SERVUS HISPANIARUM REGIS



viernes, 6 de junio de 2014

EL KAISER GUILLERMO II EN EL EXILIO (1918-1941)


Cifra imperial de Guillermo II
Diseño: Glasshouse


A mediados de 1918, la Primera Guerra Mundial caminaba hacia su cuarto año de duración. A esas alturas del conflicto ya se apreciaba la imposibilidad de que Alemania ganase la guerra; un Consejo de la Corona, bajo la presidencia de Guillermo II, decidió iniciar las conversaciones de paz, pero se perdió mucho tiempo en tomar esta decisión. El apoyo hacia el Káiser se colapsó por completó en octubre-noviembre de 1918 en el ejército, en el gobierno civil, y en la opinión pública alemana.
El Kaiser se dio cuenta de la necesidad de un armisticio y no consideraba ya necesario que Alemania debiera desangrarse más por una causa perdida. Dada su escasa popularidad, el Presidente Wilson dejó claro que el Káiser no podría tomar parte en las negociaciones de paz. Para colmo de males, Guillermo II enfermó a cusa de la famosa epidemia de gripe de 1918, aunque sobrevivió.
El Kaiser se encontraba en el cuartel general del Ejército Imperial en Spa (Bélgica) a finales de 1918. El "Motín de Wilhemshaven", protagonizado por la Marina Imperial Alemana lo conmocionó profundamente.
El mariscal Hindemburg (izqda.), el Kaiser Guillermo II (centro) y el general Ludendorff (dcha.) durante la Primera Guerra Mundial
Tras el estallido de la Revolución Alemana, Guillermo II no acababa de decidirse a abdicar. Hasta ese momento aún confiaba que, si era obligado a abandonar el trono alemán, aún tendría el control sobre el reino de Prusia, manteniendo su título. La irrealidad de este proyecto se reveló cuando, con el fin de preservar alguna forma de gobierno en tiempos de anarquía, la abdicación de Guillermo II como Emperador de Alemania y como rey de Prusia fue anunciada por el Canciller, el príncipe Max von Baden, el 9 de noviembre de 1918. De hecho, el mismo Príncipe fue obligado a renunciar más tarde, cuando quedó claro que sólo Friedrich Ebert, líder del SPD, podría ejercer un control efectivo sobre Alemania.
Guillermo II aceptó la abdicación tras conocer que el general Ludendorff había sido reemplazado por el general Wilhelm Groener. Éste último le informó que el ejército se retiraría bajo las órdenes de Hindenburg, pero que no lucharía para ayudar a Guillermo II a recuperar el trono. La monarquía había perdido a su último y más fuerte apoyo, y finalmente el mismo Hindenburg (que estaba a favor de la monarquía) fue obligado (con cierta vergüenza) a aconsejar al Emperador que presentara su abdicación.
Al día siguiente, el ex-emperador Guillermo II cruzó la frontera alemana en tren camino a su exilio en los Países Bajos, que se habían mantenido neutrales durante la guerra. 
Tras la firma del Tratado de Versalles en 1919, el artículo 227 del mismo estipulaba la persecución legal contra Guillermo II "por haber cometido una ofensa suprema en contra de la moralidad internacional y la santidad de los tratados", pero la Reina Guillermina rehusó extraditarlo, a pesar de las apelaciones por parte de los Aliados. El emperador se asentó en Amerongen, y luego se le otorgó un pequeño castillo en la municipalidad de Doorn, que se convirtió en su hogar por el resto de su vida.
Busto de Guillermo II ante la que fue su residencia en el exilio en Doorn (Países Bajos)
En 1922, Guillermo II publicó el primer volumen de sus memorias. En ellas afirmaba que él no era el culpable de haber desatado la Gran Guerra y defendía su conducta a lo largo de su reinado, especialmente en materias de política exterior. Durante los 20 años restantes de su vida, el envejecido emperador regularmente entretenía a sus huéspedes y se mantenía informado de los acontecimientos mundiales. Gran parte de su vida en el exilio la pasó cortando madera (un pasatiempo que descubrió desde que llegó a los Países Bajos). 
Parece que su actitud hacia el Reino Unido y los británicos finalmente se tornó en este período en un tibio deseo de emular las costumbres británicas. Se dice que lo primero que Guillermo II pidió, tras de llegar a los Países Bajos, fue "una buena taza de té británico". No siendo capaz de volver a llamar a su barbero de la corte, y en parte debido a su deseo de disfrazar sus características físicas, Guillermo II se dejó crecer una barba completa, permitiendo así que su famoso bigote se inclinara hacia abajo.
Guillermo II en el exilio junto a su hijo y nieto
Foto: Deutsches Bundesarchiv
A principios de la década de 1930, el ex-emperador aparentemente esperaba que la victoria del Partido Nazi estimularía el interés en Alemania por la restauración de la monarquía. Su segunda esposa, Hermine, pidió activamente al gobierno nazi beneficios para su esposo, pero el desprecio de Hitler por el hombre responsable de la peor derrota militar de Alemania hasta entonces, y sus propios deseos de poder absoluto, impidieron que el IIIº Reich aceptase cualquier idea de restablecimiento de la monarquía. Si bien había oficiales antiguos en la Wehrmatch que no desaprobaban la idea de restablecer una monarquía (con Guillermo II o alguno de sus descendientes), gran parte de los jerarcas nazis y de sus propias masas de simpatizantes rechazaba de plano el retorno de los Hohenzollern al poder, por lo que Hitler pronto descartó semejante idea.
A pesar de haber recibido a Hermann Göring en Doorn al menos en una ocasión, Guillermo II desconfiaba de las intenciones de Hitler, aunque admiraba enormemente el éxito que éste había logrado en los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, e incluso envió al Führer un telegrama de felicitación después de la caída de París en 1940. También había asegurado en septiembre de 1939 a Hitler el apoyo leal de los miembros de la antigua Casa de Hohenzollern (entre ellos seis nietos del exemperador), que eran oficiales de la Wehrmacht. Sin embargo, tras la invasión nazi de los Países Bajos en mayo de ese mismo año, el anciano Guillermo II se retiró completamente de la vida pública. 
Guillermo II en su exilio holandés en una foto tomada en 1930
Foto: Deutsches Bundesarchiv
A pesar de la ocupación alemana del territorio holandés, los líderes nazis tampoco realizaron entonces ningún acercamiento oficial al antiguo Kaiser. 
Tiempo después de la ocupación, la admiración que sentía por el dictador alemán pronto se extinguió al enterarse de las persecuciones de judíos ocurridas tanto en las zonas ocupadas como en el territorio alemán. Se dice que el propio Guillermo llegó a decir: "Por primera vez, estoy avergonzado de ser alemán".
Guillermo II murió de embolia pulmonar en Doorn (Países Bajos) el 4 de junio de 1941, con soldados alemanes custodiando las puertas de su residencia al enterarse del fallecimiento del ex-emperador. Se dice que Hitler se disgustó porque Guillermo II tuviera una guardia de honor de tropas del IIIº Reich y al enterarse pensó seriamente en destituir y degradar al general de las fuerzas de ocupación que ordenó tal homenaje. 
Guillermo II fue sepultado en un mausoleo en las tierras de Huis Doorn, que desde entonces se ha convertido en un lugar de peregrinaje de los monárquicos alemanes.
Mausoleo de Guillermo II en Doorm (Pasíses Bajos)
Se respetaron los deseos de Guillermo II de que sus restos nunca fueran devueltos a Alemania hasta que se restaurase la monarquía, y las autoridades nazis de ocupación permitieron que se realizara un pequeño funeral de tipo estrictamente militar, en tanto dicho acontecimiento no implicase que el Tercer Reich apoyaba la monarquía. Aun así no se respetó la petición de Guillermo II, de que la esvástica y otros símbolos nazis no se desplegaran en sus funerales.

10 comentarios:

  1. He leído por alguna parte que la famosa actriz Audrey Hepburn, estuvo viviendo durante la II GM en la villa del Káiser, en Holanda. Me gustaría preguntarle si sabe algo del tema.

    Muchas gracias y saludos.

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  2. Buenos días: Sí, en 1939 la entonces niña Audrey (10 años), junto a su madre, la baronesa holandesa, Edda Van Heemstra, instalaron su domicilio en Arnhem (Países Bajos), donde vivía su abuelo. Parece ser que residieron también temporalmente en Doorm, lugar de exilio de Guillermo II, por lo que hubiera sido posible que ambos personajes coincidieran...El resto de la Guerra transcurrió para Audrey en Arnhem donde la futura actriz, por seguridad, ya que su padre era británico, utilizaba el nombre de su madre y hablaba solo holandés...Fue testigo de la deportación de los judíos holandeses, del hambre y colaboró con la resistencia. Vivió también la operación Market-Garden que afectó de lleno a su ciudad de residencia....Muchas gracias por su interés y por seguir la andadura de Salón del Trono. Como usted, yo también soy un fiel admirador de Audrey Hepburn, una divina actriz y una mujer de enorme talla humana...Un cordial saludo.

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    1. Soy el mismo que antes publicaba como Aliado.
      Sobre el tema de Audrey Hepburn, tengo entendido que sus padres eran muy afines a Hitler y, de hecho, llegaron a comer con él en alguna que otra ocasión.
      Parece ser que, cuando iba a estallar la II GM, los padres se habían divorciado y decidieron que la madre y la niña se quedaran en Holanda, porque suponían que iba a seguir siendo neutral y así no tendrían que sufrir una guerra.
      Sin embargo, el padre, debido a su ideología, fue encarcelado durante toda la guerra en el Reino Unido y por eso no pudo sacarlas de Holanda, donde ellas lo pasaron, francamente, mal.
      Saludos.

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  3. También he leído en otros sitios que el káiser se pasó sus años de exilio en Holanda cortando madera.

    No puedo entender que a una persona culta y refinada como él, le pudiera servir de entretenimiento cortar madera. Aparte de que en Holanda no creo que haya mucha madera.

    Saludos.

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  4. hay que ver todo lo que acontecio en alemania, y cuanto nos deberia importar a los intelectuales y politicos de occidente este periodo del kaiser guillermo segundo de alemania

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    1. El Tratado de Versalles hizo un infierno del período de entreguerras en Alemania. Precisamente, por eso mismo, Hitler, llegó al poder mediante unas elecciones. Todo ello, en el país más culto de Europa.
      Saludos.

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  5. También soy de la opinión de que el Káiser no fue el culpable del estallido de la I GM, aunque se le acusara de ello.
    Saludos.

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  6. Si no fue el responsable de su comienzo si lo fue de su prolongación.

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    1. No estoy de acuerdo, porque, precisamente, los que solicitaron el inicio de las conversaciones de paz fueron los alemanes, cuando vieron que la guerra no tenía ya mucho futuro para ninguno de los dos bandos.
      Saludos.

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