografía que muestra la Porta Pía y la brecha en la Muralla Aureliana con los impactos de la artillería real italiana

Víctor Manuel II le ofreció al Papa como compensación una indemnización y mantenerle como gobernante del Vaticano. Pero el Papa, que quería mantener el poder terrenal de la Iglesia, se negó, pues eso hubiera supuesto reconocer oficialmente al nuevo estado italiano y se declaró prisionero en el Vaticano. Además, sabiendo la influencia que tenía sobre los católicos, les prohibió a todos los católicos italianos votar en las elecciones del nuevo reino.
Esta situación, llamada Cuestión Romana, no cambió hasta 1929, cuando Benito Mussolini y Pío XI firmaron los Pactos de Letrán y se produjo el reconocimiento mútuo y el nacimiento del Estado Vaticano.

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El 24 de septiembre de 1870, tan sólo cuatro días después del asalto a la Puerta Pía, se instituyó la Medalla de la Liberación de Roma  por el Consejo de la Ciudad.
Con ella se quería recompensar a aquellos que habían participado en la defensa de Roma en 1849 y en la toma de la Ciudad en 1870.
Tenía tres categorías:
Oro: sólo se concedieron dos.
Plata: concedida a los 24 sobrevivientes de la batalla de Villa Glori y los grandes personajes del Risorgimento italiano.
Bronce: fue concedida a todos los soldados que habían participado en la campaña conducente a la ocupación de Roma.
La Medalla presenta en su anverso el escudo de armas de la ciudad de Roma cargado con el histórico acrónimo: S.P.Q.R. ("Senatus Populus que Romanus"). Sobre el jefe una representación de la Loba Capitolina amamantando a los gemelos Rómulo y Remo. Le rodea una corona de roble y le cruzan en sotuer dos fasces romanos.
En el reverso lleva las palabras en italiano: "La Roma reivindicada, a sus libertadores". Le rodea una corona de laurel abierta en la parte superior para permitir alojar una estrella de cinco puntas que simboliza Italia.
La cinta se compone de seis franjas rojas alternadas con cinco amarillas (los colores de la bandera de la ciudad de Roma).
Se le añadieron diferentes barras de acción dependiendo de la campaña en la que se hubiera servido: 1848, 1849, 1867, 1870.

Haga clic en la imagen para la resolución completa

La Medalla de la Liberación de Roma (1870)

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