SERVUS HISPANIARUM REGIS



lunes, 29 de junio de 2015

TU ES PETRUS: DÍA DEL PAPA



Hoy, 29 de junio, celebra con gozo la Iglesia universal, la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Las dos fuertes columnas en las que se apoya nuestra fe. Los dos mártires que, con su sangre derramada por amor a Cristo, hicieron de Roma la sede del Papado.
"Salón del Trono" vuelve a reiterar su completa adhesión a la Santa Sede y a la persona del Pontífice, felizmente reinante, Su Santidad el Papa Francisco.



La identificación científica de la tumba de San Pe­dro es obra de los padres jesuitas Kirschbaum y Ferrúa, y de los señores Ghetti y Josi. Todo empezó en 1939, con Pío XII, cuando se estaban lle­vando a cabo unas excavaciones para preparar la tumba de Pío XI. Mientras se estaban haciendo las excavaciones se descubrió un mosaico.
Existía una tradición que decía que debajo del altar papal, debajo del baldaquino de Bernini, bajo la cúpula de Miguel Angel, había una ne­crópolis, un cementerio, donde había sido enterrado san Pedro.
Cuando al hacer la excavación para enterrar a Pío XI apareció un mosaico, Pío XII mandó que siguieran excavando, y se descubrió la necrópolis. Un cementerio importantísimo ya que en él aparecieron mau­soleos de familias importantes de Roma, como los Flavios, los Valerios, etc.
Se sacaron cincuenta mil metros cúbicos de tierra de debajo de la basílica de San Pedro. En esa excavación apareció una tumba, cavada en la tierra, abierta y vacía.
Sabemos por la historia que Nerón persiguió a los cristianos acusándoles del incendio de Roma que él mismo había ordenado. En esa persecución tuvo lugar una matanza de cristianos, entre ellos san Pedro, al que martirizó en el circo de Calígula y san Pablo, que fue decapitado. Éste, empezado a construir en tiempos de Calígula, lo terminó Nerón y se encontraba al lado del monte Vaticano.

Dice la tradición que a san Pedro lo crucificaron cabeza abajo. Flavio Josefo, historiador de aquel tiempo, que conocía cómo eran las crucifixiones de los romanos, refiere las distintas maneras de cruci­ficar que solían usar, y una de ellas era cabeza abajo. 
A san Pedro lo enterraron en esa necrópolis en la ladera del Monte Vaticano, y en una tumba pobre, como era propia de las primitivas comunidades cristianas.

En color verde la planta del circo de Calígula y Nerón. En marrón, la plata de la Basílica Constantiniana. En negro, las construcciones actuales renacentistas y barrocas

El lugar de la tumba de san Pedro
Cuando Constantino venció a Majencio en la ba­talla de Puente Milvio, el 28 de octubre del año 312, afirmó que había visto el signo de Cristo en el cielo, y que le había dado la victoria sobre Majencio, a pesar de que éste tenía tropas muy superiores. Esto lo cuenta el historiador Eusebio de Ce­sarea, y dice que lo oyó de viva voz del mismo Constantino.
Constantino, en agradecimiento a Cristo que, según él, le había dado la victoria, se convirtió al cristianismo, dando paz a la Iglesia en el año 313 y edificando una serie de templos cristianos. Uno de ellos fue la basílica en honor de san Pedro, sobre la tumba del príncipe de los Apóstoles.
Todo el mundo sabía dón­de estaba enterrado, pues las tumbas de los Apóstoles eran lugares sagra­dos y muy venerados.
Nivel I: necrópolis romana. Nivel II: catacumbas papales. Nivel III: actual basílica de San Pedro. 1: Tumba de San Pedro trasladada al Nivel II desde la Necrópolis romana. 2: Altar Mayor. 3: Baldaquino de Bernini.

En la tumba abierta y vacía que aparece en la necrópolis, debajo del baldaquino de Bernini y la cúpula de Miguel Ángel, se descubren dos cosas muy importantes:
Primera: esa tumba esta protegida por unos muros para defenderla de las filtraciones de agua, muy frecuentes en esa ladera del monte Vaticano. Las otras tumbas adyacentes no tienen esa pro­tección de muros. Luego la persona que estaba enterrada en esta tumba de tierra era muy impor­tante.
Segunda: debió de ser una persona muy vene­rada, porque en esa tumba abierta y vacía apare­cen centenares de monedas. Monedas romano-imperiales y monedas medievales de casi toda Europa; por lo tanto, esa tumba fue venerada por toda Europa.
Por varias razones los investigadores llegan a la conclusión de que es la tumba de san Pedro. Pío XII lo anunció en el radiomensaje de Navidad de 1950: «Hemos encontrado la tumba de san Pe­dro.»

Catacumbas papales. Tumba de San Pedro

Las investigaciones en la tumba de san Pedro
Terminada esta investigación, en 1952, la profesora Margarita Guarducci, primera autoridad mundial en epigrafía griega, empieza a descifrar los grafitos que hay en uno de los muros adyacen­tes a esa tumba.
Los grafitos son unas inscripciones hechas con punzón en el enlucido de los muros. Lo que se ve allí es una maraña, porque están escritos unos encima de otros. Ha publicado tres gruesos tomos en folio descifrando esos grafitos. Descubre unos muy interesantes. Por ejemplo: «Pedro, ruega por los cristianos que estamos sepultados junto a tu cuerpo.» Otra inscripción es el logotipo de Pedro, que era como una P y en el palo vertical tres rayas horizontales en forma de llave. Significa: «Pedro el de las llaves.» Alude al pasaje evangélico de san Mateo, en el que Cristo entrega a Pedro las llaves del reino de los cielos.
La profesora llega a la conclusión de que por allí está la tumba de san Pedro. Estos grafitos es­tán en el muro G, que es un muro blanco; pero en el adyacente, que es un muro rojo, descifra un grafito que significa: «Pedro está aquí.». Excavan y descubren un nicho forrado de mármol blanco, y allí unos huesos.
Roma
Primitivo lugar de enterramiento de San Pedro y grafitos

Se encarga al profesor Venerando Correnti, catedrático de Antropología de la Universidad de Palermo, que estudie esos huesos. El profesor Correnti llega a esta conclusión: «Aquí hay huesos humanos y huesos de ratón.» Un ratón que se coló por una rendija, no pudo salir y murió allí. Y los huesos humanos, una vez estudiados, pro­porcionan los siguientes datos:

Primero: tienen adherida tierra. En cambio, los huesos de ratón estaban limpios. Se analiza la tierra adherida a los huesos humanos y es la misma tierra de la tumba abierta y vacía, identificada como la de san Pedro, mientras que las tumbas colindantes tenían otra clase de tierra.

Segundo: esos huesos están coloreados de rojo por haber estado envueltos en un paño de púrpu­ra y oro. Hay hilos de oro y de la tela. Debían de ser huesos de una persona muy venerada, pues los envolvieron en un rico paño de púrpura y oro, para guardarlos en ese nicho. Parece que estos huesos fueron retirados de la tumba de tierra y guardados en ese nicho para protegerlos de la humedad del terreno. Este nicho ha permanecido intacto desde Constantino hasta hoy.

Tercero: los huesos humanos son de la misma persona, de sexo varón, de complexión robusta, que murió a una edad avanzada y vivió en el siglo I.

Como afirma la profesora Guarducci, si nosotros a priori buscáramos los huesos de san Pedro, ¿qué buscaríamos? Huesos de varón. De complexión robusta: Pedro era pescador. Muerto a una edad avanzada: parece que Pedro murió a los setenta y tantos años. Que vivió en el siglo I.
Precisamente eso hemos encontrado. La profesora Guarducci ha publicado la identificación de estos huesos en un libro titulado Las reliquias de san Pedro, publicado por la editorial Vaticana en 1965.
Por eso, Pablo VI dijo el 28 de junio de 1978: «Hemos llegado al final. Hemos encontrado los huesos de san Pedro, identificados científicamen­te por especialistas en el tema.»
Detalle de la arqueta con las reliquias de San Pedro

El recuerdo de Pedro en Roma
El recuerdo que ha quedado de san Pedro en Roma, desde su tumba hasta la cúpula de Miguel Ángel, es incomparablemente superior al de todos los emperadores romanos, de los que en su mayoría sólo quedan ruinas.
Los emperadores tuvieron todo el poder terrenal en sus manos. San Pedro fue un pobre pescador ignorante; pero murió por una verdad: la gran verdad de Cristo-Dios.
La muerte y la victoria de Pedro es prenda de nuestra esperanza. Pues ese Pedro, a quien Cristo hizo piedra fundamental de su Iglesia, está aquí. Su tumba está aquí. Sus restos están aquí. Y encima, su único y legítimo sucesor en la tierra. Una cadena de doscientos sesenta y cinco papas, legítimos sucesores de san Pedro, le transmiten su autoridad. El que quiera estar en la Iglesia que Cristo fundó en Pedro, tiene que estar en la Iglesia del papa de Roma, que es el único en la tierra le­gítimo sucesor de san Pedro. Estamos en la Igle­sia gobernada por el Papa Francisco, el único legítimo sucesor de san Pedro, en quien Cristo fundó su única Iglesia.
FUENTE: Stat Veritas

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