SERVUS HISPANIARUM REGIS



miércoles, 6 de junio de 2012

MÁS SOBRE EL LIBRO DE ORO



MÁS SOBRE EL LIBRO DE ORO

Por José María de Montells

Escribí hace poco, en un blog amigo, que hasta que terminamos el Libro de Oro y lo dimos a la luz de la imprenta, tanto Alfredo Escudero como yo, anduvimos algo preocupados y, a mí, concretamente, me tuvo en un duermevela y me hizo soñar, como en mis mejores tiempos. Con un cuervo hablador que algo barruntaba, para más señas. Han sido las felicitaciones y parabienes de algunos amigos que han visto el trabajo los que me han devuelto la calma.
Pero como en este Valle de Josafat no existe la felicidad completa, me llegan ahora los ecos de una campaña injusta y desabrida contra el libro, que se ha orquestado artificialmente en el facebook del Instituto del Preste Juan, institución académica que ha publicado algunas obras de gran interés sobre las Casas Reales no Reinates.
Nos acusaban de uso indebido de algunos nombres  principescos. Como Dios siempre ayuda al inocente, hemos llegado a tiempo para evitar que unas denuncias delirantes y absurdas se materializasen. Me ha dolido la aparente desafección de SM el Rey Kigeli V, al que tengo verdadero afecto y cuya inclusión en el libro como protector se debía al cariño que le profesamos y no a lo que presumían los malpensados. Es no conocernos. Lo que es cierto es que cuando creíamos que ya estaba impreso, no  había entrado en talleres, lo que ha permitido hacer las pertinentes modificaciones. Loado sea Dios.
Todo lo demás, ha sido una ofensa gratuita cuyo objetivo no alcanzo a comprender. ¿Intentaban desacreditarnos? Sospecho que ni Alfredo Escudero ni yo somos un blanco a abatir. Entonces ¿a qué tanto revuelo y tanta saña? Un señor de nombre Kevin Cooling, al que no tengo el gusto de conocer, protesta en nombre de la Casa de Kupang, lo que excede mis entendederas y también en el de Buu Chanh, que es regente de una Casa Imperial de Anam ficticia, no se sabe muy bien porqué. Por lo visto, este príncipe figurado no tiene noticia del Cabildo, como si hiciese falta. Dos caballeros que habían ingresado voluntariamente renuncian a militar en nuestras filas sin una motivación clara. Demencial y si me apuran, algo sórdido.
Los inductores del asunto no parecen  darse cuenta que cuanto más polémica se genere alrededor de la citada obra, más ejemplares se venderán. Seguro que sin quererlo, nos han hecho la publicidad gratis. La tesis parece que se sustenta en la viciada idea por la cual es el Instituto del Preste Juan el que tiene la exclusiva de las relaciones con las monarquías exóticas, por decirlo de alguna manera, y que tanto el Real Colegio Nobiliárquico, una corporación hermana de la que hemos venido informando puntualmente, como el Muy Noble Cabildo no tienen derecho a nada que tenga que ver con tal asunto. Lo que es, mírese por donde se mire, abusivo y falso. A Dios gracias, estamos en un país en el que cada uno expresa libremente su opinión, sin cortapisas de ninguna clase.
En nuestro caso, ni siquiera hemos emitido una opinión, nos hemos limitado a publicar en un tomo, todo lo relativo a los caballeros y damas que pertenecen al Cabildo, son titulados y están en nuestro archivo, en un ejercicio de transparencia que debieran hacer otros. Nada más. No hay otras intenciones, salvo las que se desprenden de divulgar en España, otras fuentes de honor legítimas, distintas de la Corona de España y, el nombre y calidad de los titulados en estricto cumplimiento de nuestros fines corporativos. Por si esto fuera poco, la publicación se ha anunciado con un año y medio de antelación, se ha publicitado en los blogs y se ha realizado con las ventanas abiertas. Es decir: aquí no ha habido nada que ocultar y no se ha ocultado. A todo esto responde el concurso de dos expertos tan cualificados como Francisco Manuel de las Heras y el Marqués de la Floresta que han colaborado en el libro con sendos trabajos de gran rigor científico y doctrinal que enriquecen de manera concluyente lo que no deja de ser una nómina de los nobles ingresados en el Cabildo.
El Muy Noble Cabildo de San Jorge y Santiago Apóstol no quiere entrar en disputas estériles y fratricidas que no benefician a nadie. Y no va a hacerlo. Como mejor se combate el insulto es con la verdad en una mano y, en la otra, la obra bien hecha.
Aunque dedicado como estoy ahora, en escribir, a petición de una editorial, un Diccionario del Diablo, no sé si todo lo que acontece será obra de Belcebú. En el Imperio infernal, Belcebú es el príncipe de los demonios y el señor de la moscas.
A primeros de junio, con los calores, abre su negra boca y por ella salen las primeras 666 moscas que luego se multiplicarán por todo este mundo nuestro. En algunas estampas, viene representado como un enorme macho cabrío, pero ese no es su aspecto habitual. Yo sé que cuando toma apariencia humana es un hombre macilento, el pelo lacio y ralo, de aspecto inofensivo y amistosa charla,   aunque su maldad se manifieste en la mirada, que apenas disimulan unas gafas inocuas. Una mirada arrogante, exasperada y sombría. Le gustan mucho las romerías y pellizcar el trasero a las beatas. En la Monarquía satánica, ocupa el segundo lugar del escalafón, dicho sea esto con las debidas precauciones, no vaya a molestarse el Instituto del Preste Juan y sus innominados mandatarios me obsequien, como quien no quiere la cosa, con el mal de ojo. Que uno, para estas cosas, es muy mirado.




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