SERVUS HISPANIARUM REGIS



jueves, 18 de septiembre de 2014

PIO XI, EL PAPA DEL MUNDO DE ENTREGUERRAS


Hablábamos hace dos días de la Medalla Benemerenti de S.S. Pío XI. Hoy nos vamos a interesar por el perfil biográfico de este pontífice que gobernó la Iglesia en el turbulento periodo de entreguerras.
Un Papa que se enfrentó a la política anticlerical del gobierno francés, a la persecución de la Iglesia en México; a la persecución religiosa en España, a la política totalitaria neopagana en la Alemania nazi y al ateísmo militante en la Rusia comunista.
Un Papa, en fin, que solucionó la Cuestión Romana con los Pactos de Letrán y que, de la mano de Marconi, creó Radio Vaticano. Esta es su historia:


S.S. Pío XI nació el 31 de mayo de 1857, en la localidad de Desio, entonces parte del Reino Lombardo-Véneto sometido a Austria. Se conserva el inmueble que actualmente alberga el Museo Casa Natal Pío XI y el Centro Internacional de Estudios y Documentación de Pío XI. 
La Casa natal de Pío XI

Bautizado como Achille Damiano Ambrogio Ratti, era el cuarto de cinco hijos. Su padre, Francesco Ratti, había sido director de varias fábricas de seda, pero su escaso éxito obligó a su familia a constantes traslados por motivos de trabajo. Su madre, Teresa Galli, era la hija de un hotelero.
Comenzó su carrera eclesiástica siguiendo el ejemplo de su tío Damiano Ratti, estudiando primero en el Seminario de Seveso (1867), y luego en Monza. Desde 1874 formó parte de la Tercera Orden Franciscana. En 1875 comenzó sus estudios de Teología, los tres primeros años en el Seminario Mayor de Milán y el último en el seminario de Seveso. En 1879 estuvo en Roma, en el Colegio Lombardo. Fue ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1879 en Roma.
Ratti era un hombre de vasta erudición, y obtuvo tres grados durante sus años de estudios en Roma: Filosofía, en la Academia de Santo Tomás de Aquino, Derecho Canónico, en la Pontificia Universidad Gregoriana y Teología en La Sapienza. También tuvo una fuerte pasión tanto por los estudios literarios (Dante y Alessandro Manzoni eran sus preferidos), como por los estudios científicos. En este sentido fue gran amigo y, por cierto tiempo colaborador, de Giuseppe Mercalli, notable geólogo e inventor de la escala de magnitud de terremotos que lleva su nombre.
Desde 1882 hasta 1907 fue profesor de Teología en el Seminario de San Pedro Mártir, y de Sagrada Elocuencia y Lengua Hebrea en el Seminario Teológico de Milán. Entre 1907 y 1911 fue prefecto de la Biblioteca Ambrosiana de Milán. 
Achille Ratti en sus años de joven sacerdote
Llamado por Pío X a la curia romana, se convierte en viceprefecto de la Biblioteca Vaticana en 1912; prefecto de la misma, canónigo de la Patriarcal basílica Vaticana y protonotario apostólico en 1914. En 1918 es nombrado visitador apostólico en Polonia y Lituania.
En 1919 el Papa Benedicto XV lo nombró arzobispo titular de Naupactus al ser designado nuncio en Polonia. Fue consagrado por el Primado y Regente de Polonia Aleksander Kakowski. 
En 1921 su sede titular fue cambiada por la de Adana. Este mismo año fue nombrado arzobispo de Milán y cardenal presbítero del título de SS. Silvestro e Martino ai Monti.
El 6 de febrero de 1922, en el cónclave que siguió a la muerte de Benedicto XV, resultó elegido Papa. Era un hombre de estudio, de una cultura excepcional y además estaba muy experimentado en los asuntos de la curia romana; pero su experiencia pastoral y cardenalicia se limitaba a unos pocos meses.
S.S. Pío XI bendice por primera vez a los fieles tras su elección como Papa en 1922
Fue coronado tres días después de su elección por el cardenal Gaetano Bisleti , protodiácono de S. Agata in Suburra. La ceremonia tuvo lugar en la Plaza de San Pedro.
Desde la autoproclamación de la «cautividad» de la Iglesia Católica por el beato Pío IX en 1870, era esta la primera coronación pública de un papa. Sus predecesores habían sido coronados en ceremonias restringidas, ya sea en la Basílica de San Pedro o en la más exclusiva Capilla Sixtina (caso este último de León XIII, san Pío X y Benedicto XV).
Pío XI coronado
Por su extensa actividad, Pío XI habría de merecer diversos títulos: «el Papa de las encíclicas», por haber escrito una treintena de estas; «el Papa de los concordatos», al buscar mejorar las condiciones de la Iglesia en diversos países mediante la firma de 23 convenios; «el Papa de la Acción Católica», pues uno de los principales objetivos de su pontificado fue organizar a los laicos a través de la Acción Católica, con el fin de cristianizar todos los sectores de la sociedad; «el Papa de las misiones», por su impulso a la actividad misionera y, «el Papa de las canonizaciones», por haber elevado a los altares a 33 santos y haber dado cauce en su pontificado a 500 beatificaciones. Entre los santos canonizados por este Papa se encuentran santo Tomás Moro, san Juan María Vianney, san Roberto Belarmino, San Juan de la Cruz y San Alberto Magno, por citar a algunos. Más aún, varios santos cuyos cuerpos se encuentran incorruptos fueron tanto beatificados como canonizados por Pío XI, entre ellos, santa Teresa de Lisieux (1925), san Juan Bosco (1934), y santa Bernadette Soubirons, la vidente de Lourdes, esta última proclamada santa durante el Jubileo de la Redención (1933).
Moneda de cien liras vaticanas de oro (1929)
El 18 de noviembre de 1926, Pío XI daba al mundo su novena encíclica, la Iniquis afflictisque, primera de tres encíclicas en que el pontífice elevaría su voz para protestar y dar a conocer al mundo civilizado, comenzando por el católico, las graves dificultades que ese momento padecía la Iglesia en México, denunciando una persecución que, en sus propias palabras, «ni en los primeros tiempos de la Iglesia ni en los tiempos sucesivos los cristianos fueron tratados en un modo más cruel, ni sucedió nunca en lugar alguno que, conculcando y violando los derechos de Dios y de la Iglesia, un restringido número de hombres, sin ningún respeto por su propio honor, sin ningún sentimiento de piedad hacia sus propios conciudadanos, sofocara de manera absoluta la libertad de la mayoría con argucias tan premeditadas, añadiéndole una apariencia de legislación para disfrazar la arbitrariedad».
El papado de Pío XI se caracterizó por la resolución de la llamada «Cuestión Romana», tema pendiente desde la ocupación de los Estados Pontificios por el Reino de Italia en 1870. Los Pactos de Letrán, firmados en febrero de 1929, por el secretario de estado de la Santa Sede, Pietro Gasparri, en representación de Pío XI, y por el primer ministro de Italia Benito Mussolini, crearon el Estado de la Ciudad del Vaticano, reconociendo su soberanía e independencia. Estos acuerdos habían sido buscados por ambas partes, y a ambas convenían. Mussolini quería un acercamiento a los católicos, cuya posición ante el fascismo había sido bastante fría. Por su parte, la Iglesia Católica obtenía el reconocimiento de derecho de su Estado que, aunque reducido a una mínima expresión territorial, lo colocaba dentro del concierto de las naciones del mundo, con capacidad de establecer relaciones diplomáticas. Además, se indemnizó a la Santa Sede por los territorios perdidos en 1870; se declaró a la religión católica como única reconocida en toda Italia, y se estableció igualmente el derecho de la Santa Sede a imponer en Italia el nuevo Código de Derecho Canónico. En opinión de Pío XI, la expresión más significativa de este nuevo Código se hallaba en su artículo 34, en el que el Estado reconocía al sacramento del matrimonio todos los efectos civiles. Todo eso condujo a Pío XI a calificar a Benito Mussolini como «un hombre de la Providencia».
El Cardenal Gasparri y Benito Mussolini firman los Pactos de Letrán
De tono similar fue el concordato celebrado con la Alemania nazi el 20 de julio de 1933, y que implicó, como el Tratado de Letrán para Italia, la imposición del Código de Derecho Canónico para los católicos alemanes y la desarticulación de su intervención en política.
A pesar de su intransigente anticomunismo, que compartía con quien era uno de sus colaboradores más cercanos, Eugenio Pacelli, el futuro  pío XII, hacia el final de su pontificado, en marzo de 1937, Pío XI publicó la encíclica "Mit brennender sorge(Con ardiente preocupación), sobre la situación de la Iglesia Católica en el Reich Alemán. En ella hablaba del error de un Dios nacional, de una religión nacional, y de la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios. Pío XI no dejaba dudas de su reprobación al régimen nazi.
Adolf Hitler ordenó a Reinhard Heydrich, jefe de la Gestapo, que incautara y destruyera todas las copias del mismo y las relaciones entre la Alemania nazi y la Santa Sede se enturbiaron.
El 19 de marzo de 1937, otra encíclica, la Divini Redemptoris, condenaba en términos explícitos el comunismo ateo.
El Papa Pío XI en su despacho
A principios del verano de 1938 Pío XI preparaba un documento similar, y le encargó su redacción al jesuita norteamericano Jhon Lafarge, conocido por su activismo antirracista, al que ayudaron el francés Gustave Desbuquois y el alemán Gustav Gundlach, ambos también jesuitas. En él se aprestaba a denunciar el antisemitismo del régimen nazi y los racismos en general, pero esta encíclica, que llevaba el título de "Humani generis unitas" (o Societatis Unio), nunca fue publicada debido a su enfermedad y muerte. Una de las versiones provisionales de esta encíclica fue publicada en 1995, y su borrador descubierto el año 2001, después de que el papa San Juan Pablo II ordenara desclasificar los documentos secretos relativos al pontificado de Pío XI.
Otra encíclica muy importante de su papado es la denominada "Quadragesimo anno" que conmemoró los cuarenta años de la publicación de la Rerum Novarum de León XIII en 1891, y en la que la Iglesia Católica  tomaba posición por vez primera con relación al movimiento obrero.
Durante su pontificado, la Iglesia Católica se fortaleció como institución y comenzó a ser un referente importante a nivel mundial, no solamente en los aspectos religiosos, sino también políticos. De hecho, hoy en día su servicio diplomático tiene unas dimensiones sólo superadas por los Estados Unidos.
Algunos años antes, en 1931, y con la colaboración de uno de los inventores de la radio, el marqués italiano Guglielmo Marconi, se inauguraron las transmisiones de Radio Vaticano, a través de las cuales la Iglesia manifestó desde entonces sus opiniones a nivel mundial, ya que la emisora muy pronto desarrolló transmisiones en diversos idiomas, cosa que hasta el presente continúa haciendo.
Pío XI dirigiéndose al mundo a través de Radio Vaticano
Pío XI murió el 10 de febrero de 1939, cuando apenas faltaban unos meses para que estallase la Segunda Guerra Nundial siendo sucedido por Eugenio Pacelli como Pío XII. Su cuerpo está sepultado en las Grutas Vaticanas.
Tumba de S.S. Pío XI en las Grutas Vaticanas

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