SERVUS HISPANIARUM REGIS



viernes, 18 de mayo de 2012

BODAS DE ORO REALES

Con más discreción de la esperada, conmemoran estos días SS.MM. Don Juan Carlos I y Doña Sofía sus Bodas de Oro matrimoniales. Cincuenta años de vida en común y, lo que es más importante, de servicio a España y a la Corona.


En el verano de 1954, la reina Federica de Grecia organizó un crucero a bordo del Yate Agamenón con la intención de que ciento diez jóvenes, miembros de las casas reales europeas, tuvieran la oportunidad de conocerse. Sobre la cubierta de este barco se produjo el primer encuentro entre la princesa Sofía de Grecia, de quince años, y Juan Carlos de Borbón, de dieciséis. No obstante, habrían de pasar muchos años hasta que ese encuentro se convirtiera de verdad en el comienzo de una relación.
Tras esta primera gran cita social, la pareja real volvió a coincidir durante las pruebas de vela de la Olimpiada de 1960, competición en la que doña Sofía participó como reserva de su hermano, Constantino. Con tal motivo, los Reyes de Grecia organizaron en su barco, Polemistis, atracado en el puerto de Nápoles una cena a la que Don Juan Carlos fue invitado.
Doña Sofía y Don Juan Carlos coinciden nuevamente, con motivo de la boda de los duques de Kent, el 8 de junio de 1961, en la abadía de Yorkminster, desde el primer día, en el hotel 'Claridge' donde se hospedan; van al cine con el príncipe Constantino a ver Éxodo, acuden a la fiesta del hotel Savoy, a la que la familia de los novios organiza en la propiedad rural de Hovingham Hall, y son pareja, también, en el baile posterior a la ceremonia nupcial. Fue en la boda de los duques de Kent donde, por una vez, el protocolo hizo bien las cosas, pues a Doña Sofía se le asignó a Don Juan Carlos por caballero acompañante.
La reina Federica, después del encuentro en Londres, invita de nuevo a los condes de Barcelona y a sus hijos al palacio de 'Mon Repos', Corfú. es el lugar tradicional de veraneo de la Familia real Griega con maravillosas vistas al Mediterráneo y un precioso bosque exótico, donde se formalizaría el compromiso de la joven pareja.
La boda de en Atenas contó con la presencia de 143 miembros de 27 monarquías, que comenzaron a llegar a la capital helena una semana antes de la celebración de los esponsales: La reina Victoria Eugenia de España, los Condes de Barcelona, los reyes Pablo y Federica de Grecia, la reina Ingrid de Dinamarca, los Reyes de Italia, Humberto y María José, los Grandes Duques de Luxemburgo, Olav de Noruega, Juliana y Bernardo de Holanda, Francisco José y Gina de Liechestentein, la reina madre Elena de Rumanía; y Raniero de Mónaco con su esposa, Grace.
Los Reyes contarían además con ocho princesas que actuaron como damas de honor de doña Sofía: Irene de Grecia; Alejandra de Kent, Tatiana Radziwill, prima e íntima amiga de doña Sofía, Benedicta y Ana María de Dinamarca; Ana de Orleáns; Irene de los Países Bajos; y Pilar de Borbón.
El mismo día 10 por la noche, se abrieron las celebraciones nupciales con una fiesta para los miembros más jóvenes de las Casas Reales. En el hotel Gran Bretaña, y después de haber tenido lugar el día anterior, un almuerzo informal ofrecido por el Rey Pablo a sus invitados en un restaurante a orillas del mar, el príncipe Constantino actúa como anfitrión en la fiesta en la que se reúnen los jóvenes príncipes de Europa para la gran despedida de los novios. La fiesta juvenil estuvo seguida por dos bailes de gala solemnes idénticos en protocolo y organización. Desde el matrimonio de Isabel de Inglaterra con Felipe de Edimburgo no se habían reunido tantos Reyes y Príncipes.



Instantánea que recoge el momento de la boda por el rito ortodoxo...




...y esta que muestra la celebración matrimonial por el rito católico




Foto de las dos Familias Reales, la griega y la española, el día de la Boda de Don Juan Carlos y Doña Sofía

El 14 de mayo de 1962 Don Juan Carlos y Doña Sofía contraían matrimonio en Atenas. A las nueve y cuarto de la mañana los ilustres invitados ocupaban sus asientos en la Catedral Católica de San Dionisio. 45.000 claveles rojos y amarillos, traídos expresamente de Valencia y Cataluña, adornaban el interior del templo. Varios cañonazos desde el Monte Likavitos y un repique de campanas anunciaban, a las diez menos diez, la salida de la novia del Palacio Real. Doña Sofia iba en una carroza forrada en seda blanca con galones de oro, y decorada con los escudos de la Casa Real griega. A su lado, montando un semental de color pardo y con uniforme de gala, el príncipe Constantino, hermano de la novia.
La misa fue en francés, español y latín. Doña Sofía pronunció el sí litúrgico en griego, y los nervios hicieron que se le olvidara solicitar a su padre el permiso protocolario, algo que provocó que la princesa derramara algunas lágrimas. Don Juan Carlos le dejó su pañuelo, y esa imagen quedó como una de las más emotivas de la jornada.
El ambiente creado para esta ocasión hizo de la ceremonia un momento único: una iluminación perfecta y el Aleluya de Hendel cantado por un coro de 120 voces escogidas personalmente por la Reina.
Cogidos del brazo y abriéndose paso entre la multitud aparecieron ya como marido y mujer los Príncipes de España cuando se abrieron las puertas de la catedral de San Dionisio. De nuevo sonaron las salvas de cañonazos, aunque esta vez, con el repiqueteo de las campanas de fondo, se escucharon muy lejanas.
El segundo escenario fue la Catedral Ortodoxa de la Virgen María. Fue aquí donde se desplegó toda la pompa que no se vio en la celebración catolíca. Si a aquella no asistieron autoridades griegas e imperó la austeridad, en esta los protagonistas del día fueron recibidos ante una enorme ovación tras recorrer el pasillo de espadas realizado por 20 oficiales de la Marina Española desembarcados del crucero "Canarias".


Una vez en silencio, de camino al altar, y antes de asistir a la ceremonia de las coronas, escucharon el Amén, de Hendel. Ni en la Catedral de San Dionisio ni en esta de la Virgen María, la que sería futura Reina pudo contener las lágrimas mientras miraba con dulzura a su marido.
Doña Sofía llevaba un traje diseñado por Jean Desses, de lamé recubierto de tul incrustado con encaje antiguo adornado con puntillas de bolillo sobre el tul de Bruselas. El velo era el mismo que lució la reina Federica el día de su boda, y estaba también recubierto de encaje. Lo sujetaba con una diadema de diamantes con eslabones helénicos. La cola del vestido alcanzaba los siete metros.
La pareja apareció, tras la ceremonia, en el umbral de la Catedral. Sonaron entonces los acordes de la marcha real, y repicaron de nuevo las campanas de las quinientas iglesias de Atenas, mientras el nuevo matrimonio atravesaba un arco de espadas en alto. Don Juan Carlos tenía entonces 24 años. Doña Sofía aún no los había cumplido.


Formado otra vez el cortejo nupcial que les había llevado a uno y otro templo, los novios se montaron en una carroza tirada por ocho caballos blancos y rodeados por 51 granaderos de la Guardia Real: 25 de avanzadilla y 26 más escoltándoles.

El príncipe Constantino de Grecia, hermano de la recién casada, al mando del escuadrón, cabalgada al lado del vehículo a lomos de un caballo igual de blanco que los encargados de llevar a don Juan Carlos y doña Sofía al Palacio Real a la ceremonia civil en el Salón del Trono.

Durante todo el recorrido fueron agasajados por una marea humana que gritaba: «¡Viva España! ¡Vivan los Príncipes», mientras ellos devolvían el cariño saludando por la ventanilla.


Ya en los jardines del Palacio Real, el primer ministro griego, Karamanlis, ofreció un discurso previo al banquete. Más de 1.000 invitados, entre ellos 143 miembros de familias reales o principescas, ya estaban convenientemente acomodados en torno a las mesas en los jardines cuando Karamanlis aseguró que era un privilegio que el enlace se hubiese celebardo en suelo heleno.
El menú de su comida nupcial consistió en: cóctel de bogavante, suprema de ave a la manera del chef, legumbres, patés helados, ensalada, helado de moka y frutas. El banquete finalizó con el tradicional pastel de bodas y con los brindis del rey Pablo y Don Juan por sus hijos.
Ya por la tarde, el nuevo matrimonio subió a un coche deportivo decorado con latas y una naranja atravesada en la antena y se dirigió al puerto de Torcolimanos, a treinta kilómetros de Atenas, donde les esperaba el 'Eros'. Era el yate que el armador Niarchos puso a su disposición durante la primera etapa de su viaje de novios, que consistió en un viaje alrededor del mundo.
La primera parada les llevó a la isla de Spetsopoula, y luego a Nueva Delhi, Nepal, Filipinas, Estados Unidos, Hawai, Mónaco... No se dejaron ni un solo rincón sin recorrer hasta que, el 14 de septiembre, aterrizaban en Londres y daban por finalizada una de las lunas de miel más largas y completas que se recuerdan.

(FUENTES: Antena 3, Hola...)

Pueden disfrutar de algunas imágenes del evento en los siguientes enlaces:




¡¡¡LARGA VIDA A SS.MM. LOS REYES DE ESPAÑA DON JUAN CARLOS Y DOÑA SOFÍA!!!

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