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miércoles, 16 de septiembre de 2015

S.O.S. CASTILLO DE BELALCÁZAR


El Castillo de Belalcázar se va desmoronando
Foto: Asociación Española de Amigos de los Castillos

Uno de los casos más llamativos en España de la degradación de un bien excepcional ante la vista impasible de las administraciones, es el Castillo de Gahete y Sotomayor de Belalcázar. El monumento, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), es propiedad de la Junta de Andalucía. Sobre un cerro de gran altura al norte del casco urbano de la población cordobesa de Belalcázar, la fortaleza controla por completo la localidad y su entorno. La delimitación del bien incluye el castillo propiamente dicho, el recinto amurallado y la superficie comprendida entre ambas construcciones, pues el espacio intramuros debió acoger una primitiva alcazaba. El perímetro está flanqueado por ocho torres, de entre las que destaca la del Homenaje, con un gran despliegue decorativo y alegórico. 

En enero de 2008, la Administración autonómica compró a sus propietarios las seis fincas que conforman la antigua fortaleza medieval por un valor total de 1.894.000 euros. El pasado agosto, ante el agravamiento de la situación de dejadez del recinto, un grupo de vecinos activó una recogida de firmas en la plataforma Change.org para exigir una actuación de urgencia ante el peligro de derrumbe que presenta el edificio. 

El Castillo de Gahete o castillo de Gafiq o de los Sotomayor y Zúñiga, se encuentra en una posición estratégica sobre un cerro de gran altura, al norte de Belalcázar, controlando por completo la localidad y su entorno. Fue edificado en el interior del recinto de la primitiva alcazaba de planta cuadrangular que ciñe el meandro del arroyo. Es una construcción espectacular, de estilo gótico-militar, iniciada como protección y residencia de la familia de los Sotomayor y Zúñiga, condes de Belalcázar y señores feudales del territorio en aquella época. Su construcción data de 1450 cuando Juan II otorgó estas tierras a Gutierre de Sotomayor, Maestre de la Orden de Alcántara, permitiéndole construir un castillo. La lealtad y servicios de don Gutierre al rey quedaron reflejados en la leyenda que figuraba en un fresco de la ermita de Nuestra Señora de Gracia de la Alcantarilla del término de Belalcázar, donde figuraba el monarca diciendo a don Gutierre: “Si non fuera por vos, maestre don Gutierre, non fuéramos nos Rey de Castilla y Leon”. Durante el primer tercio del siglo XVI se le añadió una lujosa zona palaciega de estilo renacentista. La estructura que más destaca, sin embargo, es la impresionante torre del homenaje, lujosamente ornamentada, desproporcionada aunque de gran belleza, y que con sus más de 47 metros de altura es la más elevada de toda la península ibérica. Sus artesonados desaparecieron pero no del todo, pues buena parte fue trasladada, al final del pasado siglo a la vivienda de don Manuel Gallego en la calle Larga o de Alfonso XIII número 21 (actual calle Blas Infante), donde residía como apoderado y administrador de la marquesa de Casariego, propietaria de la fortaleza . Se conservaban muy bien, pues se tuvo el cuidado de colocar cada pieza en su sitio y no ensuciarlos ni mancharlos. Todos son entresuelos, la viguería pintada a lo morisco, y la tablazón pintada y tallada.
Vista aérea del castillo y la población de Belalcázar
Foto: www.pueblos-espana.com
La denominación de Bel Alcázar, se debe a la singular torre del homenaje de la fortaleza. Desde su construcción, provoco el cambio de nombre de la villa donde se encuentra, que anteriormente era conocida por Gaete o Gahete. Comenzó su deterioro a partir de la ocupación por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia por ser convertido en almacén de Intendencia y sufrir las consecuencias de la artillería. El 6 de Mayo de 1811 una división inglesa de cinco mil hombres puso sitio al castillo, guarnecido por cuarenta hombres del 51 Regimiento de línea al mando del teniente Charpentier. Batieron la fortaleza con doscientos disparos, con lo que solo consiguieron desconchar levemente la muralla oriental. Los vecinos de Belalcázar temiendo una nueva invasión de los franceses, solicitaron de la condesa de Belalcázar, que fuesen desmanteladas las torres de la fortaleza, a lo que accedió la señora, y abusando de este permiso, comenzaron a demoler inconsideradamente, primero el palacio y después el castillo, aprovechando los materiales en la construcción y adorno de algunas casas de la villa.
El castillo pertenecía a los duques de Osuna que lo vendieron en la gran quiebra de la Casa a su administrador en Belálcazar, probablemente en pago de deudas, D. Feliciano Gallego Mayoral.
Los otrora elegantes y siempre dignos lienzos de muro de la fortaleza
Foto: Diario de Córdoba

 Descripción:
De planta casi cuadrada, compuesta de ocho torres altísimas de planta también cuadrada, unidas por los correspondientes lienzos de muralla. Cuatro torres están en las esquinas y cuatro en los centros de los costados, descollando sobre todas la del homenaje. En los costados Este y Sur está al descubierto el anchísimo y profundo foso, que los señores de Belalcázar abrieron en el espesor de la cantera pizarrosa que constituye aquel monte. Es casi seguro que el foso correría por los cuatro costados, pero hoy solamente lo hace por dos. Toda la construcción es de sillares de piedra granítica del país, y como se hallan en perfecto estado de conservación, destacan bien en el despiezo, las marcas de los canteros muy repetidas, y de las cuales algunas pueden tener valor histórico, pues sus inscripciones dan a conocer, que los obreros eran muchos moriscos o mudéjares que estampaban signos arábigos.
El costado Norte de la fortaleza, comienza por una torre situada al extremo Este y es una de las cuatro esquinas del cuadrilátero, su planta es cuadrada de 7,20 metros de lado y 22 de altura hasta los matacanes, con un hueco de ventana próximo a éstos. A continuación sigue un lienzo de muralla de 17 metros de longitud, 2,8 metros de ancho y 18 metros de altura, que enlaza con la segunda torre. En esta cortina está la única puerta que hoy tiene el castillo, y es de arco semicircular con molduras y recuadro, que parecen greco romanas, aunque bien pudieran ser del siglo XV como todo el castillo. Encima de la puerta y a bastante altura hay una lápida de jaspe azul, que si ha tenido alguna inscripción no es ya legible, a su derecha aparece el hueco de una posible ventana destruida totalmente. La segunda torre o central de esta fachada es de planta rectangular de 8,60 metros por 11 metros, por la parte saliente de la muralla es de sección cuadrada, tiene una saetera en la parte inferior y ventana en la superior, y su altura es análoga a la primera, continúa un lienzo de muralla de 16 metros de longitud con dos huecos bajos y uno alto, de lo que en su día fueron ventanas, que enlaza con la torre  del extremo Oeste de sección cuadrada y análoga a la primera, con dos ventanas al Norte y una al Oeste.
El singular torreón
Foto: www.skyscrapercity.com
La fachada Oeste que comienza en la tercera torre  y termina en la quinta, es análoga a la anterior pero sin puerta de acceso al interior de la fortaleza. De las torres quinta  a séptima corre la mura Sur, simétrica y de las mismas características que la Norte, pero con la particularidad de tener adicionado un palacio renacentista, que comenzando su fachada en la arista exterior de la sexta torre sigue paralela a los lienzos de muralla, durante veinte y cinco metros, tuerce en ángulo recto envolviendo en este ángulo a la séptima torre  para terminar veinte y tres metros más allá en la arista exterior de la octava torre.
El costado Este de la fortaleza se extiende desde la torre séptima a la primera, descollando en su centro la impresionante torre del Homenaje de planta cuadrada con diecisiete metros de lado y cuarenta y cinco de altura. Carece de almenas, pero está casi completo el matacán o balcón que coronaba torres y cortinas, sobre el cual se levantaban las airosas almenas que fueron desmontadas por los franceses en 1810.
La torre del Homenaje es cuadrada hasta dos tercios de su altura, y desde allí hasta la cima, de aristas redondeadas. Tal separación está hecha con una cenefa semejando una cadena, y en las esquinas unas medias pirámides de molduras paralelas, análogas a la que en Córdoba muestra la torre de San Nicolás de la Villa. Decoran el tercio superior, ocho garitas cilíndricas las cuatro a partir de las pirámides y las tres a partir de la cadena, pero todas sobre ménsulas estalactíticas muy largas y elegantes. Cada garita está ornamentada con un inmenso escudo de armas del apellido Sotomayor. En la octava garita que está en el frente que mira al patio, arranca su ménsula del centro de una ventana de arco trebolado, embellecida por dos conopios en los ángulos, y otro central cuyo tope es la ménsula citada. Tanto los topes de los conopios como los capiteles de los dos baquetones o nervios decorativos están adornados de bellas y bien talladas cardinas. Entre garita y garita hay elegantes ventanas, algunas de doble arco para dar luz a los salones del interior. Un balcón o matacán rodeaba la torre, formado de zapatas que dibujan entre cada dos, gracioso arquillo trebolado ojival, encima estaba el parapeto y las almenas, única destrucción que en esta torre se nota.
El romántico Castillo rodeado de olivares
Foto: Toni Valls Pou
Los muros de esta torre tienen 4,40 metros de espesor, y la única puerta de acceso tenía el arco exterior semicircular y el interior adintelado, y en ambos gorrone ras para las hojas que se abrían hacia el interior. El número total de plantas de esta torre es el de seis,
(Descripción de Rafael Fernández González, en el Boletín de la Real Academia de Córdoba. Año XXXVIII Enero-Diciembre 1969. Núm. 89)
Casa sillar desprendido, cada muro derrumbado; son jirones de nuestra común historia que se pierden en el más injusto de los olvidos.
S.O.S. CASTILLO DE BELALCÁZAR

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